Heradise: El Exilio de Dante

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II.

 

En aquel reino desconocido. Dante seguía interno en su mente, luchaba para reparar el daño que él había hecho a sí mismo. Una lucha interna que parecía no tener fin. Eve pasaba todos los días entrenando con Pokyryu, su nuevo aliado que empezaba a tratarlo como su familiar. Un grifo sabio e inteligente que apreciaba bastante el cariño que aquella Vitora le brindaba con felicidad. Siempre deseaba sentir aquella sensación que ella le daba.

—¡Muy bien, Pokyryu! Con esta estrategia, tú y yo seremos imparables. Probemos otra vez —sonrió con alegría y el grifo asintió levemente.

Eve empezaba a crear un vínculo muy fuerte con Pokyryu. Compartían ideas, compartían movimientos y ambos sabían cuál iba a ser el siguiente movimiento del otro.

—¿Otra vez irás a cazar a los depredadores con Pokyryu? Estás dejando al reino de Nyroh sin depredadores, ¿sabes? —frunció el ceño al notar como su compañera se subía al lomo del grifo. Rainer empezaba a detestar que pasara más tiempo con el grifo, que con él. «Esto es inaceptable, ¡ya ni siquiera duerme conmigo!», pensó enfadado.

—Rainer, no actúes como un amargado. ¡Quiero mejorar mis habilidades de combate junto a Pok! Créeme que no tendrás que preocuparte por mí la próxima vez que estemos en apuros.

—Pero —cruzó sus brazos y volteó a ver a otro lado con la misma expresión de enfado—. ¡Está bien! Pero no dilates —gruñó.

—Gracias —le sonrió con calidez. Rainer la miró a través del rabillo del ojo y relajó cada músculo de su rostro. —Volveré antes que el sol se vaya en el horizonte —comentó Eve y besó la mejilla de su compañero. Rainer se tensó tras sentir la suave textura de los labios de su compañera y observó en silencio como se iba junto al grifo.

—Oye, oye. Tu sonrojo es muy notorio. Rainer —comentó Nyroh mientras soportaba las tentativas ansias de reír.

—¿Cuánto tiempo tienes de estar viendo? —bufó.

—Desde que empezó —sonrió y le guiñó el ojo a Rainer.

—Para ser un creador ¡eres muy necio! —agarró al joven creador del brazo y comenzó a frotarle la cabeza con su nudillo.

—¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡Basta! —comentó adolorido.

Tras darle una pequeña lección de modales a Nyroh. Continuaron esperando que Dante volviera de su viaje espiritual para planear cuál sería el siguiente paso por realizar. Pero ya había pasado un mes desde que había empezado y no había algún indicio de que regresaría en cualquier momento.

—Nyroh…

—¿Sí?

—¿Cuánto crees que falte?

—Mm, ¡me gustaría saberlo! Pero es algo que no tiene respuesta. El caso de Dante es muy preocupante y posiblemente le tomará bastante tiempo completarlo —suspiró lentamente y se acostó en el aire para luego empezar a girar lentamente.

—Esta espera se vuelve muy aburrida. Más de lo que me gustaría.

Nyroh miró a ambos lados y se acercó a Rainer.
—¿Te gustaría acompañarme? —le preguntó en un susurro.

—¿A dónde? —respondió con una interrogante llena de curiosidad.

—A cualquier lado.

Rainer se detuvo a pensarlo y no tenía nada que perder. Eve había salido hace mucho en busca de un entrenamiento digno para Pokyryu. —Vamos.

Nyroh sonrió ante su respuesta y chasqueó los dedos. Luego de su chasquido, ya no estaban en el reino de Nyroh, ahora estaban en el espacio. Las masas ígneas flotaban a sus alrededores y se podía ver más de un agujero negro a lo lejos. Una hermosa vista del cosmos.

—Es asombroso —comentó Rainer, anonadado.

—Me sorprende que nunca hayas tenido curiosidad por saber qué hay más allá del cielo celeste que miras a diario —burló—. Aquí vengo a veces a admirar la belleza de nuestro Universo, de Heradise. Un enorme espacio lleno de posibilidades. Del cual me he tomado la molestia de darle vida. Si me encuentro con un planeta deshabitado, lo modifico para que sea capaz de albergar vida y dejo que mi creatividad fluya —sonrió con orgullo.

—¿Heradise?

—¿No sabías? Es el nombre de nuestro universo.

—Estoy seguro de que yo y el resto del universo no tiene ni idea de eso.

—Bueno. Mamá y yo bautizamos este universo con Heradise. Supongo que casi nadie sabrá de eso porque fue luego de mi desaparición.

—Interesante dato. Joven creador. En fin, ¿no puedes crear un reino, pero si astros?

—Exactamente. Suena extraño, pero no es mi destino crear reinos. Oye, por cierto. ¿Por qué no me llamas “Lord Nyroh”? Me gustaría sentirme poderoso e imponente —infló su pecho con orgullo.



Ronan

Editado: 09.04.2019

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