Hey, Rubia

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Capítulo 2 | Hermanito menor

No me noto desde que llegue a la fiesta James no vio ni mis luces, estaba demasiado concentrado mirando a la delgada chica que bailaba en la pista. Hablarle no sería buena idea porque note como otra chica lo intento, pero él no prestaba atención solo miraba a esa chica de la pista. Isabella me aconsejo que bebiera si me emborrachaba no recordare ni siquiera como me llamo. Solo tome una cerveza de una de las cuantas neveras con hielo que había por toda la casa.

James camino hacia la chica de la pista con decisión, es hora de que me valla a otro sitio. Camine hacia el patio de afuera con algo de suerte no veré como el amor de mi vida coquetea con una chica que no soy yo.

Fuera no había mucha gente estaban todos dentro bebiendo, bailando y riendo. Mejor quería estar sola para llorar. Aferrando una mano en el barandal incline mi rostro hacia abajo cubriéndolo por una cortina rubia de cabellos. En las películas el amor es difícil pero los protagonistas saben la existencia del otro en mi caso él no sabía que existo. Una primer lagrima cae volando por el aire hasta deshacerse en el barandal. Sus hermanas la siguieron mientras pensaba que soy una cobarde, había encontrado a mi primer amor, pero no podía hablarle.

– linda noche – la voz de un chico hablo a mis espaldas. Rápido seque mis lágrimas con el dorso de mi mano ocultando mi rostro hasta que los sollozos se calmaran. – mi hermano tenía razón las fiestas de Julieta son las mejores – tome una bocanada de aire para luego alzar mi mirada girando para ver al chico. Alto con los músculos marcados bajo su camiseta cabello oscuro y ojos azules. Muy parecidos a los de James diría que iguales.

– estoy de acuerdo contigo esta es la primera fiesta de Julieta a la que asisto y es increíble – mi voz salió algo quebrada, pero intente que no se notara bebiendo un trago de mi cerveza. Observe al chico que tenía enfrente es muy parecido a James, pero su cabello y nariz es diferente. – soy Agustina Lemus un placer conocerte…. – deje la frase inconclusa para que el me dijera su nombre y cuando lo hizo quede petrificada.

– Alan Sullivan un gusto conocerte Agustina – tenía delante de mí al hermano menor del amor de mi vida. Mi cuñado. Bueno su hermano aún no sabe que somos novios, pero ustedes me entienden. Supongo que por la cara que puse el volvió a hablar yo no tenía palabras. – supongo que conoces a mi hermano James todo el mundo lo conoce – tomo un trago de su vaso y volvió a mirarme ahora entendía por qué esos ojos me parecían tan iguales a los del amor de mi vida.

– si lo conozco a él, pero él no me conoce a mí – me encogí de hombros bebiendo otro trago de mi cerveza, por alguna extraña razón me sentía cómoda hablando con el menor de los Sullivan.

– valla eres la primera que no me dice que estuvo con mi hermano – se rió alzando su vaso – brindemos salud por eso – tomo otro sorbo. Apoyando su cadera en el barandal muy cerca de mí que aún me encontraba parada pasmada mirando a Alan.

– gracias creo ¿vienes de visita? – aparte un mechón de cabello de mi rostro apoyándome de la misma forma que Alan en el barandal.

– me transfirieron aquí por mi beca deportiva ¿tú que estudias aquí? – el gran dilema que convoco a mis padres cuando salí de la secundaria. Por un lado, mi mama quería que fuera doctora de medicina general como ella y mi papa quería que fuera abogada como él. Termine desciendo por mi sin escuchar las quejas de mama y con el apoyo de mi padre, elegí ser una artista una pintora. Obviamente mi madre puso el grito en el cielo diciendo que me moriría de hambre siendo algo como eso, pero papa me dijo que no la escuchara. Luego de varios berrinches por parte de mi madre termine viniendo a la misma universidad que James y ese primer amor en mi nació de nuevo el chico de mi niñez al fin lo había encontrado.

– no te rías, pero estoy estudiando dibujo y pintura – espere su risa como la de todos cada vez que escuchaban lo que estudiaría o incluso sus argumentos de que con esa carrera mis ingresos serán escasos. Nada de eso paso las apariencias engañan y Alan lo hizo cuando me respondió.

– me gustaría algún día colgar una de tus pinturas en mi sala – volteo su rostro para verme y con los mismos ojos de su hermano él me sonrió con amabilidad. Le devolví el gesto sin ningún rastro de vergüenza, él fue acercando su rostro al mío y el pánico comenzó a crecer dentro de mí. No quiero que me bese, sino que me presente a su hermano.

No sé si fue salvación del destino o una cachetada dura hacia mí. La puerta corrediza que daba al patio volvió a moverse y por ella salió la chica de la pista besándose con James. Siento que mi corazón es arrancado de mi pecho y pisoteado por una bailarina de flamenco. Lo que muchas veces las películas y novelas románticas no llegan a transmitir el dolor que te causa ver a la persona que quieres besarse con otra. La tos fingida de Alan saco de su sesión de besos a su hermano y la chica del baile.

– hermano – hablo muy risueño James el olor a alcohol llegaba hasta nosotros. Quise irme, pero la mano de Alan alrededor de mi cintura me freno.



Danny Baladon

Editado: 19.11.2019

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