Heradise: Esperanza de Gilius

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XXI.

—Entonces, tú eres mi amanecer.

Pandora lo miró con sorpresa y sus labios esbozaron una hermosa sonrisa que le demostró a Dante lo feliz que la hacía escuchar esas hermosas palabras.

—¿Lo dices de corazón?

—Pandora —colocó sus manos en las cálidas mejillas de su Ángel—. Si no me he rendido hace mucho, es porque tú me das fuerzas y esperanzas para luchar por vivir. No sé qué sería de mí si no te tuviera, si no te amara —colocó el cabello de Pandora detrás de su oreja.

—Dante —musitó y besó su frente—, tus palabras enloquecen mi corazón, detente —rio y volvió a abrazar a Dante. —Me hace feliz... saber que para ti soy un motivo por el cual nunca perder las esperanzas. —Dante suspiró lentamente y Pandora disfrutó del fuerte compás que su corazón llevaba. Sin embargo, ella se levantó y con una sonrisa que logró acelerar el pulso del Ángel dijo. —Demos un paseo por Gilius.

Dante no se negó, aceptó su petición y alzaron vuelo para admirar la belleza de su reino luego del amanecer. Disfrutaban estar juntos, se amaban demasiado y lo demostraban como si fuera la primera y la última vez que podrían hacerlo. Serían capaz de darlo todo por un segundo de compañía del otro.

Por desgracia, no todo era de color de rosas.

 

Los rayos solares empezaban a infiltrarse en el cuarto de Eve. La habitación de colores claros adoptaba un cálido color amarillo por el reflejo de los rayos de luz, lo que logró despertar a la Vitora. No había abierto los ojos cuando se percató que abrazaba algo que era más grande que ella, sus manos acariciaban una espalda recia y fuerte, y su oído escuchaba el suave palpitar de un corazón. Sabía a qué se enfrentaba, pero se negaba a abrir los ojos, se negaba a verlo a los ojos. Prefería rotundamente esconder su rostro enrojecido en el pecho del Ángel que la abrazaba con fuerza. Ella se sentía extraña en sus brazos, por alguna razón que ella no lograba descifrar bien, se sentía protegida junto a él.

—¿Cuánto tiempo más fingirás estar dormida? —Le preguntó con diversión.

Eve abrió los ojos de golpe y empujó a Rainer fuera de su cama.

—¿Cómo lo supiste?

—Empezaste a acariciar mi espalda, trazando pequeños círculos con tu dedo índice. Nadie hace eso dormido.

—E-Eh... ¡No tienes el derecho de decirme eso! Por tu idiotez tuviste que dormir en mi cuarto. Inaceptable —cruzó sus brazos y le dio la espalda a Rainer.

—¿Mi idiotez?

—¡Sí! —Le gritó.

—¡Lo hice por ti!

—¿Qué? —Volteó a verlo con la sorpresa impregnada en su rostro.

—A veces eres muy terca y no te fijas en las verdaderas intenciones de los demás —suspiró y negó levemente.

—¡¿Eh?! —Palideció ante las palabras de Rainer, en su mente empezaban a vagar muchas ideas demasiado, "adultas".

Rainer comprendió su reacción y negó instantáneamente. —¡No me refería a eso! —se sentó a su lado—. Has tenido constantes pesadillas, por esa razón despertaste entre mis brazos. Me despertaste en la noche muy preocupado, estabas helada y tu rostro expresaba sufrimiento. No sabía qué hacer y lo único que se me ocurrió fue abrazarte para consolarte. Y funcionó —sonrió—. Eres una persona que necesita amor en su vida, esa reacción me lo confirmó.

—E-Eh... sí «entonces ese momento en el que... sólo fue un sueño, que alivio», pensó con tranquilidad. La conexión que tuvo con Rainer fue demasiado peculiar, en el instante que él la abrazó, la pesadilla desapareció y se transformó en un sueño orquestado por el Ángel que la abrazaba. No sabía que pensar al respecto, en su interior sólo deseaba abrazarlo de nuevo y dormir entre sus brazos; era la única forma en la que se sentía bien.

—Entonces deja de fingir que estás enojada —frunció el ceño, pero al instante le sonrió—. Me alegra ver que ya te sientes mejor. Si me disculpas, tengo cosas que hacer. Nos vemos luego —se dirigió a la puerta del cuarto y en el instante que su mano tocó la perilla. Sintió los brazos de Eve rodear todo su torso junto a la respiración de ella que rozaba su espalda. —¿Eh? ¿A qué se debe esa actitud?

—Oye —le empujó—. Intento ser agradecida contigo, eres el único que se percató de mi malestar y no permitiste que me asfixiara en mi trauma. En serio, te lo agradezco —le sonrió de la forma más sincera en la que ella pudo demostrarle su gratitud.

Rainer la miró con sorpresa y esbozó una sonrisa—. Por ti, cualquier cosa. —Salió de la habitación y la dejó sola, con esas palabras que giraban alrededor de su mente. Esas palabras conmovieron su corazón desconsolado.



Ronan

Editado: 30.07.2019

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