Hey... ¡tú! Criaturita. (elrubius y tú)

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Capítulo 3: En el mismo taxi.

(Rubius)

 

Estaba en el centro comercial, había quedado con Irina para arreglar las cosas, hace más o menos una semana que no hablábamos por una pelea. Y si, la pelea fue por algo estúpido y sin sentido.

 

La “cita” si así podía llamarle, era a las cuatro de la tarde, pero ella no había llegado aún, me comenzaba a desesperar, había pasado casi una hora.

 

Ya frustrado me levanté de la banca en la que estaba y caminé con la capucha puesta, según yo, para que nadie me reconociera. No obstante alguien se me acercaba y me pedía una foto.

 

Al principio pensaba irme a mi casa a pie, caminar un poco y reflexionar de todas las estupideces que he hecho. Pero saliendo de todas las instalaciones me dio flojera y entonces lo que me quedaba más cerca era pararme a media calle mientras pasaba un taxi. Y así lo hice.

 

Cuando un taxi pasó me paré frente a él y este frenó repentinamente. Me acerqué a la ventana y le dije al conductor si me podía llevar a mi casa. Amable y sorpresivamente aceptó.

Le di mi dirección y subí al taxi. Ya había alguien adentro: una tía que se me hacía bastante conocida. La miré por unos segundos y vi que su remera llevaba algo escrito: “Soy Criaturita del Señor <3”.

 

Me sorprendió un poco y sonreí. Ella no dejaba ver su rostro, miraba hacia afuera. Me volteé hacia ella, llevaba unas cuantas bolsas.

 

—¿Eres criaturita del señor? —Me animé a preguntar.

 

—Si —dijo cortante, eso no me agradó mucho, me molesté.

 

—¿Podrías verme? —No respondió ni se movió, la giré de manera brusca, para que negar que no me cabreé un poco.

 

Mi expresión seria no se desaparecía de mi rostro, en cuanto pude ver como los ojos se le iluminaban y una sonrisa se asomaba en su cara, sonreí de lado. Ella me abrazó, muy fuerte, le correspondí pasándole los brazos por encima de los hombros.

 

—Eres mi ídolo —comentó—. Esperé mucho para que llegara este día… Y ahora estoy en el mismo taxi, contigo.

 

Sonreí, me encantaba la forma en como mis criaturitas se emocionaban al verme. La miré a la cara y la pude reconocer. Ella era @______AM. No sabía el porqué de su nombre de usuario. Ella rió algo nerviosa, tal vez porque no paraba de verla raro.

 

—¿Tengo algo en la cara? —Me cuestionó con voz temblorosa.

 

—¡No! Claro que no —dije con rapidez—, solo que me pareces conocida — Hice una pausa pensando como preguntarle si era la chica que seguí en Twitter sin sonar tan directo—. ¿Eres @______AM?

 

¿Por qué soy así? Yo intentando no sonar directo y mi bocota me traiciona ¿En serio? ¿¡En serio?!

 

—Ah… ¡Sí! —Al principio pareció pensarselo pero después respondió de una manera alegre—. Tú me seguiste ¿no? —lucía un poco insegura.

 

—Sí, así lo hice —respondí—. Oye, ¿por qué tu usuario tiene “AM” al final? —Pregunté con curiosidad, mientras intentaba hacer una cara kawaii. No supe cómo me salió, obvio, no puedo ver mi propia cara.

 

—¡Ah! Eso —ee acomodó en el asiento—, son mis apellidos.

—Oh ya… —realmente quería saber cuáles eran sus apellidos, pero apenas la acababa de conocer, sería extraño—. Y… ¿Cuáles son? —otra vez ¿en serio?

 

—Ah, bueno… —se le notaba bastante insegura, tal vez pensara lo mismo que yo—. Son: Álvarez Myklebust— Concluyó con una sonrisa. Algo se me hacía raro.

 

En ese momento el taxi paró y el taxista dijo: “Señorita, hemos llegado”. Ella se bajó pero antes se despidió de mí con un “Adiós Rubius. Me has hecho el día” me abrazó y me dio un beso en la mejilla. De inmediato me bajé y le pagué al taxista, corrí atrás de ella y la detuve.

 

—Disculpa —dije con la voz agitada, ella se volteó y sonrió de una manera muy mona—, ¿podríamos seguir hablando?

 

—¡Claro! Este es mi edificio —señaló al que estaba frente a nosotros—. ¿Quieres entrar?

 

—Dudo mucho que este edificio pueda ser tuyo, pero sí, quiero entrar —ella rió. Estábamos frente a la puerta y le ayudé a abrir. Me agradeció y subimos a su apartamento; era bastante lindo y espacioso, con un toque minimalista—. Que lindo —solté viendo la decoración.

 

—Gracias —había dejado las bolsas en una mesita que estaba cerca de la puerta—. ¿Por qué querías hablar conmigo?



Itzel Vega

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En el texto hay: elrubius, elrubiusomg, rdg

Editado: 16.10.2019

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