Heradise: El Exilio de Dante

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XVII.

 

El asedio se alzaba sobre las tierras que irradiaban pureza y paz, transformándola sin piedad a sus gustos, obligándola a brillar en tonalidades carmesíes y oscuras, los colores favoritos de la guerra y la muerte.
Dante combatía entre las sombras y apoyaba a cualquier Ángel; fuese civil o guerrero, se proponía salvar la mayor cantidad de vidas que pudiera. ¿Pensaba cómo un héroe? Probablemente, el duro entrenamiento de Muerte había engendrado ese pensamiento en él. Un ángel intentaba detener a una bestia por sus propios métodos. Utilizaba magia y las mezclaba con armas de ataque cercano.

«Es hábil.»

«Pero está llegando a su límite. Hay que ayudarla.»

«Dante… apoyo tus ideales de salvar a todos los Ángeles, pero no olvides por qué estamos aquí. Si detenemos a los comandantes, entonces...»

El Ángel ignoró las palabras de Muerte y fue a socorrerla.
La bestia parecía ser un poderoso bestrayo, utilizaba dos machetes y rugía con fiereza para espantarla. Sin embargo, ella permanecía en pie, inundada por la valentía y el deseo de proteger las tierras que la vieron crecer, pero sus energías empezaban a esfumarse.

—C-Creo… creo que hasta aquí llegué —sonrió entristecida.

El bestrayo sonreía con malicia y alzaba sus dos hojas filosas para decapitar a la inexperta guerrera que permanecía frente a él. Irónicamente, él acabó sin cabeza en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Busca refugio! —Le gritó, pero un extraño sentimiento lo invadió al verla de cerca. Aquella chica poseía cabello oscuro y unos increíbles ojos grisáceos, parecidos a los de su amada. —¿Qué sucede?

En cuestión de segundos, la zona de guerra había desaparecido y yacía de pie ante aquella Ángel, ahora parecía ser una pequeña niña. La pequeña le sonreía con admiración mientras intentaba levantarse a duras penas.

—L-Lo siento, papá. Creo que todavía no domino muy bien la Oscuridad.

—¿Angeline?

—¿Eh? Papá, ¿por qué tiene esa cara llena de sorpresa y confusión?

Dante veía con sorpresa a la pequeña Ángel mientras ella le veía con preocupación. No comprendía cómo había acabado ahí, pero las lágrimas no dudaron en salir al ver a su hija antes de tiempo. Ella poseía su color de cabello castaño oscuro, los maravillosos ojos llenos de vida de su amada, parecía una pequeña Pandora con algunos rasgos suyos como nariz y orejas.
Sus brazos rodearon con calidez el cuerpo frágil de su pequeña mientras sonreía con alegría.

—Estás muy extraño, papá…

—Lo siento, soy muy feliz de tenerte, Angeline —mantuvo su sonrisa y la pequeña imitó su sonrisa con calidez. Se sentía orgulloso y lleno de dicha tras poder hablar con su hija antes de tiempo. Era extraño que fuese capaz de tener esos vistazos del futuro, pero no le preocupaba en su momento.

—¡¿Eh?! —La visión se vio interrumpida y Dante abrió los ojos con sorpresa al notar que abrazaba a la Ángel que recién había salvado.

—¡¿Qué pasó?!

—¡Usted me llevó a la zona segura con una runa y actuó extraño! —Exclamó sorprendida.

—Eh… lo siento.

«Eso fue…»

«¿También lo viste?»

«Sí… no vuelvas a perder el tiempo, ¿quieres?». Comentó enfadado.

«Vale, está bien.»

Al volver, el combate permanecía en las mismas condiciones. La sangre y los cuerpos caían inertes por todos lados, en un combate que parecía eterno. Y por fin, sus ojos podían observar al Comandante que buscaba desde un inicio. Era enorme e intimidante, poseía una increíble armadura que lo hacía más blindado y resistente al igual que una muralla. Sus ojos blancos irradiaban determinación y su barba oscura bailaba con el viento.

—Ahí está.

El comandante blindado, Kreiger. Poseía su enorme mazo y atacaba a Atlas con el apoyo de los dos Wendigos. El ataque era masivo y disparejo para el legendario titán, más que todo por la intervención de Kreiger. Atlas empezaba a cansarse, y su fuerza disminuía de grano en grano.

—Eres muy fuerte, legendario Atlas —alardeó Kreiger con su mazo sobre sus hombros.

—¿Legendario? Cuanta idolatría de tu parte hacia un titán que apenas conoces —rio socarronamente, a pesar del cansancio en su cuerpo.

—Eso es… porque hasta aquí llegarás —sonrió.

—Hablas demasiado para ser un Comandante.
Dante se alzó sobre el hombro de Atlas y saltó hacia Kreiger con su espada en alto. El Comandante llegó a cubrirse a duras penas del repentino ataque del Ángel de la Muerte y gruñó enfadado por el osado ataque de este, sin saber su identidad.



Ronan

Editado: 09.04.2019

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