Herencia de Sangre © Saga Lazos Malditos

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Capítulo 18. Crisis en el paraíso (Terminado)

El tiempo en el que estuve inconsciente, comenzó a afectar mi juicio. Inmediatamente después de despertar y haberme recuperado me sentí extraño. A partir de allí, empecé a cuestionar mis propias acciones y toda mi vida. No fue sencillo para mí, hablar frente a frente con él, pretendí ser el mismo cuando en verdad en esa corta conversación fui todo lo contrario. Algo en mi cambio y aunque lo presentí no supe qué fue exactamente.  

Raúl se dio cuenta de inmediato que Jack no se encontraba mentalmente bien, con solo ver sus movimientos a través de las cámaras de vigilancia fue más que suficiente para notarlo. Hablaba solo cuando era el único en esa habitación, se jalaba el cabello, se golpeaba la cabeza con las paredes y había desarrollado problemas de insomnio.

Un miedo sordo que le paralizaba todo su cuerpo, que poco iba carcomiendo todo su espíritu, no sabía cómo y por qué lo había dejado entrar, solo pudo percatarse levemente como ese sentimiento de angustia y desosiego empezaba lentamente a consumir su cuerpo o podría ser algo más allá de su propio entendimiento.  

Tan pronto cuando se percató de ello, empezó a medir con mayor cautela sus acciones. Lo que menos quería era hundirse sin posibilidad de salir de ese espantoso y tortuoso encierro en el que se encontraba desde los últimos días. Quería ver a sus padres, sin embargo, no tenía permitido recibir visitas, su deseo de verlos fue demasiado grande, puesto que más que verlos necesitaba reanimar su propia confianza para seguir creyendo en sí mismo y no llegar a la locura.

Una locura que lo estaba llevando a un precipicio de lamentos, arrepentimientos, quejas y dudas sobre su verdadera existencia. En verdad quería tenerlos cerca, aunque no deseaba ser visto en ese estado tan deplorable. Esa se convirtió en su principal arma para superarlo. El día siguiente tomó la ventaja necesaria para salir de ese abismo al cual se había permitido llegar. Tomar un respiro fue sin lugar a dudas lo que realmente necesitaba cada vez que sentía que iba a caer, venía a su mente el rostro y la sonrisa de ella “Michelle”, el solo recordar su nombre fue suficiente para no hacerlo caer en la perdición. Sentir nuevamente el calor de su cuerpo, el latido de su corazón, la suavidad de sus pechos y su voz de placer cuando tocaba su piel. Ese placer había sido el santo grial de todo lo que sentía hacia ella, había descubierto cada uno de sus puntos débiles, a medida que se sucumbían más en un sexo lujurioso donde su lengua hacia todo de tipos de movimientos con tal de hacerla llegar al clímax.

En una ocasión en una de las casas de campo de su familia, tomó ventaja y la penetró tantas veces hasta quedar completamente extasiada. Nunca antes la había visto venirse de esa forma y él hasta ese momento no se había conocido por completo. En ese entonces aprendió a cómo hacer llegar al clímax a una mujer más de una vez. Algo que lo sido realmente feliz y al mismo tiempo orgulloso de sí mismo.

Sus pensamientos estaban en Michelle, quería saber de ella, por más que intentara hallarla todo había resultado en una búsqueda tortuosa sin ningún tipo de resultado.

—Has estado callado por mucho tiempo—. ¿Debo preocuparme?

A pesar que había llegado alrededor de unos cinco minutos, Jack no se había percatado de su presencia.

—¿Hola…h..o..laaaa?? . —Tierra llamando a Jack Osterviser quién al parecer está en otro mundo.

Pese mi insistencia. No obtuve ningún tipo de respuesta de su parte. Llegué a preocuparme, no era la primera vez que pasaba algo similar. Luego de unos segundos todo parecía volver a la normalidad.

— ¿Raúl? —Me tomaste por sorpresa ¿qué te trae por aquí?

— ¿Por sorpresa? —. Llevo más de cinco minutos llamándote y tú quién sabes dónde tenías esa cabeza. —Unos segundos más y estuvieras en una valoración de emergencia.

Aun con aquella advertencia, no me permití a mí mismo mostrar ningún tipo de temor, al contrario, después de aquellos recuerdos estaba más que listo para superar todo incluso la muerte.

Raúl al notar ese fresco cambio de actitud, solo sonrió. Desde el fondo de su corazón quería ayudarlo sin importar el costo, debido a sus fuertes lazos de amistad.

          Unos días después, la noticia de su mejoraría llegó rápidamente a los oídos del director general quien de inmediato, le pidió realizar todo tipo de exámenes físicos, psiquiátricos, de sangre y todos los exámenes humanamente posibles. Quería de antemano lavarse las manos ante cualquier tipo de enfrentamiento con John, algo similar ocurrió en el pasado y esa vez tuvo un fuerte enfrentamiento con él, dejándole un mal sabor de boca en esa ocasión.



Santiago Ríos

Editado: 29.12.2018

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