Herejes : PrÍncipe De Sangre

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Capítulo II: Estoy Solo

Bump…

Balas siendo disparaban caían sobre mí de algún lugar de la estación, logre esquivarlas por suerte, esas mierdas son utilizadas para neutralizar a los upirs que atacaban las comunidades rumanas en el medioevo, maldición esas porquerías en un humano no solo lo neutralizarían lo noquearían hasta que colapse. El capitán de estos cazadores sin duda estaba decidido llevarme al Instituto o quería cortar mi cabeza y ponerla como exhibición en él. Probablemente la segunda porque usar ballestas es una cosa, pero usar balas para atraparme es otra. El tipo probablemente es un psicótico.

–Malditos cazadores–.

Con solo mi instinto de regreso me gire a correr solamente para encontrarme cara a cara con un cazador enmascarado, enorme y fuerte, yo solo tenía una ballesta en la mano y tampoco era que estaba débil o estaba a punto de morir, pero este cazador claramente estaba muy por encima de mi nivel. Intente alejarlo con mi telequinesis pero el hombre, era más rápido. Había olvidado lo rápidos que los Sealgairean podían ser, como se podían mover y golpear como toros. Me bloqueó en pleno ataque y, con sus manos arrebato la ballesta, me golpeó y me envió hacía atrás. No creo que él hubiera querido golpearme tan fuerte, – probablemente sólo quería mantenerme alejado de las balas – pero, debido a mi falta de coordinación en mi habilidad para responder, fui incapaz de enderezarme.

Oficialmente el plan de huida se fue al carajo.

Cuando me sostuve por mí mismo, noté que me estaba observando – o más bien observaba mis manos –. Creo que el hombre estaba esperando a que no le lanzara un ataque psíquico.

–Sabes que eres una mierda, casi me matas – le manifiesto, no es que su ataque me hubiera matado de hecho fue muy ingenioso de su parte, solo estaba enojado con los otros cazadores.

Todavía desorientado, y no con todos mis sentidos plenos trate de mantenerme en pie. Luego, lentamente, mi mano libre alcanzó el costado de mis sienes, toqué suavemente, sentía un ardor y un líquido correr, era sangre, probablemente cuando el tipo me envió al suelo. El hombre me seguía observando, le devolví una mirada desafiante y rápidamente me deshice de su agarre. Me dejó ir, aunque sabía que él me podría haber obstaculizado toda la noche si lo hubiera querido. Ya estando de pie podría luchar para intentar escapar pero incluso yo sabía que luchar sería inútil. La tensión dejó mi cuerpo, y sucumbí ante la derrota.

Sintiendo mi fracaso, el hombre se acercó, posando su mano en mi hombro, eras más fina de lo que pensaba y menos pesada de lo que parecía. Incluso atreves de su máscara pude sentir su tranquilidad. Me ofreció una reverencia y logró parecer sutil al hacerlo, lo que me sorprendió considerando su altura.

–Bien hecho soldado – hablo un hombre de entre las sombras.

disculpas su alteza – el hombre hablo nuevamente dirigiéndose a mí, su vos también sonaba muy joven, casi me parecía familiar.

Una luz morada se manifestó alrededor nosotros, eran los cazadores que estaban disparando hace un momento, había muchos de ellos, – No sabía que podían hacer eso– por la energía que desprendían podía sentir a unos cuarenta o talvez más, otra energía llamo mi atención, el hombre que aún se encontraba en las sombras y el tipo que me hacía reverencia desprendían otra energía. No eran Sealgairean.

–Y que están esperando pedazos de mierda – el tipo de las sombras hablo. – ¡Inclínense!

Los cazadores a mi alrededor se vieron entre ellos debatiendo en hacerlo o no, luego sus miradas pasaron a mí, este juego de miradas se estaba poniendo intenso y sinceramente no me agrada ya que la energía que desprendían no solo exponía sus presencias, también lo hacían sus emociones, y no eran para nada agradables.

El hombre que estaba en las sombras no se hizo de esperar, dio un paso al frente, y pasó su mirada a fría ante todos, que hasta a mi logro helar. Los cazadores presentes se inclinaron haciendo una reverencia hacia mí, no los culpaba si no les gustaba hacerlo, pase años golpeando y machacando Sealgairean en todas mis huidas. Una vez cuando estuve de pasada en Juárez un grupo de cazadores estuvo a punto de atraparme mientras estaba en clases, uno de ellos se hizo pasar por un maestro, intento llevarme a una trampa en el salón de música, antes de que pudiera hacer algo le lancé un libro que le cayó en la cara haciéndolo caer escaleras abajo desde del cuarto piso.

– Buena suerte a la próxima bastardo – le dije para luego darle un escupitajo en la cara y patearle las bolas. Era toda una ternura a esa edad.

Ahora entre la tenue luz de la estación pude ver al hombre con claridad, no era un hombre, era un chico y no mucho mayor que yo, traía puesto un abrigo negro encima que cubría todo su cuerpo a exención de sus botas, la energía que desprendía era muy diferente a la de otros seres con los que me había encontrado, se sentía como la oscuridad y el fuego al mismo tiempo.



Andres Castro

Editado: 26.09.2019

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