Herencia de Sangre © Saga Lazos Malditos

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Capítulo 5. Verdades Ocultas (Terminado)

La alegría para John demoró un par de minutos. Al verlo allí en esa condición, le partió el alma. En ese instante no dejaba de pensar en lo duro que había sido tener que afrontar todo esto ella sola. Trato de mantenerse fuerte por el bien de su familia.  Todo aquello le resultaba difícil de controlar, así que le pidió que fuera por un café ya que necesitaba ser débil y no quería que ella lo viera de esa manera. Rose salió de la habitación sin titubear. Necesitaba hacerlo, el frío era tan concentrado allí y el ambiente se sentía de lo más de pesado que incluso dolía al respirar.

Para él, estar frente aquella cama de hospital resultó ser devastador, sus lágrimas no se contuvieron por algunos momentos no dejaba de pensar en cómo la muerte rodeaba nuevamente a su familia. Ese sin dudas fue su momento de debilidad, uno que sin medir palabras vino de la nada y empezó abrir heridas en la mente de su esposa y la de él. John no quería perder otro hijo, el solo pensarlo rompía en trozos su ya desbastado corazón.  ¿Qué padre iba a estar preparado para ver a un hijo en esa condición o verlo partir? La respuesta sin lugar a dudas lo dejaba sin aliento.

            Se sentó a su lado y tomó una de sus manos entre las suyas. Quería que Jack supiera que él estaba ahí. Aun estando débil sintió el tibio calor en su mano. De alguna forma sabía que alguien lo estaba llamando, que sus papas estaban allí, él lo presentía. Como si tuviera una venda presionando en su garganta le fue imposible decir algo. Sacar tan siquiera una esquirla de fuerza lo debilitaba completamente. Él solo hecho de intentarlo en esa ocasión hizo que su mente cayera en lo más profundo de su ser.

John estaba tan agotado que sus ojos no podían mantenerse abiertos. Rose por su parte, aun aplicándose el mejor corrector del mercado no podía ocultar esas grandes ojeras negra-azules debajo de sus ojos. Era tal su grado de cansancio que poco a poco se apoderaba de ella. Después de haber ido en busca del café, sus pasos fueron cada vez más lentos. No podía mantenerse despierta por más tiempo, sabía que se merecía un descanso pero era tan difícil de hacerlo debido a que entre el miedo, la angustia, y todos aquellos sentimientos que la invadían. La sola sensación de cerrar sus ojos por un par de segundos le hacía tener pesadillas.

Su camino de vuelta fue tan largo, sus pies se sentían tan pesados, cada paso que daba era como si levantara un saco lleno de arena. El cansancio durante ese momento no midió tiempo y lugar, sus ojos se cerraron y el café en sus manos se deslizo, cayendo por completo en sus piernas, gritó de dolor como nunca lo había hecho.

            John escuchó la voz de su esposa entre sueños. Aquella sensación lo levantó. Aun medio dormido, escuchó nuevamente aquel gritó de dolor. Esa sin dudas es la voz de Rose; se dijo él. Se levantó del sofá y  abandonó la habitación tan rápido como pudo.

            Ella estaba en el pasillo de rodillas con una cara de absoluta desesperación. A pesar de lo ocurrido, aun sostenía uno de los vasos de café vacío, sintiéndose furiosa consigo misma por haber cometido tal torpeza. Su llanto sacó al equipo médico de sus puestos de trabajo. No lo que menos deseaba era ser el centro de atención pero el dolor punzante en su piel fue más fuerte que sus deseos.  Al verlo a él ante la multitud se calmó un poco y permitió que el personal se acercara a revisar.

  John estaba desconcertado y un tanto perplejo al ver como no paraba de llorar. Al retirarle el pantalón, fue evidente darse cuenta como aquella bebida caliente había hecho lo suyo en su piel. Una de sus piernas estaba enrojecida, el dolor era intenso e indescriptible pero los médicos la tranquilizaron al terminar de examinar la herida, la cual se curaría de seis a diez días. Para calmar el dolor le aplicaron un analgésico, Rose aprovechó la ocasión para descansar un poco. Aun incrédula ante tal situación hablo un poco con su esposo hasta que la mediación hizo efecto.

Mientras ella se recuperaba, él permanecía a su lado. Ya habían pasado alrededor de unas siete horas en los cuales los médicos habían realizado un sinfín de exámenes pero lastimosamente no habían hallado ridículamente nada.  Me sentí nervioso y por más que quise controlar ese extraño sentimiento intermitente, tenía mis sospechas, una muy mala que vinculaban a mi familia con lo que sucedía y antes de sacar conclusiones apresuradas, hablar seriamente con la cabeza actual de los Osterviser se convertía en mi mejor opción para despejar mi mente.

A la habitación entraron dos médicos, cuyos nombres eran Raúl Rodríguez y Diana Kelly, los había visto un par de veces pero Rose era quien permanecía en contacto con ellos. Sin decirme ninguna palabra fueron directo hacia mi hijo, revisaron su pulso y el equipo médico. El cual se había recuperado un poco, pero seguía siendo débil. Jack aún permanecía inconsciente pero no paso mucho para que él despertara. Me alegre haber estado en el momento justo para verlo regresar del infierno eso pensé yo.  Sus ojos se sentían demasiado pesados, la luz no le permitía abrirlos con facilidad. Trató de levantar sus brazos para intentar limpiar un poco sus ojos, pero al notar cierto movimiento en sus brazos. Ambos doctores revisaron su grado de conciencia y lo llamaron por su nombre. Él respondía a los estímulos. Articula palabras pero le costaba mantenerse consciente. Pese a estar viéndolo con mis propios ojos seguía incrédulo y al mismo tiempo agradecido.



Santiago Ríos

Editado: 29.12.2018

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