Heradise: Esperanza de Gilius

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XIV.

Eve y Rainer fueron en seguida a Victoria, la capital de Viria y hogar de Eve para tratar el estado crítico de Dante. Rainer pudo sentir que el espíritu y la energía vital de Dante se veía afectada por el uso constante de la Oscuridad. Al ser un Ángel inexperto, la Oscuridad atacaba su espíritu constantemente; hasta devorar toda su energía.

—¿Segura de que podrán tratarlo en Viria?

—Ahí reside un excelente maestro rúnico. Dante necesita de un hechizo de energía y protección para que la Oscuridad no siga dañando su cuerpo constantemente. Si no estás equivocado, su espíritu ha sido atacado consecutivamente. Si permitimos que eso siga así, Dante podría fallecer en cualquier momento —comentó con seguridad.

—Bueno... confiaré en aquél hechicero —suspiró rendido.

Al llegar. El hechicero le sonrió con alegría a Eve y los recibió en seguida. —Cuanto tiempo sin verte, es milagroso que vengas a mi hogar. Dime, ¿quiénes son tus acompañantes?

—Él es Rainer, y Dante...

—Es él... me sorprende que tengas amistades en Gilius. Por cierto, soy Argoth. ¿Qué le sucede? —tocó la frente de Dante—. Está hirviendo. —se fue en búsqueda de un paño para refrescar a Dante.

—Él... necesito que nos guardes un secreto. Vine aquí, porque confío en ti —suspiró con temor.

—Sabes que puedes confiar en mí. Te conozco desde que eras una dulce niña huérfana.

—Dante... tiene el poder de un Creador. Él, controla la Oscuridad.

Argoth quedó estupefacto ante aquellas palabras e intentó asimilar lo que le había dicho. Le parecía absurdo que aquel Ángel poseyera tal poder. —¿El poder de la Oscuridad? Eso explicaría su estado actual... pero no puede ser posible. Ningún Creador se atrevería a darle tal poder a cualquiera. Si es así... no puede ser... ¡¿es él?!

—... sí.

—¡Santos Vitores! —dijo sorprendido. —¡Tengo al Ángel de la Muerte en mi casa! Entonces, la profecía es cierta...

—Sí... pero él se rehúsa a esa profecía. Quiere evitarlo... necesito que lo sanes por completo.

—Bueno... si así está la situación. Lo haré con gusto. Rehabilitaré su energía espiritual y le crearé un sello para que la Oscuridad no intente atacarlo de nuevo, pero; no es inquebrantable. Por eso, él deberá evitar el uso excesivo de la Oscuridad a menos que llegue a dominarla como tal —empezó a crear runas en el aire y estas brillaban conforme las trazaba.

—No es un Vitor —comentó Rainer.

—Sí, lo soy... pero soy un Vitor Curandero. Soy descendiente del linaje puro de los primeros Vitores en el mundo. No todos carecemos de habilidades mágicas —sonrió con orgullo.

—Interesante, disculpe mi ignorancia —sonrió.

—No hay de qué, muchacho. Listo.

Rainer seguía sorprendido de que existieran Vitores con esas habilidades. Era tan diestro, que creaba runas curativas avanzadas mientras hablaban, lo había dejado perplejo.

—Te lo agradezco bastante, Argoth.

—No te preocupes, es lo menos que puedo hacer por ti. Posiblemente despertará en 24 horas. Si quieres, puedes dejarlo conmigo. Lo cuidaré mientras tanto.

—No, no. Ya sería pedirte demasiado. Lo llevaré a mi casa y lo cuidaremos ahí. Rainer, ayúdame. —Él asintió y cargó a Dante en sus hombros.

—Siempre tan humilde —rio—. Está bien, pero necesitaré que lo traigas cuando despierte.

—Vale —asintió Eve y salieron de su hogar.

En el camino, Rainer no pudo evitar que su mirada se posara en todas las bellezas del reino: el ambiente, las criaturas, todo. Especialmente, miraba de reojo a su compañera. De todos los Vitores, le parecía alguien única y aventurera. Ningún otro Vitor aceptaría ir de aventura con ellos.

—En serio, nunca me aburro de la belleza de tu reino —le comentó mientras admiraba las calles transitadas y los edificios modernos de Viria, unos enormes edificios de formas llamativas, muy distintos al típico edificio rectangular. Poseían formas y colores que los hacían destacar de una manera única. Le fascinaba ver la enorme evolución que habían tenido como sociedad.

—Yo tampoco me aburro de la belleza de Gilius —le sonrió—. En mis tiempos libres, solía huir al Paraíso a descansar en la calidez y tranquilidad de este. Es único.

—Eso no lo discuto. Es un buen lugar para escapar de la vida cotidiana. Por cierto, nunca nos dijiste que papel tomabas en Viria.

—Oh bueno. Sólo te diré que tengo un cargo político. Es demasiado aburrido, por eso disfruto nuestro viaje. Cuando se lo conté a mi jefe, parecía que no iba a aceptar y por eso vine con ustedes sin esperar respuesta de él —rio con travesura.



Ronan

Editado: 30.07.2019

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