Herejía: La Ciudad del Profeta

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11. La calma siempre le antecede a la tormenta.

 

Sé que podría parecer contradictorio, pero es lo que pienso. Quiero libertad, la deseo, la ansío mucho, pero tampoco me estoy fiando por completo con esas personas. He aprendido que la confianza es algo que no le puedes dar a cualquier persona, puede que al final se conviertan en algo igual de lo que desean destruir. Traidores. 

Los humanos somos impredecibles,  nunca sabrás como actuarán al final del día, puede que sigan el camino de sus sentimientos, aquellos que nunca podrás conocer al fondo, o puede que usen la lógica, la inteligencia, algo más fácil de poder predecir. 

¿Qué si ellos nos van a liberar? Puede ser, aunque será un camino difícil. Nosotros tenemos los recursos que ellos necesitan, somos más aquí, pero no tenemos poder suficiente para hacerlo. Todos tienen miedo de que en verdad Dalal exista y nos venga a castigar, yo aún no sé que pensar de todo esto. No quiero creer que exista un dios que nos ha castigado de tal manera, sin ser nuestra culpa, sin haber cometido más pecado que la misma acción de nacer. ¿Acaso eso es la misericordia?  Nacer con sangre pecadora, pagar por el pecado de alguien más. ¿Eso es justo? 

Pero es lo único que me han enseñado toda mi vida, por más que no lo desee, siempre en el último momento, en el rincón de mi cerebro que nunca pensé utilizar, estará ese pensamiento, esa creencia de que Dalal y Kiasaela en verdad existen, que nos castigarán, que todo esto está mal y si nos arrepentimos quizás consigamos un poco más de salvación. 

El miedo, el terror a lo desconocido es lo que nos ha tenido atados a esta vida insufrible, pero si seguimos así, con los ojos vendados, puede que sigamos así para siempre, en un ciclo de dolor y sufrimiento durante generaciones, cuando hubo un tiempo en que eramos libres, en que podíamos ser quienes quisiéramos ser, teníamos sueños y metas que cumplir, la vida no era solo despertar, trabajar y dormir, todos aquellos libros que me he leído, cuentan un pasado mucho más maravilloso del presente que ahora vivimos. ¿Cómo puede ser que el pasado es aún mejor que el presente? 

Suspiré mientras me daba una vuelta más sobre mi cama, el ruido de las aves pequeñas que andaban rondando cerca me molestaba un poco, tan solo un poco. El ruido de las demás personas que volvían a sus actividades diarias me eran familiares, como si fuera un sonido que contrastaba por completo con el ambiente de la quietud, se mimetizaba, eran uno solo y me permitía sentirme más comodidad. 

La suave brisa, el bullicio de las calles, el ruido del movimiento en las calles aledañas, los gritos de los niños pequeños que corrían por las calles, todo era vida para mí. El calor que hacia en aumento por cada centímetro que ascendía más el astro rey apenas me perturbaba, las sábanas que me cubrían de la cintura hasta los pies se sentía bien, no me daba demasiado calor. 

Había logrado quedarme más tiempo, había logrado convencer a mi hermano de unirme a las fuerzas rebeldes, me iría dentro de unos días, junto con la gran cantidad de adolescentes que asistirían a la ceremonia en Molonqai, desparecería entre ellos en medio camino, quedaría nada más como alguien que falleció en el camino por una enfermedad o ataque animal. 

Aunque son muy raros los animales salvajes en los bosques, normalmente abundan en Germania y Britania, osos, liebres, venados y otro sin fin de animales que se pueden comer o son enemigos nuestros. Por el simple hecho que nos pueden comer también. Porque también necesitan sobrevivir. Al igual que nosotros, nosotros los pecadores somos como ellos ahora con la diferencia que esas bestias de poca racionalidad son más libres que nosotros. 

Pueden caminar y vagar libremente por todo el mundo, sin hacer trabajos forzados para otros, solamente preocupándose de su propia existencia, pero nosotros, los seres humanos cuyos antepasados cometieron graves pecados ante Dalal, debemos servir a otros, debemos de comer y vestir con lo mínimo hasta el punto que la media de vida ha bajado demasiado. 

Los muertos por edad son una bendición según cuentan, los suicidios nada más no son cometidos porque es un pecado y le tememos más miedo a lo que sucederá después en la otra vida que a nuestro propio dolor que cargamos, pero es así, solamente de esta manera en la que algunas mentes han logrado reunirse y formar la facción rebelde, esos a los que tanto he críticado y a los que me he unido. 

Me levanto y salgo de la casa para caminar un poco, siento un poco de tristeza el saber que Niara se quedará sola en este mundo pero es lo mejor que podemos hacer por ella, que piense que morimos por otras causas que no son la nueva revolución, si ella se entera odiará al sistema si es que perdemos, sufrirá y quizás la castigen por ser familiar nuestra. 

A fin de cuentas, quizás tenga a nuestra madre de vuelta y pueda tener lo que mi hermano mayor y yo nunca podremos tener, una vida más o menos normal, va tener un buen futuro, casada con un buen hombre y criando de manera correcta a sus hijos, algo a lo cual ni yo ni mi hermano estamos dispuestos a hacer. Al menos yo no. 

¿Acaso mis únicos sueños deben de limitarse a ser madre, limpiar la casa, cuidar a mis hijos y mi esposo y además trabajar? ¿Acaso no puedo vivir mi vida antes? No veo la necesidad de  tener hijos, la tan sola idea de tener una de esas cosas me repugna, me repugna tener que alguien que dependa de mí. Para algunas personas puede ser su mayor sueño pero no para mí, en los viejos libros leí historias de mujeres que cambiaron el mundo, mujeres que tuvieron grandes carreras. ¿Por qué no podemos volver a esos tiempos? 



Naran Sellers

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En el texto hay: utopia, futuro postapocaltpico

Editado: 17.01.2019

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