Hera: Dioses ascendentes ©

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Tártaro

—Hera—.

— ¿Cronos? — susurre dando un paso hacia atrás.

— ¡¿Dónde está?! — hablo aproximándose a mí. 

— ¡No! No te acerques— grite con pánico pero este hizo caso omiso a mis súplicas.

— ¿¡Donde está tu madre!?— me tomo de los hombros con fuerza.

—Suéltame—.

— ¿Dónde está? — me zarandeo con enojo y la presión de sus dedos sobre mi piel estaba causándome dolor.

— ¡Esta muerta! — grite —Pregúntaselo a tu mujer — tense la mandíbula —Rea la ha asesinado la misma maldita noche en que me encontraste— vocifere con ira y Cronos abrió los ojos con horror —Por tu culpa y la de mi madre mi vida se convirtió en un maldito suplicio — seguí gritándole —Pero ahora es tu maldito turno de pagar todo lo que hiciste solo espero y la culpa se vuelva un veneno en ti— murmure entre dientes.

—No es cierto— musito dejándose caer de rodillas mientras escondía su rostro entre sus manos — ¡No puede estar muerta!— grito golpeado con sus puños el suelo.

—No debiste de darle esperanzas si no ibas a abandonar a Rea— brame con rabia —Las estúpidas decisiones de ambos arruinaron mi vida y la de muchos— fruncí el entrecejo con rabia.

— ¡Iba a hacerlo!— grito dejándome callada.

— ¡Pero no lo hiciste! — iguale su tono.

Cronos se puso de píe con el rostro empapado en lágrimas dejándome estupefacta. En un movimiento de arrebato este tomo mi muñeca con fuerza, acercándome a él.

—Amaba a tu madre... — dijo con desesperación —Te amaba a ti— fruncí el entrecejo.

—No eres mi padre— masculle con ira —Rea asesino a Dione porque creía que yo era producto de tu maldita infidelidad— dije entre dientes.

—Yo lo sabía— musito.

— ¿A qué carajos te refieres?— le empuje con mi mano libre aunque no causé ni un poco de movimiento en su cuerpo.

—Ya sabía que no eras mía— acaricio mi mejilla con su otra mano para no soltar su agarre — Pero nunca se lo dije a tu madre— solloce incrédula ante sus palabras —Odiaba tanto a tu padre por tener a tu madre que quise quitárselo todo—.

—Suéltame maldito— grite entre sollozos — ¡Te odio! ¡Te odio! — quite su mano de mi mejilla de un solo golpe.

—Después de asesinar a mis hijos iba a expulsar a Rea de Otris, y convertir a tu madre en mi reina, después de todo era una buena oportunidad criar a una niña como mía con la mujer que amaba sin afectarme en absoluto la predicción del oráculo al no ser tu mi sangre— torció una sonrisa.

—Pero no te salió bien el plan ¿No es cierto? — grite —Rea te ha salido por delante, siempre tuviste a la hija de la mujer que amabas entre tus manos sin tan siquiera saberlo— sonreí con sarna —Pero ahora ya lo sabes, Dione está muerta, tu mujer le ha rajado la garganta, no desapareció porque ella así lo quisiese o ya no te amara, no, fue cruelmente asesinada pero después de todo se lo merecía y tú también te mereces lo peor— su mano se estrelló contra mi mejilla.

—No te atrevas a hablar así de tu madre— murmuro colérico tomándome del cuello —Ella te amaba— apretó su agarre —Y yo cometí el error de enamorarme de ti— susurro.

Ante mis ojos todo se esfumo volviéndose completamente obscuro…

— ¡No! — grite levantándome abruptamente.

Mi pecho subía y bajaba con rapidez, observe mi alrededor dándome cuenta que estaba en la habitación después de todo había sido ¿solo un sueño?

Voltee a mi costado pero Zeus no estaba, tome mi cabeza entre mis manos recordando lo que había sucedido durante la noche y como nos habíamos dejado llevar por la exquisita y maravillosa lujuria, sintiendo mi cuerpo completamente adolorido, más un poco de decepción se hizo presente al ver que no estaba junto a mí al despertar, pero una parte de mi lo agradeció debido a lo que acababa de suceder con Cronos.

Me baje de la cama enrollando la sabana en mi cuerpo cubriendo mi desnudez, busque mi ropa, pero me detuve frente al espejo percibiendo como mi corazón se detenía al ver los dedos de Cronos en forma de cardenales marcados en mis hombros, pero mi sorpresa fue mayor al ver la marca morada en mi cuello ¿Entonces no fue solo un sueño? ¿Cronos realmente había estado aquí?

Me vestí con rapidez hiperventilando, mi mente me hacía creer que en cualquier momento este volvería a aparecerse frente a mí y de una forma torpe mientras lloraba como desquiciada camine hacia la puerta azotándola al salir, corrí por los pasillos viendo a través de las ventanas como el cielo estaba oscuro pero comenzaba a aclarase en algunas franjas de este.

La puerta estaba abierta, supuse que estaban afuera, no desacelere en ningún momento mi marcha, el frio me dio una abofeteada al salir y vi a mi padre cerca del mar limpiando lo que parecía ser una bella e imponente guadaña.



Alek Moon

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En el texto hay: accion, amor, dioses

Editado: 03.12.2019

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