Herederos de una dinastia

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La caricia del viento

Capítulo IV

La caricia del viento

 

 

Vaduz, Principado de Liechtenstein

 

La noche es fría y la niebla cubre la calle impidiendo la visibilidad a los vehículos en lo alto del firmamento se posiciona una hermosa luna llena acompañada por pocas estrellas. La principal calle de bares y sitios nocturnos revientan en música y jóvenes que se han reunido para bailar, algunos para ingerir licor y fumar mientras otros solamente juegan al billar en uno de los lugares más exclusivos. En el interior del local todo es risas y diversión, un grupo en específico apuestan peligrosamente antes que el taco golpee la pelota.

 

-Anda-dice un sujeto de barba-Tu moto, y si ganas te llevas mi BMW.

 

El grupo de jóvenes amigos intercambian una mirada de burla ante semejante proposición. Una de ellas tiene en sus ojos verdes aburrimiento, todo ese cuadro le parece patético pero su novio está por ganar y tampoco quiere regresar a casa tan temprano.

 

-De acuerdo.-responde el chico, es alto y corpulento de cabello rojizo y ojos verdes.

 

Toma el taco entre sus manos colocándolo entre su dedo índice y el pulgar golpea la bola y está se dirige ágilmente a cada una de las demás, se escucha un grito de júbilo por parte de sus amigos pero ella no dice nada, sólo observa.

 

-Trae mis llaves cariño.-dice el joven girando hacia ella besa sus labios con lujuria mientras el otro sujeto las arroja al suelo.

 

-Ve tú por ellas ya estoy harta de tus inútiles juegos.-responde con enfado al sentir que es tratada como un pedazo de carne.

 

El tipo enfurece ante su respuesta y sin decir nada golpea su rostro lanzándola al piso.

 

-¡Solana!-exclama otra de las jóvenes acercándose a ella.

 

La chica lleva su mano al ojo que punza con fuerza como si éste estuviera a punto de caer de su rostro.

 

-Si vuelves a tocarme…-dice con hilos de rabia pero el sujeto toma su rostro entre sus manos susurrando sobre sus labios.

 

-No volveré hacerlo porque tú no me hablarás de nuevo de esa forma.-añade mientras deja un beso forzado sobre sus labios rosa.

 

Solana empuja su mano mientras se pone en pie corriendo hacia la salida seguida de su mejor amiga.

 

-Solana por favor espera.-dice tras ella.

 

-Es un bastardo, me las pagará.-dice metiendo sus manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero que usa, pertenece al patán, entonces su mirada se vuelve intensa, llena de revancha, a su lado se encuentra estacionada una lujosa Ducatti, mueve las manos en el interior hasta sentirlas, las llaves están ahí. Enciende la motocicleta y acelera con odio haciendo que la llanta trasera patine sobre el suelo húmedo para provocar al dueño.

 

-¡SOLANA! ¡MALDITA PERRA!-grita el chico saliendo del lugar.

 

La joven le dirige una mirada de suficiencia le lanza un beso cargado de desprecio alza su ceja y le arroja la chamarra marchándose en la motocicleta.

 

-Dile adiós a tu motocicleta.-dice uno de sus amigos.-Tendrás problemas tú sabes que su tío es cercano a los nobles, al menos te devolvió la chamarra.-añade burlesco.

 

-¡CALLATE!-grita golpeando el rostro de su amigo.

 

********

 

La chica llega a una residencia en las afueras de la ciudad de aspecto antiguo y de tres pisos todo el contorno de la casa está rodeado por un inmenso jardín y en el centro de toda la vegetación un pequeño lago artificial, deja caer la motocicleta en frente de la casa al tiempo que un Audi se estaciona tras ella seguido de un mercedes Benz.

 

-¡Solana!-grita una joven que desciende del mercedes.-Hola Dominik.-saluda un poco nerviosa al sujeto que desciende del lujoso Audi quiere correr para darle alcance a su amiga pero no quiere llamar la atención del hombre.

 

Dominik Abbá ronda los 40 años, con una exquisita y bien cuidada barba, ojos azules impresionantes profundos y analíticos, cabello negro y extremadamente elegante, es muy alto tanto que la joven de metro setenta y cinco luce pequeña a su lado, siempre viste de forma casual puede notarse bajo la remera y su abrigo los brazos fuertes y el pecho esculpido. Su padre falleció hace casi diez años mientras su madre tiene casi quince años, cuando cumplió dieciséis años fue recibido por una antigua comunidad egipcia que lo entrenó en el arte de la guerra. Tiene un hermano al que no ve hace muchísimo tiempo, casi ha dejado de ser la única familia que tiene.

 

-Hola Erika.-responde con seriedad.- ¿Por qué tanta prisa?-pregunta dirigiendo una mirada hacia la moto que está a su izquierda.

 

-Mmm nada.-responde nerviosa caminando hacia la puerta de la casa.

 

-¿Y esa motocicleta?-interroga con algo más que molestia, se imagina a quién pertenece, el novio, el imbécil que está con Solana, ese pensamiento lo hace hervir de furia.

 

-Ah eso…-guarda silencio sin saber qué decir.

 



Grace Santos

Editado: 16.02.2018

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