Heradise: Esperanza de Gilius

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XII.

Gilius volvía a vivir en paz. Luego del ataque de Lucifer, se elaboró un mejor campo de seguridad para evitar otro intento de asedio por parte del enemigo común de todos los reinos. Pero aún no se sabía nada de Dante, desde que atravesó el vórtice no se ha hecho nada para salvarlo por las pocas probabilidades que existían de que estuviera con vida. Incluso se estaba considerando darle el papel de Ángel de la Muerte a alguien más, según las palabras de Carius.

"A veces me pregunto la importancia de la Vida y la Muerte, es algo que siempre ha existido. ¿Por qué se necesita que Dante y yo seamos los que controlen dicho orden de la realidad? ¿Cómo era todo antes de que yo existiera? ¿Qué sucedería si desapareciera como Dante?" Eran las preguntas que agobiaban su mente durante sus tiempos de soledad, eran preguntas que ella deseaba darles una respuesta. Pero el miedo a descubrir algo de lo que se arrepentiría, le prohibía hacerlo.

Miró las estrellas toda la noche con el recuerdo de Dante en su mente, hasta que llegó el amanecer. Al ver los primeros rayos del sol, recordó que tenía una reunión con su padre: Járick. La vida de Pandora había tornado un papel más político de lo que ella esperaba. Formaba parte de las reuniones más importantes del Consejo y de los eventos importantes que se organizaban con los reinos de Viria y Faris, con el fin de predecir y detener el próximo movimiento de Lucifer por gobernar todos los reinos a su manera. Sin embargo, le cansaba ver que todos los consejos reunidos sólo pensaban en defender y no atacar. Ella propuso una estrategia para atacar a Lucifer y tacharlo para que no sea una amenaza universal. Pero no le supieron responder, sólo negaron con la cabeza. Excepto Lord Járick, él le miraba con comprensión, sin mencionar una palabra.

—Pandora...

—¿Sí, Carius? —preguntó tras levantarse del césped del paraíso. Lo miró directamente y pudo notar sus ojos cafés irritados y cansados por el arduo trabajo que requería ser parte esencial del Consejo de Gilius.

—El Lord Járick desea tener vuestra reunión privada en estos momentos. Si no es una molestia, le solicito que se dirija con él.

—Basta de cordialidades, Carius. Dame sólo unos segundos e iré directamente con él. Pero, deja de hablarme de esa manera, por favor. Desde que me convocaron para formar parte esencial del Consejo me hablas como si fueras mi inferior, eso no me agrada —le pidió. Carius era un hermano mayor para ella y no le agradaba que alguien quien había cuidado de ella desde su creación tuviera que mirar hacia arriba para hablarle. Ella detestaba las cordialidades entre personas sólo por su puesto político o clase social. Era una etiqueta que ella odiaba, sentía que la alejaban de los demás.

—Esa es la situación, pero si te molesta; está bien. Procura no dilatar mucho —sonrió.

Carius se despidió de ella con unas palmadas suaves en su cabeza y desapareció entre los árboles.

Pandora se acostó de vuelta y suspiró con pesadez. Su mente permanecía nublada por todas las dudas y preguntas que ella misma se formulaba continuamente. Además, tenía una sensación bastante extraña. Sentía una fuerte necesidad por ver a Dante. Más que todo porque ya había soñado con él más de una vez. Extrañamente para ella, de una forma en la que dejaba de verlo como un compañero, lo amaba sin saberlo.

—Esta ansiedad es terrible —suspiró.

 

—Pandora, el Lord Járick le espera. —le comentó el Arcángel Líder e hizo una pequeña reverencia para permitirle el paso a la habitación de su padre.

Al pasar las enormes puertas, Pandora pudo admirar la enorme habitación de su padre; adornado con unos hermosos colores cálidos que le transmitían paz a cualquiera que entrara. Una pequeña biblioteca que se escondía en una esquina de la enorme habitación con un cómodo juego de sala en el centro. Una mesa justo en el centro que sostenía una estatua de un cisne de cristal. Era una habitación agradable para pasar todo el día en compañía de un amigo y leer libros en completa paz. Al fondo de la habitación, Járick admiraba el reino desde la hermosa vista que tenía.

—Hola hija. Me alegra verte de nuevo —sonrió con calidez. —Disculpa por molestarte en estos momentos, sé que disfrutas descansar en el paraíso a estas horas. Pero, necesito decirte algo muy importante.

—¿De qué trata, Papá?

—Quiero que tú seas mi sucesora —sonrió con orgullo.

—¿Y-Yo? —Su voz tembló con miedo y creyó que se trataba de una broma. Toda su vida pensó que los Creadores eran seres inmortales.

—Sé que suena abrumador, pero tú eres la persona más indicada. Tengo fe en que lo harías muy bien, incluso mejor que yo.



Ronan

Editado: 30.07.2019

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