Heradise: El Exilio de Dante

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III.

     

 

Dante se había sumergido en un profundo sueño en la cima de aquella montaña. La Dama Naturaleza había conseguido su pequeño encuentro con el Ángel y le permitió descansar. El espíritu de Dante se encontraba débil y necesitaba descansar y adaptarse a su verdadera fuerza. Al fin y al cabo, se había estado aprisionando él mismo. Mientras Nyroh y los demás se preparaban para dar inicio al entrenamiento de Dante.


En Gilius, las situaciones empezaban a tornarse muy complicadas. Los ataques del Demonio comenzaban a aumentar drásticamente. Parecía que empezaba a enloquecer y a perder la cordura. Su deseo por conquistar Gilius lo estaba llevando a organizar ataques consecutivos que todos acababan en derrota, pero mientras más luchaba; más se acercaba a lograrlo.

—¡No podemos permitir que Lucifer logre su cometido! Debemos organizar un ataque, ahora —comentó Carius con preocupación. Ya había pasado mucho tiempo desde la trágica muerte del Creador Járick y las cosas sólo habían empeorado desde ese momento. La mejor arma que tenían contra el demonio había sido desterrada y debían ingeniar otro método de retención. Pandora seguía afectada por su decisión y eso nublaba su juicio en aquellos momentos cruciales donde debía brindar una solución al problema crítico que su reino estaba pasando.

“Confío en ti, hija. Sé que lo harás bien.”

Recordó las cálidas palabras de su padre y salió de aquel trance lleno de melancolía, para cumplir el papel que le había prometido a su padre.

—Debemos fortalecer nuestra seguridad. Recuerdo que mi mentor de Faris mencionó una runa mágica que genera un domo invisible que prohíbe la entrada a través de runas viajeras. Eso evitaría que la catástrofe que pasó hace tiempo se repita con mayor fuerza. Necesitamos convertir todas nuestras ciudades en fortalezas. Crear un muro capaz de proteger ataques de todo tipo. Y recurrir al apoyo de nuestros vecinos. Esta es una guerra que no podemos librar solos. Somos Ángeles, creados para servir y proteger. Pero habrá situaciones donde también necesitaremos apoyo. Este, es el caso —comentó Pandora, con una determinación que nunca le había nacido anteriormente. Sentía algo extraño en su espíritu que le motivaba a dar ideas y consejos.

—Me sorprende que haya salido de su trance. Lady Pandora.

—Carius, ¡¿qué te he dicho sobre las cordialidades?! —Exclamó enfadada y avergonzada.

—Lo siento. Pero estamos reunidos con todo el Consejo. Debo darle respeto a su persona. En fin, nuestra Líder ha dado una respuesta concreta y funcional. Lady, usted deberá contactar con Ronan y Konan para que nos brinden apoyo y de la misma manera, nosotros les brindemos apoyo a ellos.

—Entendido —asintió Pandora.

Se discutieron unos temas más en la reunión y por fin, dio por acabado. Pandora salió cansada del templo y voló sin pensarlo dos veces al Paraíso. Se acostó a orillas del roble que contenía muchos recuerdos suyos con Dante.  Su corazón ya lo había perdonado y se sentía fatal de haberlo abandonado. Ronan le había dicho que pasara lo que pasara, no lo dejara solo. Tres días después de su Exilio recordó las palabras del Creador y se sintió más miserable. Había dejado que las emociones negativas cegaran su buen juicio y permitió que eso pasara. Solamente esperaba a que pudiera volver a verle, volver a hablarle para pedir perdón por el enorme dolor que ella le había dado. Le había dicho cosas muy hirientes que sin duda habían marcado al corazón del Ángel.

—Espero que puedas perdonarme —suspiró y una ligera lágrima desbordó de su ojo y cayó en el suelo del paraíso.

 

Al día siguiente. Pandora asistió a una reunión privada con los Líderes y Creadores de los reinos que conviven en un mismo universo, pero en distintos espacios: Ronan y Konan. De todos los creadores, ellos eran los únicos que compartían bastantes características, los Creadores Mellizos.

—Bueno, ya sabes lo que debes hacer. Es tu plan —comentó Carius—. Ya conociste a Ronan y viste que es carismático. Pero Konan, ella sería la gemela malvada entre los dos. Es seria, fría, calculadora y hasta cierto punto puede ser hostil, pero sus motivaciones son buenas. Es como que alguien malo se haya vuelto bueno, pero aún mantiene su esencia maligna. Así que ten cuidado con Konan, sé lo más precavida que puedas.

—Entendido. Gracias por los consejos, Carius —sonrió.

—Ve, no pierdas tiempo —palmeó su espalda.

Pandora respiró hondo y entró al Gemrost. Admiró los detalles majestuosos de los marcos de cada portal y entró al que le llevaría a la capital de Viria, Victoria. Caminó por la calle principal mientras sonreía por los constantes saludos que recibía por parte de los Vitores y pensó en Dante y sus compañeros. Especialmente por él, recordó todas las veces que visitaba dicho reino con su compañía. «Espero estén bien», pensó y suspiró con pesadez. Llegó al Templo del Consejo del reino. Tras explicar sus intenciones en el templo, la llevaron a la habitación del Creador. Una habitación celeste con decoraciones llamativas: pequeñas figuritas de grifos hechas de cristal junto a otros diseños de bestias mitológicas, enormes cuadros pintorescos, un estante de libros y un gran juego de sala situado al centro de la habitación. Esperaba ser recibida por Ronan, pero la persona que la recibió fue su hermana, Konan.
La Creadora de los Elfos le brindó una mirada seria sin pizca de emociones. Sólo yacía sentada en uno de los sillones de la habitación, con un libro entreabierto en su mano izquierda y un cristal que giraba encima de su mano libre. Konan era de cabello oscuro, con unos ojos oscuros y profundos que le traía un fuerte recuerdo de la mirada de Dante, y su piel clara era lo único que la hacía diferente de Ronan. Sus tatuajes rúnicos de un color gris descendían sus brazos hasta sus manos y tenía un pequeño tatuaje en su frente que se asemejaba a un pequeño diamante ♦.



Ronan

Editado: 09.04.2019

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