Herederos de una dinastia

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El pasado quema

Capítulo I

El pasado quema.

 

 

Londres, Inglaterra.

 

La noche es lluviosa y fría, las calles están desiertas, las personas que usan su lógica disfrutan su noche al lado de una chimenea bebiendo chocolate caliente, excepto por una persona que cubierto de pies a cabeza con un abrigo negro cruza la calle.

Mira sobre su hombro para asegurarse que nadie lo siga, abre la puerta principal con mucho sigilo y se interna en el majestuoso edificio, el museo británico.

Pasa la zona de seguridad despreocupado, con su dedo índice crea un circulo invisible a su alrededor. Observa al guarda que permanece dormido y una sonrisa retorcida aparece en su rostro, respira fastidiado y sigue su curso, la magia que usa lo ampara de ser visto.

 

Llega hasta la sección del Antiguo Egipto, camina a toda prisa pues la hora se acerca. Al fin está frente a una pared que está resguardada tras un cristal, una serpiente gigantesca luce sobre la superficie rodeada de cientos de jeroglíficos.

Extiende un papiro de alrededor metro y medio de largo, comienza a leer las inscripciones incrementando con cada pronunciación el sonido de su voz.

 

Poco a poco el grueso cristal comienza agrietarse, la infraestructura del museo suena como si estuviera a punto de romperse.

Alza los brazos y con sus dedos dibuja jeroglíficos de color rojo reluciente, a medida que son escritos desaparecen y la pared tiembla con fuerza hasta que de ella salta el fantasma de una serpiente de más de 10 metros, de su boca aparece velozmente su lengua golpeando el débil cristal cayendo éste a los pies del sujeto.

Su boca se abre y de ella sale una voz ronca y hueca al mismo tiempo. Pronuncia el mismo idioma antiguo

 

-¿Quién eres?-pregunta la asquerosa criatura.

 

-Tu fiel sirviente-responde sin alzar la vista.

 

-¿Qué faraón posee el trono?

 

-Mi señor mucho tiempo ha transcurrido, milenios.

 

La criatura olfatea al hombre y deja su lengua sobre su rostro.

 

-Siglo XXI mi señor Apep, era moderna. El mundo que conociste no existe más.

 

-Malditos sacerdotes.

 

-Por eso le he despertado, el mundo necesita un nuevo régimen.

 

-Necesito fuerzas.- dice la terrible criatura.

 

-Soy su sirviente.-responde el hombre creando un misterioso circulo color azul, toma entre sus manos la pesada reliquia desapareciendo en el interior de la extraña circunferencia.

 

Cádiz, Andalucía.

 

-Responde sé que estás ahí.

 

La máquina contestadora es la única que atiende sus llamadas.

 

-Por favor.-esta vez solloza. Se escucha su dolor como si pudieras verla llorar.-Mi hijo te extraña. Cree que te marchaste porque rompió tu guitarra.

 

Un hombre alto de cabello castaño, ojos color miel y con cuerpo tonificado escucha en absoluto silencio. Lleva sus manos al rostro en señal de fastidio no lo viste nada más que un bóxer ajustando sus muslos.

 

-Iñaki cada llamada que realice terminará de la misma manera, no te culpé antes, no lo hago ahora y no lo haré jamás. Regresa, te extraño.

 

El sujeto queda en silencio deja su mirada perdida en el débil rayo de luz que entra en la habitación.

 

-¿Vienes?-pregunta una voluptuosa morena de piel como el ébano. Sostiene en sus manos una pequeña bolsa con un contenido blanco.

 

-Vístete, tengo ensayo.

 

-Siempre que esa perra llama te deja en ese estado.-dice molesta.

 

Iñaki arroja una silla al piso, golpea la pared con su puño y camina en dirección a ella lleno de furia.

 

-¡Jamás vuelvas a ofenderla!-grita sobre su cara tratando de reprimir el deseo de golpearla.

 

-Vete a la mierda Iñaki. Tú y tus malditos problemas existenciales me tienen harta.

 

-Lárgate.-responde soberbio.-No sé quién te dijo que después de coger podías dormir en mi cama.

 

La mujer alza las diminutas piezas de ropa del suelo y sale del departamento convertida en una fiera.

 

-Perra.-dice sin más.

 

Se dirige al interior de la habitación, toma un jean descolorido y roto al igual que su chaqueta de cuero y una remera blanca. Enciende un cigarrillo mientras toma su guitarra y comienza a sacarle una nota triste y melancólica.

 

-Como fuego que corre por mis venas…

 

Susurra la melodía sin lograr alejar su vista de la única foto familiar que tiene en la pequeña sala. Un joven matrimonio acompañado de un niño de unos 8 años, a la par de ellos, él, sonriendo cuando su mirada tenía vida.

Unos fuertes golpes lo liberan por instantes.

 

-¡Iñaki!

 

-¿Ahora qué?-pregunta abriendo la puerta.

 

-¿Hermano pero que puta haces vestido así?

 

-No comiences que no estoy de humor.



Grace Santos

Editado: 16.02.2018

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