Herencia de Sangre © Saga Lazos Malditos

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Capítulo 6. Mil veces maldito (Terminado)

Verle a la cara y sin poder contar absolutamente la mañana siguiente después de aquella confesión fue sin dudas uno de los mayores desafíos psicológicos para Rose. El cansancio y la fatiga visual en su mirada eran prueba que no había podido dormir tranquilamente.  

Tomar esa mañana el desayuno resultó ser más difícil de lo que pensó, por más que quiso desviar su mirada, durante ese momento sus ojos se cruzaban sin dudar. Jack notó el extraño comportamiento de su madre pero no le dio demasiada importancia. Solo pensó que sería un problema de falta de sueño por alguno de sus proyectos. Él se había levantado con algo de cansancio en su cuerpo que incluso hacer cualquier movimiento le resulta difícil. Esa mañana le costó ponerse en pie, ya que, desde la madrugada un dolor empezó a invadirlo en su espalda, al principio fue leve hasta que poco a poco el dolor fue aumentando hasta hacerle perder el sueño a causa del dolor.  

Se movía de un lado a otro buscando de alguna forma que el sueño fuese más fuerte que ese malestar. Algunas veces lo lograba pero el dolor resultaba ser más fuerte que lo levantaba de golpe, cuando eso le sucedía daba vueltas en la cama haciendo el menor ruido con tal de no levantar sospechas en el equipo médico y evitar su traslado hacia aquella habitación. Durante esa madrugada, hizo todo lo posible para soportar con creces un sufrimiento que con el paso de las horas solo se incrementaba. Ese domingo, durmió  durante casi todo el día  esperando despejarse y tomar un poco de aire fresco en el jardín, eso hubiese preferido hacer sin necesidad de ser vigilado por una cantidad absurda de escoltas. Para él, no resultaba divertido que más de doce personas estuviesen a su alrededor cuando lo que más quería en esos momentos era ser una persona normal. Resignado por las órdenes de su progenitor, se dirigió a su habitación y se encerró en ella. Estando allí se dedicó a ver televisión hasta caer dormido.

Esa noche alrededor de las diez y quince, el silencio dominó su habitación. No era ese típico silencio el cual venía al caer la noche más bien era un calma pero misteriosa llena de oscuridad y miedo.  Jack no podía darse cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor dado  que se había quedado dormido. Una sensación de hormigueo se desplazaba de arriba abajo en su espalda de forma quemante, sin embargo, al tratar de levantarse su cuerpo no reaccionaba a ninguno de sus movimientos. Abrió sus ojos al sentir como aquella sensación en su espalda se hizo cada vez más fuerte. Sin poder darse cuenta,  poco a poco se fueron escribiendo en su piel algún tipo de mensaje, como pudo mordió su lengua evitó con toda su fuerza hacer algún tipo de ruido. El dolor con cada trazo se volvía indescriptible por más que intentó mantenerse consciente el dolor fue superior a su fortaleza y terminó perdiendo el conocimiento.

        La mañana siguiente, creyó que todo hizo parte de un horrible sueño debido a sus constates preocupaciones. Sin embargo, al tratar de levantarse resultó ser de alguna forma problemático, antes de ello no se percató por qué había dormido de espalda posición que odiaba. No le dio tantas vueltas al asunto y volvió a intentar ponerse en pie. En este segundo intento se dio cuenta que le dolía su espalda, en ese momento la duda se apoderó por completo de él. Su corazón comenzó a latir con fuerza, por alguna extraña razón temía que aquel sueño fuese realidad teoría que terminaría confirmando después de ver su espalda en el baño.

Al verla en aquel enorme espejo aceleró por completo su corazón, su respiración incluso se volvió más rápida. Jack no sabía cómo reaccionar lo único que pensaba en ese momento era que cada vez más se estaba volviendo en el protagonista principal de alguna novela de terror o algo parecido. No podía apartar su mirada de su espalda en últimas creyó que tocando esa parte de su cuerpo le ayudaría a entender si era parte de su sueño o en verdad esta sería su realidad. Dirigió su mano con algo de temor y algo de duda hacia aquella zona, este último sentimiento lo hizo vacilar en un par de ocasiones que después de unos minutos finalmente logró hacerlo dándose cuenta que no hacia parte de un sueño.

Aquello en mi espalda llamó por completo mi atención puesto que estaba escrito en un idioma que nunca había visto en mi vida. Traté de leer aquel extraño idioma pero todo resultó ser una pérdida de tiempo en ese momento, debido a que el miedo se apoderó por completo de mí. Lloré con todo el derecho, sentí que mi presente se derrumba rápidamente frente a mis ojos no pude soportar lo que sentía que grite sin medir el tono de mi voz: ¿por qué?  Tantos interrogantes parecían presionar mi interior, traté de ocultar la realidad con locura en ese preciso instante permitiéndome de alguna manera conservar mi propia cordura. Al final todo resultó ser más doloroso porque no pude controlar lo que no entendía.



Santiago Ríos

Editado: 29.12.2018

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