Here it rains again

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El comienzo de todo

No soy un vampiro, un hombre lobo que se transforma en todas las lunas llenas, un cazador con una gran habilidad en armas y ni mucho menos un príncipe con una brillante sonrisa. Tan solo soy el escritor de todos esos personajes, fruto de mi imaginación.

Tengo veintisiete años y desde que tengo uso de razón escribo. Al principio fue un hobby que te tenía al encerrarme en el cuarto del último piso de mi casa para desahogar mi soledad, pero luego fui desarrollando un gran gusto por esta. Gané fama como escritor a mis diecisiete años, gracias a un concurso literario, al cual pude ingresar por la ayuda del mejor amigo de mi hermano. Poco a poco fui ganando fama y respeto en el mundo literario, para luego ganar dos premios importantes a una corta edad, siendo una de las personas más influyentes de mi país...

Después de todo eso, aun no entiendo que hago sentado frente a una mocosa de diecisiete años en mi sillón de cuero negro. Una chica de cabellera negra, como aquellas muñecas de porcelana que suelen tener las madres como colección en sus recámaras; y ojos azules brillantes como el mar, piel pálida como si nunca se hubiese expuesto ante el sol; aunque tal vez tenga una belleza que no puedo describir con exactitud, porque desde el momento que me la encontré en mi sala, no puedo de dejar de compararla con su hermana mayor, Marianne.

— Dime—hizo una pequeña pausa— ¿qué relación tienes con mi hermana?—me apunto con el dedo índice.

— No me señales con el dedo. Es de mala educación, niña— aparte su dedo de mi cara.

Prendí un cigarrillo, perfecto para esta situación.

Marianne, me había pedido unos días antes, amablemente, que le enseñara a su hermana menor, que necesitaba un tutor para mejorar sus fatídicas notas. Sí, digo fatídicas, porque está a punto de repetir el semestre y ella—la niña—necesita mejorar para poder ingresar a una buena universidad.

— Solo eres un escritor mediocre con complejo de niño. —señalo la habitación donde tengo los juegos de video y mi colección de juguetes de acción.

— Llamaré a tu hermana para que te recoja.

Me dirigí al teléfono.

No tengo que soportar a una niña que no se sabe comportar y que solo se va a dedicar a insultarme. Ese no es mi estilo.

Ya estaba marcando los números, pero fui interrumpido por una pequeña mano y delicada, que estaba posicionada sobre el botón de colgar.

— ¿Qué haces? —mi voz resonó por toda la casa.

— Hagamos un trato—su voz apenas era audible para mí.

— ¿Perdón?

— ¡Que hagamos un trato, he dicho! —gritó exasperada.

— ¿Y yo que recibo? —la miré un poco irritado.

De un cierto modo, esta chica provocaba que dejara que ser educado.

— Mi cuerpo—susurró.

La miré por un instante, de pies a cabeza. Se produjo un silencio sepulcral, para luego escucharse por toda la habitación mi risa.

— ¿De qué te ríes? —preguntó avergonzada.

— Tu propuesta, me ha causado mucha gracia—me atoré con el humo del cigarro. —Gracias, hace tiempo que no reía de este modo.

— Pero te doy mi cuerpo—insistió.

— No soy ese tipo de persona—colgué el teléfono.

— ¡Vi tus manuscritos, esos lo eróticos, y mi hermana está en todos ellos! ¿Y me dices que no eres ese tipo de persona? —me volvió apuntar con el dedo.

Tomé las muñecas de la mocosa y la arrastré por la sala y la tiré (sin ser tan brusco) al mueble. Me posicioné encima suyo, sin poner todo el peso de mi cuerpo. Mire a sus ojos azules, inexpresivos, como si estuviera acostumbrada a que le hicieran eso.

— No provoques a un hombre, si no deseas las consecuencias —mi voz sonó más ronca de lo habitual.

Me retire a mi estudio, estaría ahí encerrado hasta que viniera su hermana a recogerla. Suspire. Me quede absorto mirando la pantalla de mi laptop. Estaba de mal humor y la culpable era esa niña.

— Disculpa, ¿Puedo pasar?—fui interrumpido por una voz tan melódica como la de un ángel.

— Pasa—me saqué los lentes y los coloqué sobre el escritorio.

— Perdona mi comportamiento anterior—se sentó en el pequeño sofá que tenía en mi estudio



Shacloud

Editado: 21.12.2018

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