Hey... ¡tú! Criaturita. (elrubius y tú)

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Capítulo 27: ¿Porqué está ahí?

—¿Cómo se portó la pequeña Hanna? —Dijo su madre en la puerta de mi casa, habían llegado a recogerla una semana después—. Espero no hayas molestado mucho a tía _____ —seguía hablando con su hija, ignorando mi presencia.

 

—Sabes, creo que ya no tendré hijos —me miró divertida—, con esta experiencia estoy más que segura.

 

—Como digas, ¿qué tal la has pasado? —Me sonrió un poco cansada.

 

—Algo sola, ya me había acostumbrado a los gritos de Itzel, después de haber vivido tanto tiempo sola, pasar a vivir con alguien más, es muy fácil acomodarse —me recargué en el marco de la puerta y sonreí de la misma manera de mi amiga.

 

—Te quejas como si tu novio no fuera tu vecino —me reprochó—. Pasas la mayoría del tiempo con él, ya que ambos trabajan desde casa.

 

—No es cierto, yo paso viajando y él a veces se encierra en su habitación. Es casi como tener un trabajo fijo —miré a la casa de a lado que solo tenía una luz encendida—. Pero pasando de eso, ¿Qué tal Nathaniel? Desde que sois pareja les he perdido un poco el rumbo.

 

—Sigue estudiando, pero ahora busca trabajo y piensa abandonar —bajó la mirada un tanto preocupada por la situación—. Yo encontré un trabajo cerca de una guardería, pero empezaré hasta que Hanna pueda comer otras cosas.

 

—Os ayudaré, no quiero que seas modesta. Para eso están los amigos —ella y Nathaniel me habían ayudado mucho cuando estudiaba en secundaria contra una brabucona, les debía el hecho de no haberme suicidado.

 

—Gracias, ­­_____ —me dio un abrazo con cuidado de no aplastar a Hanna y me sonrió—. Vale, me voy. Ya es tarde, cuídate, ____.

 

—Igualmente, Abby.

 

Entré a la casa y me fui directo a mi habitación, pronto mi celular comenzó a vibrar con llamadas de un número desconocido, contesté dudosa y esperé a que alguien hablara.

 

—¿Hola? ¿Hablo con _____ Álvarez? —Dijo una voz femenina.

 

—Sí, ella habla. ¿Qué necesita? —Dije seria, no me daba buena espina esa tía.

 

—¡Qué suerte!­ —Habló aliviada—. Rubén… Eh… Tú novio, está aquí, no está bien, me ha dicho tu número y que te llamara, luego se desmayó… Creo que está borracho.

 

—¿Puedes decirme dónde estáis? —Dije bajando las escaleras hasta llegar a la puerta que daba a la cochera. La chica me dio la dirección, uno de los antros más visitados de Madrid—. Vale; gracias por avisarme.

 

Conduje lo más rápido que pude hasta el lugar y entre sin permiso de los guardias, quienes me siguieron —el cual era mi objetivo— y llegué hasta el baño de hombres.

 

—Señorita, usted no puede pasar así como así —me tomó del hombro un hombre musculoso de casi dos metros—, tiene que salir ahora.

 

—Lo sé, pero necesito llevarme al chaval que está desmayado al final del baño, ¿me hace el favor? —El hombre solo asintió un poco apenado y se echó al hombro a Rubén. Lo dejó afuera junto a la entrada y me trajo un vaso con agua para hacer un amago de despertarlo, cosa que funcionó.

 

—Dime que haces aquí —le ordené molesta, el me miró apenado y no dijo nada—. ¿Por qué estás aquí? — Me molesté aún más, pero aun así no me contestó—. ¿Traes tu auto? —Negó con la cabeza—. Bien, vámonos.

 

Subí en mi moto y le tendí el otro casco a Rubén, lo tomó sin titubear y se subió a tras de mí. Abrazó mi cintura y sentí como hacía pequeños movimientos con su dedo pulgar cerca de mi ombligo, cosa que me hacía estremecer.

 



Itzel Vega

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En el texto hay: elrubius, elrubiusomg, rdg

Editado: 16.10.2019

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