Helena ©

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2373 - 2372 Días Antes De Enzo

"Volveré mañana, preciosa".
"Volveré mañana, preciosa".
"Volveré mañana, preciosa".

 

Sus palabras sonaban una y otra vez en mi cabeza.

 

¿Ya es "mañana"?.

 

En este momento, irónicamente, solo quiero ver la hora, quiero saber cuanto tiempo ha pasado desde que estoy aquí, quiero saber si es de día o de noche. ¿Cuánto horas ha estado preocupada mi madre?.


Había dejado todas mis necesidades fisiológicas de lado, sólo quería sacarme esta maldita venda de los ojos, quería ver, y no podía.

No podía ni siquiera moverme.

¿Por qué fui tan estúpida?.

Como es posible que no notara que aquellos amables ojos que se ofrecieron a llevarme a casa, también eran los ojos acechantes que observaban cada movimiento que hacía.

Verlo de frente, debió hacer que mis nervios se crispen, debió ponerme alerta... Sin embargo, nada de eso pasó. Acepté su oferta, subí a su auto, y a pesar de tener pistas, me demoré demasiado en armar el rompecabezas.

¡Estúpida!.

El pestillo de la puerta empieza a sonar, sus pasos son tan livianos, que no siento cuando se acerca a mi y me levanta de los codos.

-¡Hola, Helena!... ¿Me extrañaste?... Yo pensé un poco en ti, bueno, no un poco... De hecho me pasé todo el día pensando en ti. En la madrugada Victor apareció en mi departamento... Estaba hecho un desastre, te estuvo buscando por todas partes -hace una larga pausa y luego me quita la venda de los ojos -¡Asi esta mejor!... ¿Sabes que me encantan tus ojos?, desde la primera vez que te vi dije: "¡Mierda, que ojos!", quería que me mirarás, pero tú solo estabas concentrada en Victor... ¿Te sirvió de algo?, yo no te habría hecho eso, jamás te habría dejado sola en una discoteca.

-¡Por favor, dejame ir, te juro que no le diré a nadie que me trajiste aquí! -dije con voz ridícula, he oído esa frase muchas veces en películas de terror... Nunca tienen un buen final.

-Sabes que no puedo pequeña... No puedo dejarte, por lo menos no aún... ¡Casi lo olvido, te traje un regalo!.

Soltó mis codos y camino hasta la puerta de la extraña habitación. Volvió con una bolsa dorada que había dejado en el suelo al llegar. Había unas inscripciones en ella: " GUFRANCY".

-Mi hermana pidió esto de una exclusiva tienda en París, pero al parecer no era su estilo, en cambio es totalmente el tuyo, te va a quedar hermoso -dijo sacando un ligero vestido celeste de la bolsa.

En otro momento (en un buen momento), el vestido me hubiese parecido precioso, tenia un estampado de pequeñas flores y era de vuelo medio, me lo hubiese puesto incluso con estas mismas sandalias, lo hubiese usado para ir un domingo al cine con mi hermano, o para pasear con mamá por la pequeña plazuela; en otra circunstancia, me hubiese hecho feliz usar ese vestido.

Ahora solo me causaba repulsión.

-¿Te gusta? -preguntó él con una ceja elevada.

Yo permanecía en silencio y esto lo empezó a inquietar.

-¡Pontelo! -dijo en tono severo -¡Quiero que te lo pongas ahora!.

Yo esquivé su mirada, y clavé la vista en el reloj, 11:45pm.
Había pasado un día desde la última vez que estuve en casa.

-¿Acaso te quedaste sorda, preciosa?... Quiero que te pongas este vestido -un asqueroso hito de dulzura embriagaba sus palabras.

-¡Por favor! -supliqué.

-¡Oh, por favor!... No empieces con eso, Helena. Yo sólo quiero que estés bien, que nosotros pasemos un buen momento... Juntos -sonrió -Ahora ponte el vestido ¿Si?.

-Pero tú...

-¿Yo qué?... Si te sientes inhibida conmigo mirando, no te preocupes, me voy y me avisas cuando deba volver a la habitación.

Estiró hacía mi, y lo tomé con terror.

Cuando él salio de la habitación, busque por todas partes algo, lo que sea, que pudiera ayudarme a salir de aquí.

Pero solo habían enormes muebles antiguos, todos en contraste al horrible tapizado dorado.

-¿Ya estás poniéndote el vestido? -cuestionó desde afuera.

-S-Sí... -dije con voz temblorosa.

Me quité la camiseta que había usado en la cita y aún con el pantalón puesto, me puse el vestido.
Como pensé, la tela era suave al tacto.

-¡No puedo esperar más! -Patrick irrumpió en la habitación cuando estaba a mitad de sacarme el pantalón.

Se quedó inmóvil, mirándome de manera lasciva, era una situación repugnante.

-Te dije que te verías hermosa usándolo... -cerró la puerta de la habitación por dentro con llave y se acercó a mi de manera predadora -Hace años... Cuando tenia más o menos diecisiete, había una chica que me hizo sentir lo mismo que me haces sentir tú... Quería tenerla conmigo desde que la vi, pero ella era insegura, tímida... Nunca me sostenía la mirada por más de cinco segundos -él estaba tan cerca que su aliento chocaba contra mi rostro -Esa situación no podía continuar así... Yo tuve que tomar la iniciativa también, la traje aquí mismo... A esta casa... A esta habitación... Sólo quería que ella me mirara por más de cinco segundos... Pero no lo hizo y eso me sacó de quicio... Ahora quiero que tú me mires -dijo con voz calmada -Mirame Helena... ¡Todo estará bien si lo haces!.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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