Heradise: Esperanza de Gilius

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V.

Pandora no se detuvo en ningún momento. Ella entrenaba todos los días sin ningún descanso, para culminar su entrenamiento Arkan, completar con éxito su prueba final y no depender de Dante. Ella quería protegerlo y a la vez, ser protegida por él, deseaba que se protegieran mutuamente.

—Ya estás lista, sólo falta que completes la prueba y ya habrás concluido. ¿Entendido?

—Sí. Gracias por todo el apoyo, Dorian.

—No hay problema, me agrada saber que ayudé a la Ángel de la Vida en su entrenamiento. Me llena de orgullo —sonrió—. Bueno. Tu prueba final será luchar contra mí.

—¿Por qué? A Dante lo enviaste a Terra para combatir contra un demonio. Quiero un reto, Dorian. Estar segura de que puedo defenderme. ¿Cómo sé que no te dejarás vencer?

—A Dante lo envié a Terra porque su obligación como Ángel de la Muerte consiste en terminar la vida de los seres y ascender sus almas al reino espiritual. Mientras el tuyo, es diferente y tienes prohibido salir de Gilius si no es para algo de suma importancia. Tu vida es muy valiosa.

Pandora suspiró rendida ante su argumento y asintió en total desacuerdo. Ella no se sentiría segura de sus habilidades si no lograba vencer a alguien que no se apiadara de ella en combate. Dorian le brindó una espada y se posicionaron a una distancia de 10 metros, para empezar el enfrentamiento final.

—¿Lista?

—Sí.

—Te prometo que no seré compasivo, la gracia de esto es que seas capaz de vencerme.

Dorian alzó su mano y en el momento que la bajó, ambos alzaron sus espadas y acortaron su distancia en segundos, con el apoyo de sus alas. El agudo sonido de las espadas se escuchaba consecutivamente. Golpe que él ejecutaba, Pandora lo esquivaba con elegancia, adoptaba una posición defensiva que parecía casi impenetrable. Pandora se concentraba en los movimientos de Dorian, buscaba un patrón de ataque y posibles puntos ciegos para dar en el blanco justo. Mientras Dorian se encontraba confundido al ver que Pandora sólo se dedicaba a detener sus ataques y retroceder dos pasos, lo cual le extrañaba, pero también le enorgullecía. Su posición defensiva era excelente porque ningún ataque suyo lograba desequilibrarla en ningún momento.

—Te felicito, tienes una excelente defensa —admitió.

—Gracias —asintió Pandora y mantuvo su posición sin desconcentrarse ante las palabras de su mentor.

«Esto se está alargando demasiado y no encuentro debilidades en su forma de luchar. Tendré que atacar», pensó. Pandora atacó con un ataque pesado y logró desequilibrarlo por unos segundos. Aprovechó aquella grieta en su defensa y le asestó una patada al abdomen. Dorian perdió todo su equilibrio y cayó luego de retroceder. Pandora saltó a una gran altura con el apoyo de sus alas e intentó darle un golpe final, pero Dorian lo esquivó, Pandora reaccionó a su esquive y le asestó una cadena de cortes, dejando varios cortes en la armadura de Dorian.

«Tengo la delantera, puedo vencerlo ahora». Alzó su espada dispuesta a intentar un segundo golpe de gracia, pero algo la tomó por sorpresa. En el momento que su espada iba a tocar a Dorian, él la detuvo con las palmas de sus manos.

—¿Creías que sería así de fácil? —sonrió confiado.

Impulsó la espada de Pandora hacia arriba y lanzó una patada al costado de ella, sacándole el aire de sus pulmones. Pandora cayó a unos metros de su contrincante con la vista nublada, se incorporó y agarró su espada de nuevo.

Observó a su mentor por unos minutos y volvió a la ofensiva. Combinó sus golpes con la hoja de su espada y arrinconó a Dorian contra un árbol. Él logró darle dos golpes críticos y un corte en su mejilla, pero; Pandora no se rendía, volvía al ataque en seguida. Las chispas de sus espadas volaban junto a sus gotas de sudor y sangre. Ambos estaban al borde del cansancio, pero la batalla no acababa, no hasta que uno de los dos se rindiera o acabara fuera de combate.

—Acabemos con esta prueba —sugirió Dorian y colisionaron sus espadas.

Ambos luchaban por desarmar al otro y acabar de una vez. Dorian logró empujar la espada de Pandora y esta salió expulsada de las manos de su portadora. Ella cayó al suelo y en un acto instintivo invocó un rayo de luz que se creó en la palma de su mano, y cegó los ojos de Dorian. Miró confusa su mano por un segundo y decidió aprovechar aquella distracción. Derribó a Dorian con su pierna, agarró la espada de su contrincante y colocó la punta de dicha arma a unos pocos centímetros del cuello de él.

—Parece que gané —sonrió feliz.

—No sabía que podías usar la energía de la luz a tu favor —sonrió y parpadeó consecutivamente.



Ronan

Editado: 30.07.2019

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