Herejía: La Ciudad del Profeta

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12. La voz del espejo roto

 

"Alguna vez fuimos libres, alguna vez creímos tener el control de todo, ser dueños de nuestro propio mundo, pero fuimos unos ilusos y nos dejamos engañar, solamente eramos marionetas que vivían en un mundo de mentira" 

 

El ruido era insoportable, en las todas las calles habían varios niños que iban corriendo de un lado para otro, las casas se encontraban llenas de extrañas decoraciones que tenían como objetivo buscar la suerte para la salida que tendríamos nosotros a la mañana siguiente. 

Tradicionalmente se decoraba toda la casa por dentro y por fuera, con luces de extravagantes colores, se ponían una especie de amuleto de forma circular que iba colgando en medio un objeto preciado de la persona que haría el rito, simbolizaba algo que le estábamos dando a Dalal y que se nos devolvería cuando volviéramos a nuestras casas. Por dentro se ponían guirnaldas de colores, se preparaban varios platillos, una de las únicas cenas anuales donde podíamos disfrutar de alimentos que usualmente teníamos prohibidos. 

Carnes importadas, cerdo, res, pollo, conejo,cordero, pato. Pastas traídas desde otras ciudades, frutas, vegetales, especias. Son los únicos momentos en los cuales se nos tiene permitido comprar y usar esos productos. Suele el varias el plato de comida familiar según el sexo y la cantidad de personas que irán al rito por familiar. 

Si es hombre el plato principal de la casa debe de ser cerdo o cordero, en cambio si es mujer debe de ser conejo o pato. Si son dos o más dependerá de si la mayoría son hombres se comerá res y si la mayoría son mujeres se comerá pollo. 

Cuando le tocó irse a mi hermano mayor, mi madre cocinó un cerdo completo, fue un lujo total. En está ocasión que no está ella, ni mi padre, nos tocará a nosotros mismos preparar la cena. Bueno, mejor dicho a mi hermano mayor y a mi hermana menor, puesto que yo soy la festejada y no puedo pisar la casa hasta la cena. 

En celebraciones normales, tengo que ir a la zona de tiendas de ropa a buscar el vestido más hermoso que pueda pagar, son pomposos, grandes y extravagantes, su objetivo es llamar la atención después de todo, decir que pronto seré alguien digna de la confianza de Dalal y el profeta. En el caso de los hombres, también se arreglan lo mejor que pueden, compran los trajes más lujosos, se bañan en perfumes y hasta se cambian el corte de cabello, algunos incluso copian las modas de puros y se lo pintan. Luego de eso, vestida de manera supuestamente hermosa y arreglada me dirijo hacia el templo, en cuyo culto nos hacen menciones especiales y una especie de bendición para decir que todo saldrá bien, luego de eso un familiar nos ata los ojos y nos guía hacia nuestros hogares.

Esto simboliza la guía y luz que Dalal nos dará y debemos seguir ciegamente, hasta llegar a la casa decorada con música de fondo a todo volumen, la cena estará lista con toda nuestra familia ansiosa para comer, contar chistes y anécdotas además de dar consejos. 

Si hubo un hermano que ya antes hizo el rito, le da a su hermano mayor una pulsera roja que simboliza la suerte, todos esperamos ansiosos entre nuestras cenas y fiestas en las que todos los vecinos nos visitamos unos a otros y deseamos suerte al hijo de la casa que se irá. Como muestra de respeto se deja una fruta o un alimento en la casa del otro y este le da a cambio también algo de comer. 

Así se hace hasta llegar a la media noche, momento en el cual todos regresamos a nuestras respectivas casas y cada familia enciende una vela por el hijo que irá hasta la capital del profeta, una vida que será ofrendada simbólicamente hacia nuestro dios. En el caso de algunas familias, anteriormente como hacía mi abuela, encendían una vela por los muertos de la familia y le rezaban un quikpo por cada uno, ponían incienso y pedían que guiasen el camino del hijo de la casa que iría al rito. 

Ahora ese rito casi no se hace, algunas familias, las más alejadas de las ciudades y centros pecadores aún lo hacen, pero nosotros lo dejamos de hacer hace algunos años, puesto que fue proscrita una ley por parte del sumo sacerdote del profeta, en el que decía que el culto a los muertos estaba prohibido, y entre esas formas de rendir culto y homenaje a los antepasados, se encontraba esa práctica, considerada pagana, del viejo mundo que llevó a la ruina la humanidad. 

Travis por su parte se encontraba feliz de la vida, probándose un traje color vino de estilo no pecador, con corbata y saco,  creo que se encuentra más emocionado que yo, fue a una peluquería para que le pintaran el cabello de un tono anaranjado suave que a veces, dependiendo del ángulo y la luz, se podría confundir con un rosado oscuro o un rojo suave. 

Yo por mi parte me había alisado por completo el cabello y pintado las puntas de un azul profundo, al igual que había mandado a rapar una pequeña parte de mi cabello, recordaba haber visto esa moda en algunas revistas antiguas. Mi vestido constaba igual que los demás, debía de ser pomposo por obligación, era de un plateado destellante, tenía algunas incrustaciones en la parte baja y según la vendedora parecía una verdadera valquiria ascendida de los paraísos de Dalal. 

El sol estaba comenzando a ponerse y nuestra obligación, a pesar de que no habían pastores o sacerdotes que oficiasen los cultos, era ir al templo a pedir la bendición del dios nuestro, dejando flores en la imagen central, papelitos pidiendo deseos y una candela encendida luego de rezarle un quipko. 



Naran Sellers

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En el texto hay: utopia, futuro postapocaltpico

Editado: 17.01.2019

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