Hera: Dioses ascendentes ©

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La verdugo de Dione

— ¿Qué es lo que se supone que haces aquí? —.

Parpadee con rapidez tratando de que mis ojos se acostumbraran a la luz.

— ¡¿Radamantis?! — grite levantándome con rapidez del suelo.

Observe con detenimiento mi alrededor dándome cuenta que me encontraba en los tribunales pero nos hallábamos únicamente nosotros dos.

— ¿he muerto? — mi labio inferior comenzó a temblar.

—Lo siento pequeña— murmuro acercándose a mí.

—Así termina todo entonces...— musite ocultando mi angustia.

— ¿Qué es lo que sucedió? — pregunto Radamantis con el entrecejo fruncido.

—Ha sucedido mucho— mordí mi labio inferior —Encontré a mi verdadera familia— sonreí — Gracias a Zeus y su chamuscada cerebral pude saber que fue de mi padre— reí ante mi mal chiste y Radamantis frunció el entrecejo —Resulta que un mortal llamado Sísifo le engaño y le encerró en el tártaro íbamos a ir por él pero Cronos nos encontró— Radamantis me observaba con tristeza —Rea provoco que yo muriera— susurre —Y Cronos asesino a mi tío— murmure. Abrí los ojos con preocupación —Radamantis ¿él ha venido ya? ¡Su nombre es Hypnos! Es el dios del sueño, ¿él ya ha pasado? — hable con desesperación.

—Espera un segundo— dijo Radamantis tratando de comprender todo lo que había dicho —Si Hypnos es tu tío eso quiere decir que— me vio pensativo —Tu padre es ¿Thanatos? — frunció el entrecejo.

—Sí, él es mi padre— confirme.

Pero muy en lo profundo la duda de quién era mi verdadero progenitor aún andaba rodando por ahí, indudablemente me parecía a Thanatos pero ¿porque Rea dijo que Cronos era mi verdadero padre?

— ¿Entonces él estaba encerrado? — asentí —Así que es por eso— murmuro.

— ¿A qué te refieres? —.

—Solo las almas fallecidas de forma violenta han estado llegando aquí desde hace cientos de siglos Ker, tu tía, es la única que no ha parado— confeso —Tu padre es el dios de la muerte sin violencia y estando él encerrado muchos mortales que en su destino trazado por las parcas no está morir en violencia han prolongado su vida — explico —Así que Thanatos tiene mucho trabajo que hacer— ladeo una sonrisa.

—Por los dioses— susurre.

Ahora que lo pensaba bien mi padre no era cualquier dios al igual que los demás, espera ¿dijo tía? ¿Ker? ¿diosa de la muerte violenta? «Carajo» pensé.

—Bien, preguntabas por ¿Hypnos? — asentí —No ha estado por aquí— fruncí el entrecejo con confusión.

—Pero creo haberle visto morir— susurre —o al menos eso pensé—.

—Creo que te has equivocado— se cruzó de brazos —Porque no puedo sentirle en ningún lado de los Campos Elíseos mucho menos por estos lares—.

Deje escapar un suspiro de alivio.

—Ha sobrevivido— sonreí.

—Es hora de irnos— murmuro Radamantis ofreciéndome su mano.

«No quiero hacerlo» pensé.

«Te amo» « iremos a nuestro hogar» «juntos» recordé con dolor cada palabra de Zeus su rostro se dibujó en mi mente causando que gruesas lagrimas se deslizaran por mis mejillas.

—Hera— Radamantis se acercó a mí y yo di un paso hacia atrás.

«Esta es tu pequeña familia» recordé a Hades, y un sollozo se escapó de mis labios.

«Hera» vi a Poseidón sonreír.

—No, no puedo irme— susurre alzando mi vista hacia Radamantis —No aún—.

—No hay nada que podamos hacer— dijo con tristeza.

Radamantis se acercó y quiso tomar mi mano pero la suya me atravesó, un pequeño grito salió de mi garganta y él se hecho hacia atrás sorprendido.

— ¿Qué es lo que acaba de pasar? — dije viéndole con aflicción.

— No puede ser cierto— murmuro pasando su mano por mi rostro el cual atravesó como si yo fuese una simple bruma —Tu alma aún sigue conectada a tu cuerpo— dijo con asombro.

— ¿Y qué significa eso? — pregunte confundida

—Que tu cuerpo aún sigue con vida— sonreí —Pero si no regresas pronto vas a morir— mi sonrisa se esfumo.

— ¿Qué es lo que tengo que hacer? — dije con ansiedad.

Este se quedó pensativo observándome con detenimiento, parecía como si una lucha interna se llevase dentro de él, tanto así que me estaba incomodando.

— ¿Radamantis? — murmure llamando su atención.

—Eres una maldita niña con suerte— bufo rodando los ojos. Fruncí el entrecejo —Voy a ayudarte a regresar, lo hago solo porque tu valentía y determinación me han sorprendido— entorno sus ojos —De lo contrario te dejaría pudriéndote aquí— se cruzó de brazos.



Alek Moon

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En el texto hay: accion, amor, dioses

Editado: 03.12.2019

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