Herejía: La Ciudad del Profeta

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4. Rebeliones Ocultas

La casa se encontraba sumida en un profundo silencio, la oscuridad reinaba sobre el caos que había dejado la pelea de mis padres, él se ha ido, nos abandonó, nos dejó como si fuéramos una basura. Los demás nos rechazarán, todo el peso social caerá sobre ella, dirán que es una mala mujer para vivir, que sus hijos han sido criados de mala manera. Las personas hablarán de ella, la juzgarán por algo que ellos mismos saben es injusto, algo que no debería de pasar pero no tendrán piedad, nadie tiene piedad ahora. 

La madre de Travis se encontraba ayudando a mi madre a curarla de sus heridas por su pelea de hace rato, mi hermano también se encuentra mal, una gran rajadura le atraviesa la frente, sus brazos tiene varias cortadas y el labio reventado. Debería de sentirme contenta de que mi padre en teoría ya no nos va volver a molestar pero eso también podría sellar mi destino. Me podrían llevar con ellos, si este año deciden que van a elegir al azar a quiénes sacrificarán en las murallas, de seguro seré yo. Si mi padre no me quiere dejar su negocio, me quedaré sin un futuro, no conozco más que vender leche y queso en las calles, yo no sirvo como los otros, no sé nadar o pescar, no puedo ver ni siquiera un pedazo de carne de un animal recién aliñado sin que me de asco. ¿Qué se supone que haré? Sino consigo trabajo... me enviarán con ellos. Seré carnada igual que el padre de Travis. 

Naori se ve muy afectada por la pelea de hace rato de mis padres y yo también estoy muy afectada. No ha pasado más de una hora desde que eso ha pasado, los platos siguen quebrados en el suelo de la cocina, los muebles están rotos, todo está regado por doquier. No me quiero ni imaginar el infierno que sufrieron mientras yo nada más huía, no podía soportar los gritos, quizás hubiera podido hacer algo para evitar que mi madre fuese apuñalada y mi padre se marchase de casa. Si las autoridades llegan a saber algo podrían tomar represarías contra ella y si mi padre no se quiere hacer cargo de nosotros, podríamos ser olvidados, condenados a vivir en las pequeñas comunidades de personas, lejos de las ciudades, en una pobreza mucho peor que la que vivimos. Lágrimas siguen cayendo de mis ojos sin poder evitarlo. ¿Quién quisiera tener este destino? ¿Cómo es que la vida te puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos? 

  — Lo siento, sino le hubiera dicho nada a su padre, quizás podrían tener una oportunidad más de vivir —  Susurró nuestra madre en el sofá en el que la madre de Travis la tenía mientras le limpiaba las heridas. 

No, no nos puede estar diciendo estás cosas, no quiero perderla, no a ella por favor. ¿Acaso es esto a lo que estamos destinados? ¿Qué de lo que siempre hablan en su perfecta religión? ¿Qué hay de aquel dios de amor del que tanto hablan? ¿Por qué debemos de sufrir de está manera? Si existe Dalal, si existe Kiasela, si existen algún otro dios o fuerza mística, por favor, tened piedad de nosotros, por favor. Niara abre mucho los ojos y se le abalanza a mi madre al igual que yo, ambas sumidas en llanto. 

— Noemí, por favor, cuida de mis hijos, te lo pido, si mi ex marido no los quiere mantener ni reconocerlos después de que me llevan, por favor, adopta a mis hijos, sé que es una gran carga pero en mi cuarto tengo un poco de dinero guardado, espero que eso sea suficiente para sostenerlos al menos por un tiempo— Sollozó mi madre. 

No quería esto. No se la podían llevar a ella, no la quería perder, no a ella, no a mi madre. 

— Está bien Sophia, cuidaré de tus hijos como si fuesen los míos, haré lo posible por que no les falte nada—  Susurró la madre de Travis ahogando el  llanto que no podía darse el lujo de sacar. 

El profeta es muy estricto con sus normas de vida y convivencia, si un hombre pecador crea una pelea o un disturbio en la calle, será castigado con cárcel, si es mujer puede ser condenada a servir en las murallas o en los experimentos. Quizás tengan más consideración con ella por ser sangre pecadora clase dos, ella tiene más sangre limpia que mi padre, quizás solo la pongan en la cárcel. Prefiero eso a una sentencia de muerte segura que vivirá a las afueras, en esos lugares donde solo hay nieve, hielo y esos monstruos que son lo que quedan de aquella pandemia que destruyó lo último de los humanos. 

  Valerik no puede apartar su vista sombría, piensa que es su culpa, estoy seguro que está pensando que si no le gustase cocinar, quizás habría podido evitar todo esto, mi padre estaría aquí y mi madre también, estás son las últimas horas que pasaremos juntos, antes de que salga el sol vendrán los de seguridad para hacerle un juicio. Travis se encuentra a las afueras de la casa, en la puerta mirando desde lejos. Esto le afecta mucho también, él ha perdido un padre por las mismas razones, se lo arrebató el profeta y a mí me está arrebatando a mi madre también. 

  — Por favor, vivan, si su padre no los acepta no le culpen por favor, Valerik si lo que te gusta es cocinar te pido por favor que no dejes de hacerlo, estoy segura que podrás saber defenderte entre las casas de los sangres pura, estoy segura que podrás conseguir una buena chica entre ese montón de niñatas creídas, podrás superarte y ser un sangre impura, Niara no te preocupes por mí, tus hermanos cuidarán por ti, se una de las mejores sirvientes de esas personas, se feliz por favor, no te culpes ni eches toda la carga en tus hombros y Alena, si tu padre no te quiere dejar el negocio, ve donde Jordan Brauveir, él te puede conceder un trabajo, se feliz, aunque no lo quieras, cásate por tu bien, cásate con Travis, él es un buen chico y te cuidará bien, son los mejores hijos que pude haber tenido y espero los pueda volver alguna vez, cuídense, los amo—  Dijo mi madre, sus últimas palabras hacia nosotros. 



Naran Sellers

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En el texto hay: utopia, futuro postapocaltpico

Editado: 17.01.2019

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