Hera: Dioses ascendentes ©

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Todo ha terminado

 

—Quédense aquí— susurré.

—Pero…—

—Ares es mejor que no sepan que solo somos tres, no les demos esa ventaja, trabajemos con la sorpresa— invoque mi lanza escuchando una explosión cerca de aquí —Alectrión quédate aquí— asintió —Toma con la punta de tu espada un poco de fuego para defenderte esto solo si es sumamente necesario de lo contrario no te acerques ¿lo entiendes? —.

—Si— murmuró nervioso.

—Bien, Ares vamos— él asintió.

Corrimos en dirección a la entrada pero halé a Ares escondiéndonos detrás de una de las grandes columnas al escuchar una explosión esta vez más cerca.

—Tú quédate aquí, tienes la visión necesaria del exterior— acaricie su mejilla al ver su rostro asustado —Tienes que buscar la forma de descubrir cómo funcionan tus atributos lo más rápido posible mi amor necesito que sepas defenderte para que nadie pueda lastimarte fácilmente— susurre con aflicción —De lo contrario no  salgas de aquí solo si es necesario mi amor prométemelo—.

—Lo prometo— susurró.

—Por el momento solo no dejes que nadie entré— asintió —Yo seré el primer obstáculo, tú el segundo y Alectrión el ultimo— hizo una O con su boca entendiendo mi plan —Te amo— quité su casco depositando un beso en su frente para después volvérselo a poner.

—Te amo— murmuró.

Corrí dirigiéndome hacía la entrada observando como una docena de columnas de humo negro se alzaban desde la ciudadela del Olimpo dándome la señal de que algunas mansiones estaban siendo quemadas.

Baje el graderío hasta la plaza justo en el momento que un fuerte pasaje azoto en el suelo provocando un pequeño temblor.

—Oh vaya aire puro al fin ¿no te encanta esto?— vi a Atlas dándome la espalda junto a una mujer que era cubierta por un himatíon imposibilitándome ver su rostro— retrocedí unos pasos tratando de no ser escuchada — ¿Y a ti si mi preciosa Hera? — dijo Alas el cual se dio la vuelta reavivando el pavor en mí.

— Atlas— dije fingiendo indiferencia.

— ¿Por qué tan sola preciosa? — dio un paso hacia mí y yo le apunté con la lanza —Y vestida así tan acuerdo a la ocasión— rio — ¿Sabes? No hay nada que caliente más a un hombre que una preciosa mujer vestida para la guerra— mordido su labio.

—Cierra la maldita boca— mis sentidos se agudizaron al ver como la mujer se quitaba el himatíon.

—Oh lo siento, lo había olvidado— Atlas extendió su mano hacia la mujer —Mi amor saluda a tu madre.

—Rea— murmuré.

—Hola pequeña— sonrió ¿Cómo no le había reconocido? El que solía ser su precioso cabello sedoso y largo ahora era canoso y corto, aunque aún era preciosa su apariencia era un tanto descuidada a lo perfecta que solía ser.

— ¿Te has vuelto a follar a Cronos para que te perdonase? — reí y esta fue retenida por Atlas.

—No, no, quieta Rea el que se enoja pierde— Atlas ladeo una sonrisa.

—Así es mi querida «madre»— dije con asco —Lamento mucho tener que dar por finalizada esta platica tan amena— golpeé la lanza en él suelo activando los atributos de mi madre y ella retrocedió con el rostro pálido —Porque ahora tengo que asesinarles— sonreí sintiendo la característica prepotencia de los atributos corroer mi razón.

—Dione— musitó Rea y yo reí.

—Sorpresa— murmuré abalanzándome hacía ellos pero Atlas se apartó empujando a Rea.

— ¡Mueve el maldito trasero no seré tu niñero! — le gritó Atlas el cual vi correr por las escaleras «Ares» pensé y corrí detrás de él importándome poco dejar atrás la oportunidad de asesinar a Rea.

Invoque un pasaje llevándome primero a la cima de la gradería recibiendo a Atlas con un puñetazo en el rostro impidiendo que se acercara, y este ladeo su rostro escupiendo sangre.

— ¡Maldita! — gritó atacándome, me defendí de la mayoría de los golpes pero algunos lograron marearme haciéndome caer al suelo —No vuelvas a tocarme— patio mi estómago con tal fuerza que hizo que rodara por el suelo chocando contra una de las columnas de la entrada a la mansión.



Alek Moon

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En el texto hay: accion, amor, dioses

Editado: 03.12.2019

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