Hera: Dioses ascendentes ©

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¿Una sorpresa para mí?

Pude percibir como los rayos del sol se colaban por el balcón, pero no quise abrir los ojos, ni siquiera tuve el suficiente valor de mover ni un centímetro los músculos de mi cuerpo, sencillamente por una razón, estaba preocupada que lo que sucedió anoche y las hermosas palabras de Zeus solo hubiesen sido un sueño.   

Recuerdo que la semana en que estuve atrapada en esa maldita habitación, hubo noches en las que soñaba en que él estaba a mi lado profundamente dormido, pero cuando mis manos trataban de tocar su rostro todo se esfumaba regresando así a la soledad de la habitación, aceptando así sin opción alguna que tenerle a mi lado solo había sido más que solo un sueño.  

Pero ahora… ¿qué sucedería si les abría y no estaba aquí? «Hazlo» me anime a mí misma.  

«Hazlo» volví animarme, abrí los ojos despacio acostumbrándome a la claridad del lugar viendo el rostro de Zeus a unos centímetros de mí, durmiendo tranquilamente como si el caos que nos rodeaba no fuera más que solo una ilusión, inconscientemente una pequeña sonrisa se formó en mis labios al ver la serenidad en sus facciones.

Alcé mi mano con miedo de tocarle, que en cuanto mis dedos acariciaran su piel este desapareciera como lo había hecho cada noche en que le había soñado, las yemas de mis dedos se acomodaron en su fría mejilla sintiendo al instante la suavidad de su blanca piel, ante mi tacto sus preciosos ojos se abrieron dejándome ver el azul eléctrico que tanto me hacían perder la sensatez esos orbes que eran capaces de desnudar hasta lo más complejo de mi interior. 

Una amplia sonrisa se dibujó en sus labios apaciguando así el frio que mi corazón llevaba tiempo abrigando.

—Buenos días— musito con voz ronca.

—Hola— susurre acabando con el poco espacio que había entre nosotros —Si estás aquí— murmure entre besos subiéndome encima de él.

— ¿Qué sucede?— dijo tomando mi rostro entre sus manos.

—Solo estoy feliz de que en verdad estés aquí— confesé.

Enredo su mano en mi cabello atrayéndome hacia sus labios con vehemencia, su lengua invadió mi boca mientras sus manos se aferraban a mi cintura.

—No— murmure separándome de él —Aun no puedo perdonarte— mordí su labio —Metis está demasiado presente en ti — abrió los ojos con sorpresa, deposite un pequeño beso en su frente y me baje de él caminando hasta el buró para comenzar a peinar mi cabello.

— ¿Que tengo que hacer para que me perdones? — susurro pasando sus brazos por mi cintura mientras acomodaba su mentón en mi hombro.

—Tienes mucho que hacer— seguí con lo que hacía.

—Pensare en cómo solucionarlo— beso mi cuello causándome escalofríos.

—Buena suerte— me di la vuelta para besarle — ¿Buscas a los chicos? — pregunté y el asintió.

Camino hasta sus zapatos para después colocárselos, le vi concentrado colocándose las grebas, camine hasta su coraza tomándola del suelo, le ayude a ponérsela, le abroche cada una de las pretinas que esta tenía mientras él me veía con detenimiento.

— Listo— murmure sonriéndole —Bajo enseguida— le di un último beso.

Zeus camino hasta la puerta, se detuvo repentinamente bajo está y volteó a verme. al parecer quería decirme algo pero no lo hizo, retomo sus pasos yéndose sin más, suspire sentándome sobre el banco viendo detenidamente mis manos, moví mis dedos y estos irradiación mí ya característica luminiscencia confirmando que mis tan apreciados atributos habían regresado.

 Cerré los ojos concentrándome en mi fuerza, al abrirles mi reflejo brillo en el cristal, observé como mis ojos ahora estaban completamente iluminados, y como al moverme dejaba una pequeña estela radiante sobre el aire, definitivamente había terminado de desarrollarles más no tenía ni la más mínima idea de lo que podían ser capaz.

Parpadee repetidamente haciéndole desaparecer regresándoles así a la normalidad.

Mis ojos viajaron hasta el reflejo de Helios en el cristal el cual estaba de brazos cruzados, con su hombro apoyado en el marco de la puerta.

—Hola— sonreí dándome la vuelta hacía él.

— ¿Estas mejor? — preguntó acercándose a mí.

—Sí, ahora que tengo mi divinidad de vuelta es como si haya regresado a la vida— mordí mi labio —Además presiento que a él también le han caído de maravilla— sonreí poniendo mis manos sobre mi vientre.

—Bien, me alegro de escucharlo— sonrió — Ayer cuando Thanatos te ha llevado Zeus nos ha dicho que ya lo sabía, que se lo has contando en el bosque al cual huyeron — asentí.

—Sí, se lo he dicho allí aunque no reacciono bien, incluso llegué a pensar que había cometido un error al decírselo— hice una mueca mientras me ponía de píe —Pero creo que se lo ha pensado mejor y ayer por la noche se disculpó con ambos— reí y el ladeo una sonrisa.



Alek Moon

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En el texto hay: accion, amor, dioses

Editado: 03.12.2019

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