Hera: Dioses ascendentes ©

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Tu estas asustada de mi

—¿Estas segura de regresar? — dije tratando de vestir a Ares el cual no podía quedarse quieto ni un segundo —Aquí estas a salvo Pasítea—.

—No puedo dejarte sola mi niña— sonrió ayudándome a mantener quieto a Ares —Además extraño demasiado a Hypnos y a mi niño— le vi con ternura.

—Puedo comprenderte— reí negando — ¿Qué nos han hecho estos tipos? — reímos —¡Listo! — dije orgullosa viendo a mi pequeño envuelto en la manta como oruga.

— Definitivamente va a sacarte canas verdes, ya les veo corriendo por el Olimpo tras de él— apretó su mejilla haciéndome reír.

— Lo sé, es demasiado inquieto— acomodé mi vestido.

— ¿Pasítea puedes venir? — Hypnos se asomó por la puerta.

—Ve— susurré sonriéndole.

—Nos vemos luego— beso mi mejilla para después irse.

—Y tú mi preciosa oruga ¿Te molesta estar tan quieto? — besé su pequeña nariz —Iremos a casa mi amor— volví a besarle mientras él me veía fijamente —Tu hogar— susurré.

Acomodé mi cabello el cual era un completo desastre, vi mi reflejo en el cristal observando que no solo él era un desastre si no que yo también lo era ya que a  Ares se le había ocurrido la maravillosa idea de llorar absolutamente toda la noche, Zeus y yo habíamos decidido turnarnos en calmarle hasta que supusimos que el amanecer había llegado gracias al canto de los pajarillos, fue hasta entones que Ares había decidido quedarse dormido sobre mi pecho.

Unas pequeñas ojeras se formaron bajo mis ojos, jamás en mi vida tal cosa había aparecido en mi rostro, pero esta vez estaba completamente cansada.

— ¿Estas lista? — me sobresalte asustada al escuchar la voz de Zeus el cual se acercó con prisa —¿Estas bien? — acaricio mi mejilla.

—Lo siento me has tomado por sorpresa, estaba distraída pensando en lo que sucedió durante la noche— reí frotando mis sienes.

—Tu pequeño molesto— camino hacía Ares picando su mejilla suavemente —Deberíamos de haber llamado a Hypnos— reí asintiendo.

—Lo pensé pero no quería ser tan cruel—rodee con mis brazos la cintura de Zeus recostándome en su espalda —Aunque hemos conseguido dormirle— bostecé.

—Sí, pero ya está despierto otra vez— se dio la vuelta más no solté mi agarre,  examino mi rostro con su mirada por unos segundos — ¿Estas segura de regresar? — puso sus labios en línea recta.

—Jamás lo dudaría— sonreí —Más si eso significa estar a tu lado— acaricie su cuello.

—Te amo— susurro poniendo un mechón de cabello tras mi oreja.

—Yo mucho más— sonreí besándole.

Tal besó cada vez se fue volviendo más y más intenso, hasta que termine estampando una vez más mi espalda contra la pared confinada entre ella y el cuerpo de Zeus.

—No tienes ni una maldita idea de cuánto quiero hacerte mía— balbuceo entre besos —Estar entre tus piernas hasta que ya no pueda más— apretó uno de mis pechos provocando que gimiera — Te he extrañado demasiado— mordió mi cuello, subiendo una vez más hasta atrapar mi boca.

— ¡Tenemos que irnos! — gritó mi padre desde abajo.

— Mierd…—  puse mi mano sobre la boca de Zeus.

—Basta de palabrotas cerca de Ares— el rio apartando mi mano.

—Bien— alzo sus manos rendido —Esto queda pendiente— susurró arrebatándome un beso más.

—Ya, démonos prisa— reí empujándole.

Me dirigí hacía mi ropa mandándole en un pasaje hasta casa, después fui hasta la ropa y mantas de Ares, cosas de las cuales Pasítea se había encargado de hacer y otras habían sido regalos de Océano y Tetis.

—Espero que hayas mantenido en orden la casa en mi ausencia amor mío— volteé hacia Zeus viéndole con Ares en sus brazos.

—Aunque no lo creas lo hice— guiño su ojo.

—Bien eso tendrá su recompensa— le besé y él sonrió.

Salimos de la habitación bajando las escalinatas.

—Maldición— susurre —El papiro de mi madre— dije yendo una vez más hacía la habitación tomándole de la mesa caminando así una vez más hasta Zeus el cual aún me esperaba a media escalinata.

— ¿No has logrado abrirle aun? —preguntó.

—No, aun no— suspire —No puedo encontrar la forma, he intentado de todo y nada sucede— bajé el ultimo escalón.

—Iremos primero— nos dijo Hades —Nos vemos allá— murmuró besando la pequeña mano de Ares.

—Bien tengan cuidado— bese su mejilla y luego la de Poseidón, los cuales desaparecieron en un pasaje.

Caminamos hacia donde los mayores se encontraban.



Alek Moon

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En el texto hay: accion, amor, dioses

Editado: 03.12.2019

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