Herencia de Sangre © Saga Lazos Malditos

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Capítulo 10. Caída hacia la desesperación (Terminado)

Habían pasado unas duras cuatro semanas de aquel incidente y su estado de coma persistía a pesar de los esfuerzos que venía realizando el personal médico a su cargo. No encontraron ningún tipo de daño en su cuerpo que les hiciera pensar algo peor, aunque le manifestaron a John y a Rose la posibilidad que él mismo Jack fuese el causante de tal colapso como una forma de escapar a lo que le estaba sucediendo.

Su madre una mujer de sociedad no estaba acostumbrada a gastar grandes cantidades de tiempo en un lugar con lo era el CIO. Durante esos días, perdió peso y su mirada tan apagada reflejaba el dolor que la embargaba. Pasar de usar costosos trajes, estar perfecta las veinticuatro horas/siete fue un cambio inesperado, estaba despeinada y solía vestir casi siempre pijamas cada vez que puso un pie ene se lugar. Su padre aquel hombre de negocios, se vio obligado a viajar a Colombia nuevamente cuando la construcción del oleoducto alcanzó un punto crítico y su presencia en el país se volvió primordial.

La soledad no le sentó nada bien a Rose a quien muchas veces encontraron hablado sola y llorando en la habitación de su hijo. Aquella fina mujer, perdió el brillo que la caracterizaba siendo sombra de lo que era. En su vestir y como se proyectaba se podía notar fácilmente como la arrastraba tal sufrimiento y lo peor de todo era que estaba completamente sola.   

             La monotonía de los días no parecía cambiar, se levantaba temprano, se bañaba y en menos de quince minutos estaba lista. No se ponía ni una pizca de maquillaje, tomaba un desayuno con fruta, su chofer la llevaba al CIO en donde se encontraba de nuevo con la realidad de ver a su hijo allí, postrado en una cama antes que aquel ser se apoderase de él. Aun no entendía por qué debía callar, tal silencio arrinconaba sus propios sentimientos llegando en momentos a perderse entre sus pensamientos. Poco a poco dejó de disminuyeron las extenuantes visitas cada vez eran más cortas y su dejadez era más notoria con los días. John a pesar de estar alejado físicamente, se mantenía en contacto con Raúl y Steven

        Steven Borkeff quien se desempeñaba como director del equipo de investigación, día y noche trabajaba en su oficina con gran empeño con el único fin de encontrar alguna pista que lo condujera al misterio detrás de los sucesos que venían presentándose en el hijo de los Osterviser. La presión sobre sus hombres era demasiada puesto que luego de haberse ganado la empatía de John debía demostrarle su valor a nivel profesional y sumado a ello por cuestión de orgullo no quería defraudarse él mismo. Hasta el momento a pesar de tener a su disposición los mejores investigadores no había logrado llegar a descubrir nada en especial.

        Sus méritos y éxitos profesionales se quedaron cortos al reconocer como su orgullo como investigador lo devoraba. Cada día se convertía en una constante lucha para superar la frustración que le causaba el hecho de no encontrar alguna pista, pero lastimosamente su ingenuidad fue lo suficientemente grande para no ser consciente del brutal error que había cometido. Sin siquiera pensarlo se convirtió en la marioneta de Derek Osterviser, a quien debía informarle cualquier movimiento en el CIO sin levantar sospechas. Tuvo que aceptar sin queja puesto que se vio chantajeado por algunos errores del pasado que creyó haber superado, los cuales le costaron a la vida a un gran número de amigos. Tales recuerdos seguían presentes en su memoria y por mucho que intentó sepultarlos en el olvido, continuaban haciéndole daño pues ese día por su culpa murió también la madre de su hija. La presión psicológica fue tanta que no le quedo alternativa eso pensó. Además de caer en un tipo de paradoja de doble dirección de la cual quería escapar.  

        Con el paso del tiempo, las dudas en su mente incrementaron. Temió por la vida de su hija más que la suya. De ese hombre había escuchado algunos comentarios que se quedaron cortos al conocerlo personalmente y darse cuenta que estaba jugando con fuego uno tan grande que podía quemarse. Ese día además de tener la ingrata fortuna de verle por primera vez, se dio cuenta que detrás de esa mirada había algo oculto, tuvo ese leve presentimiento que hasta el sol de hoy seguía latente.

         Con frecuencia venían a su mente flash back de esos momentos, a este punto quería cambiar la manera en cómo estaba haciendo las cosas y borrar todo sentimiento de culpa, pero antes de eso, debía decirle la verdad a su propia hija, aunque eso significara ser odiado o incluso rechazado. Era eso o pecar por inocente al permitirles a ellos jugar con su vida llegando arrinconarlo por resultados. Si continuaba haciendo ese trabajo sucio en silencio no sería capaz de ayudarlo a él, lo supo siempre. Las circunstancias no daban espera y era necesario darse prisa con acciones concentras antes de ser corrompido más de lo que ya estaba a este punto.



Santiago Ríos

Editado: 29.12.2018

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