Herederos: El PrÍncipe De Hielo

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XV

Josabet

Las manos de Hale pasan perezosas por mi espalda, sin pensarlo mucho, dejamos la cena de lado, cuando la pasión era lo único que nos movía, entre besos, cada vez más profundos y apasionados, nos levantó y como sí mi cuerpo supiera exactamente qué hacer, enrolle mis piernas en su cintura, y mis brazos en su cuello, sin dejar de besarnos subió hasta su habitación, tengo que admitir que tenía curiosidad por cómo se veía, ya que no la conocía, pero eso quedo en segundo plano cuando sentí mi espalda en la mullida cama, en algún lugar de mi cerebro comenzaba a entender lo que iba a suceder, sentí nervios y algo de miedo, pero más fuerte fue el amor, el amor que vi en los ojos grises perlados de Hale, cuando separo por un momento nuestros rostros, había promesas silenciosas y la espera de mi permiso para continuar, respuesta que no hice esperar y se la entregue en el más profundo beso, fue el momento en que le entregue a él, mi alma y mi cuerpo.

― ¿En qué piensas? ― pregunta rodeándome con sus brazos y acercándome a él ― casi puedo escuchar a tu cerebro funcionar.

Suelto una pequeña carcajada ante sus palabras, siento su torso desnudo en mi espalda, comienza a depositar pequeños besos en mis hombros, y mi piel, ya sensible, comienza a responder a su contacto.

―En nosotros y esto ― lo escucho reír por lo bajo, mientras continua depositando besos, sus manos que descansan alrededor de mi cintura, me invitan a voltearme hacia él, lo hago y veo su rostro solo iluminado por la luz de la luna que se cuela por las ventanas, es hermoso, es el hombre que amo, con sus sombras y luces.

―Tú y yo, eso es algo que debemos hablarlo ― lo observo curiosa ― normalmente son las mujeres quienes hablar luego del sexo, pero creo que tenemos una conversación pendiente ― acaricia mi rostro con el dorso de la mano, disfruto de su contacto.

―Mi coronación será dentro de un mes, pero no con eso quiere decir que haya desistido de hacerte mi esposa ― hace una pausa como si buscara las palabras exactas ― no quería que pensarás que nuestro matrimonio era solo para que pudiera ascender al trono, ahora cada cosa tendrá su lugar, así como tú estás aquí ― toma mi mano y se la lleva al pecho donde la presiona sobre su corazón ― ya hemos pasado por muchas cosas y aunque desearía poder prometerte que a partir de este momento las cosas serán fáciles, pero no puedo hacerlo, solo puedo prometerte estar a tu lado cada minuto de lo que me resta de vida y que juntos formemos el pilar que hará salir adelante a este país.

Mis ojos se llenan de lágrimas ante sus palabras, ambos sabemos que nada de lo que nos espera será fácil, pero entendemos que las penas compartidas se sienten la mitad, no sé lo que yo pueda prometerle y entregarle, pero deseo estar a su lado, de la misma forma que deseo ver a este país prosperar y salir adelante.

»Josabet ¿quieres casarte conmigo? ― lo miro directamente a los ojos, su mirada tan limpia como el agua cristalina que baja de las montañas, no hay ni un atisbo de duda en ellos, le sonrió y sus ojos se iluminan como si tuvieran luz propia.

― ¿Así sin anillo? ― parece pensarlo divertido y al final termina por rodar los ojos.

―Lo tengo en la oficina guardado desde hace años, solo que hasta que te volví a ver, no había nadie que lo mereciera ― me acerca más a él y con un suspiro confiesa ― está es una declaración con lo único que importa, con el corazón. ¿Aceptas?

Finjo pensarlo y la sonrisa de Hale se vuelve más grande.

―Claro que acepto, no sé en qué podría ayudarte en mi condición pero intentare hacerlo lo mejor que pueda.

Me da un ligero golpecito en la frente y niega con la cabeza.

―Tú condición, no te impide nada ― su sonrisa crece y me aprieta contra su pecho ― serás la novia más hermosa que este país haya visto.

Rio cuando sus manos comienzan a hacerme cosquillas, entre risas y besos robados, pasan las horas y el sol se hace presente, ninguno de los dos quiere dormir, por temor que al despertarse la realidad sea distinta.

Escucho que llaman a la puerta, me revuelvo en la cama perezosa, no quiero abrir los ojos, estiro mi mano y siento la piel desnuda de Hale, los recuerdos vienen a mí de golpe. Abro los ojos, al inicio lo veo todo un poco borroso, rayos de sol entran por la ventana deslumbrándome, observo a Hale dormido, su rostro en paz lo hace ver mucho más joven. Estiro mi mano para tocarlo y su sonrisa aparece, sus ojos se abren como si esperara aquel momento.

Vuelven a llamar a la puerta.

―Ustedes dos, vístanse y ábranme ― grita mi hermano.

― ¿Paso algo? ― responde Hale rodeándome con sus brazos y arrastrándome hacia él, caigo en cuenta de que estoy como Dios me trajo al mundo y siento la necesidad de cubrirme ― tú cuerpo es hermosos, debería ser pecado cubrirlo ― susurra en mi oído.

―No, pero quiero festejar las buenas nuevas, salgan y denme un abrazo ― en momentos como este quería matar a mi hermano.

Hale ríe y lo sigo, deposita un beso fugaz en mis labios y se levanta. Ver a Hale desnudo, bañado por la luz del sol, definitivamente se convertiría en mi vista favorita, era como un Dios griego esculpido a mano, camina hasta el guardarropa, saca dos busos y un par de pantalones de chándal. Aun un poco insegura me revuelvo en la cama, intentando cubrir con las cobijas mi desnudes, Hale se gira al escucharme y me extiende la ropa, observo de reojo la mía que esta regada por doquier.



Kath B. Carlton

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En el texto hay: realeza, amor, principe

Editado: 18.10.2018

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