Heradise: El Exilio de Dante

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XIII.

 

~23 de febrero de 2025~

Habían pasado 10 meses desde el coma del Ángel de la Muerte. Cuando él se sucumbía a un sueño que podría ser eterno, todo Heradise se preparaba para destruir cualquier posibilidad de victoria para Calamidad. Su amada familia lo protegía y lo mantenía oculto de las garras de Calamidad. Nyroh y Kleit comandaban a todas sus criaturas y combatían ferozmente cuando Calamidad acechaba Gilius o Faris. Tenían cualquier movimiento previsto y señalado gracias a las delicadas predicciones de Caín. Por desgracia, eran pocas las veces que lograban acertar el ataque de Calamidad y defenderlo sin alguna baja.

Tras varios meses de una enorme lucha y cuido por parte de Eve, pudo proteger y alimentar a su pequeña niña que crecía con energía en su vientre. Todas las noches, ella sentía como la enérgica y dulce criatura se movía en su vientre y tocaba su pansa desde el otro lado. Ambos miraban con cariño y Rainer acariciaba con ternura el vientre de su amada flor.

—Rainer…

El Ángel miró a su hermosa Vitora que portaba un hermoso vestido rosado con pequeñas flores violetas en la parte baja de este. Le sonreía con su risueño carisma y amor.

—¿Sí? —Le sonrió con euforia y besó sus labios con dulzura y deseo, embriagando los sentidos de su amada pareja.

—Posiblemente, en cualquier momento tendré que dar a luz. Por eso, ten. —Eve agarró la mano de Rainer y acarició su dorso con cariño. Tras besar el dorso de Rainer, trazó una runa en la mano de este. Era la runa viajera que la llevaría al templo de Levia, en Faris. —Antes que preguntes qué es, es la runa que podría llevarnos a Levia. Caín es capaz de apoyarnos con el parto. Te la doy por si acaso me siento tan débil que no fuese capaz de sellar la runa y utilizarla. ¿Entendido?

—Entendido —abrazó a Eve con fuerza, teniendo cuidado de no herir a su futura niña.

—Rainer… quiero decirte algo más.

—Dime…

—No he sido capaz de tener visiones desde hace mucho. No sé si será por el embarazo o de por sí perdí mi don. Tengo miedo de que algo pase y no sea capaz de pronosticarlo para evitarlo.

—No te preocupes por ello, Eve. Estaré contigo siempre para evitar que algo malo ocurra —acarició el suave y acendrado cabello de su vitora. Le angustiaba que ella se preocupara por tales cosas que no tenían peso en el presente, pero sí en el futuro.

Al día siguiente, en ese 24 de febrero del 2025. Dio lugar al nacimiento de una nueva criatura, no era vitora, no era ángel; era una magnífica y adorable fusión de ambas razas. Era la primera criatura en su especie, nunca se había llevado un romance entre dos razas distintas y eso nunca les había importado a ambos. El amor, la confianza y la fidelidad era tan grande que nunca se detuvieron a pensar en ello. Simplemente, sucedió de una manera tan natural que nadie llegó a pensar en aquel muro imaginario que pudo distanciarlos.

Era mediodía en Bellger, ambos platicaban con Clementine y Dorian mientras cuidaban a Dante que todavía permanecía en coma. Era un día normal como cualquier otro durante la ausencia de Nyroh y Kleit. Hasta que sintió como algo se rompía en su interior y una pequeña corriente sucumbía y buscaba como salir.

—R-Rainer… c-creo que… ¡estoy a punto de dar a luz! —Gritó exaltada e intentó sostenerse en el cuerpo de su pareja. Rainer la agarró lo más rápido que pudo y rodeó sus hombros con el brazo de Eve.

—¡Llévala con Caín! —Le gritaron Dorian y Clementine mientras Rainer se preocupaba tras observar como Eve empezaba a respirar con cansancio e intentaba mantener la compostura. Al reaccionar por las palabras de sus amigos, usó la runa y acabaron en la entrada del salón del Consejo de Faris.

Eve sentía una increíble dificultad para respirar sin hiperventilarse y Rainer se sentía ansioso por las reacciones de su pareja. Entraron al Consejo y la sala principal estaba vacía, sólo ellos estaban en aquel tranquilo lugar. Rainer miró en todas direcciones y sin pensarlo dos veces.

—¡Caín! —El Ángel no dudó en gritar con todas sus fuerzas el nombre del otro vitor sobreviviente. Tras un largo minuto de silencio, Caín apareció asustado y al percatarse de Eve. Le señaló que lo siguiera.

—Dime que apenas está empezando.

—Sólo lleva unos minutos —le respondió Rainer.

Caín atravesó el umbral de una puerta y tras cruzar Rainer, una puerta apareció de repente y selló la entrada por la cual recién habían pasado.

—Acuéstala ahí —le ordenó y usó gel anti bacterias en sus manos y procedió a colocarse los guantes. Rainer permaneció junto a Eve mientras ella le sujetaba la mano con fuerza por el profundo dolor que sentía, la bebé rogaba por salir en ese momento.



Ronan

Editado: 09.04.2019

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