Helena ©

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Día 95

Javi mantenía los ojos abiertos, si no fuera por su tenue respiración, podría pasar por muerto.

Nunca he estado en una situación de estas antes, ni siquiera cuando traté de suidarme, en ese momento solo quería acabar con todo y que el tiempo pasara lo más rápido posible.
Ahora no, ahora solo quería que algo, lo que sea, sucediese y que Javi pudiera salir de esto.

—¡Vas a pudrirte en la cárcel, hijo de puta! —dijo Barbara aún incapaz de moverse ante la amenaza del arma.

Deja de preocuparte, Enzo —dijo ignorando lo dicho poe Barb¡Tú también te vas a ir con él! —río.

¡Por qué no huyes maldito cobarde! —Barbara seguía gritando.

Quería decirle a Barbara que dejara de hablar, ella estaba mucho mas cerca a Patrick que nosotros, si él decidía dispararle, podría tener un peor resultado que Javi.

A lo lejos empezaron a sonar sirenas, tal vez Bárbara no mentía y en serio había llamado a la policía antes de venir.

No he sido una persona creyente desde hace demasiado tiempo (nunca lo fui, en realidad), pero ahora le rogaba a Dios (a cualquiera de los dioses), que esas sirenas estuvieran viniendo en esta dirección, que detuvieran a Patrick y ayudaran a Javi a permanece con vida.

El rostro del asesino se mostró notablemente contrariado, miró a Barbara negando con la cabeza y luego corrió lejos de la puerta.

Bárbara se empezó a acercar a mí, tenia el cabello amarrado en una coleta, no recuerdo haberla visto usándolo así antes, se veía igual de bien que siempre.

Ninguno de nosotros contábamos con que él volvería, no era tan fácil deshacerse de alguien como Patrick, es de ese tipo de personas que una vez que son parte de tu vida, solo buscan destruirla y no paran hasta terminar con todo.

Él no iba a dejar esto así por así, él era un huracán y tenía que arrasar con lo que sea que estuviera en su camino.

Todo fue muy rápido, en un momento ella estaba caminando hacia mí, balanceando su coleta, con lágrimas cayendo por su barbilla, él apareció en un segundo, disparó, ella dio un paso más y cayo al suelo, un charco de  sangre se formó alrededor de su cabeza, sus ojos seguían abiertos, se habían teñido de rojo y la expresión en su rostro era algo que ninguna película de terror me había mostrado antes, ella murió de inmediato, y su sangre llegó a mi, en el suelo se empezaban a formar figuras con el río que brotaba de Barbara y Javi, la sangre de ambos se juntaba e inundaba este lugar de ese olor metálico e inconfundible.

Pensé que ahora sería mi turno, agache la cabeza y esperé el sonido del balazo, miraba los ojos de Javi, quisiera haberle dicho lo que sentía antes de llegar a esta situación, no seria justo hacerlo ahora, eso moriría conmigo, yo callaría esos sentimientos para siempre.

Pasaron muchos minutos y cuando me atreví a levantar la vista, él se había ido.

 

Quien apareció a mi lado fue el molesto fantasma, quería abrazarla y decirle que volviera el tiempo atrás, que no subiera a ese auto, que nunca se acercara a Victor, quería que ella estuviera a salvo para que nosotros volvamos a estar bien.


Ella parecía entender mis sentimientos, pero negó con la cabeza, haciéndome ver que era imposible regresar al pasado y cambiar esas decisiones que nos llevaron a esta situación crítica.

—Gracias —dice ella con voz melodiosa.

—Patrick se fue...

—Si... Pero no podrá ir muy lejos, él debe pagar por todo esto —ella miró a Javi con el rostro contraído —Él está sufriendo mucho...

—¡No puede morirse! —dije en un estúpido tono infantil.

—No va a morir... Él no permitiría que pasaras por esto nuevamente.

Antes de preguntarle a quien se refería con ese "él". Marco apareció junto a mi, se veía como la última vez que lo vi, me sonrió como solía hacerlo y algo dentro de mí me hizo darme cuenta que lo había tenido cerca todo este tiempo, él era quien le abrió la puerta a Barbara para que yo no muriera en año nuevo. Había permanecido en la sombra, cuidándome.

Se agachó hasta donde estaba Javi, no sé que fue lo que hizo, pero él abrió los ojos con fuerza y soltó grandes bocanadas de aire.

Mi querido Marco desapareció antes de poder agradecerle por todo.

—Él va a estar bien —dijo Helena acariciando la mejilla de Javi —Yo, también debo irme.

—¿No voy a volver a verte? —nunca pensé que dolería tanto decir esas palabras.

—No —suspiró — Gracias por haberme regalado este vestido —dijo balanceando el vestido rosa —Una parte de ti siempre va a estar conmigo, Enzo Ruggeri... Y tú siempre tendrás una parte de mí.

Helena sonrió de manera infantil, me dio un ligero beso en los labios y de manera tan simple cómo apareció, desapareció para siempre.



R. A Bisso

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En el texto hay: humor, misterio, romance

Editado: 01.07.2018

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