Hey... ¡tú! Criaturita. (elrubius y tú)

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Capítulo 10: Tengo miedo.

—¡Sabes!— Grité con todas las fuerzas que tenía, las cuales eran muy pocas para el momento— ¡Estoy cansada! ¡Si quieres esto para mañana ve y pídeselo a tu abuela!— Estaba hirviendo en furia, ya estaba harta de lidiar con ella, y solo había pasado una semana. —¡No tienes por qué dirigirte así a tu superior!— La cara de la tipa estaba roja de furia. Alrededor de las diez de la noche y yo seguía en la oficina. —¡Pues me vale! ¡Mañana tengo que salir a Barcelona, ya que, la señorita perfecta, tiene asuntos más importantes!— Todo el piso estaba completamente vacío, así que me podía dar la libertad de gritar al tono que quisiera— Y si me disculpas— Dije más calmada— Me voy a empacar. Me di la vuelta y caminé al ascensor dejándola con la palabra en la boca; la semana había sido verdaderamente agotadora, para comenzar: el papeleo, secundando: mi estilo distrae a los demás empleados ¡cuando ni siquiera uso prendas llamativas o ceñidas! Pulsé el botón del primer piso del estacionamiento y las puertas metálicas se cerraron, los minutos parecían eternos y una jaqueca comenzaba a amenazar en mi cabeza, necesitaba relajarme y sabía quiénes me podían dar ese lujo. Me acerqué a mi motocicleta y me monté en ella, arranqué y salí rápido del estacionamiento, sentí el viento chocar contra mi cara, había decidido no llevar casco, lo que menos esperaba es que una patrulla se me cruzase en ese momento. Iba en dirección contraria a mi apartamento, llegué a aquel edificio en el cual había vivido las mejores fiestas de mi vida. Estacioné la moto frente a la entrada, no había problema con que lo hiciera. Caminé hacia la entrada y saludé a Marco, el guardia del lugar, él me conocía bien. Subí al tercer piso, donde se encontraba el apartamento de Abby y Nathaniel —Si, ellos viven juntos—, pero antes de llegar a su puerta, me resigné y di la vuelta para volver abajo. Me despedí del guardia y me miró confundido, subí de nuevo a la moto, me puse el casco y emprendí la marcha a mi departamento. Llegué a mi casa y me dispuse a empacar, mañana me esperaba un largo viaje. Ya tenía el boleto y lo que necesitaría listo, me dispuse a dormir, logré conciliar el sueño rápido, esa noche dormí como nunca. Desperté sin muchas ganas, quería seguir abrazando mi almohada mientras que el calor de mis sábanas me hacía tener una sensación que solo las madres pueden brindar. Me levanté y me di una ducha rápida, me vestí, bajé al vestíbulo y esperé el taxi que me recogería. Unos minutos y un auto negro se estacionó frente al edificio, un chico de mi estatura y otro más alto se bajaron de este, iban en dirección a la entrada de la sala en la que me encontraba, la puerta, a pesar de ser de vidrio, no dejaba distinguir mucho. Me estremecí, una rara sensación me atacó en el estómago y me abandonó cuando vi quienes cruzaban la puerta, charlando animosamente, al verme el más bajo me señaló y ambos sonrieron, yo les devolví el gesto. —¿Así que vosotros seréis mis choferes hoy?— Bromeé y saludé a ambos con dos besos y una abrazo— ¿Cómo estáis chicos?— Caminamos a la salida y Alex me ayudó con mi maleta. —Bueno, estoy bien, pero me preocupa que te vayas lejos y no voy a poder cuidarte en Barcelona— Habló angustiado el más bajo, Rubén y yo reímos, Alex siempre había sido un poco sobreprotector y por eso se le aprecia— ¡Eh! No se burlen, porque si no soy yo, ¿quién se preocupa por ti? —Sus padres ¿tal vez?— Señalé al castaño y asentí viendo a Alex, este solo se quejó y subimos al auto— ¿Puedes conducir más lento, enano?— Replicó Rubius. —Solo yo puedo decirle enano, Rubencio— La típica risa de Alejandro comenzó a escucharse dentro del auto— Así como solo yo te puedo decir Rubencio, y me la suda tres cojones que las y los fans les llamen así. —Tranquila muyaya, ya no le diré así— Me recosté en el asiento otra vez y escuché que murmuró algo:— Al menos no contigo cerca. —¡Te escuché, gilipollas!— Le di un zape en el cuello, el solo se quejó con un “auch” y me miró desafiante— ¿Cómo te fue en Francia?— Me miró confundido y luego miró a Alex. —Acostúmbrate— Se encogió de hombros— Ella es así, bipolar y dolor de huevos si no logras comprenderla— Rubius se volteó de nuevo para verme y me encogí de hombros. Saqué mi teléfono y no interrumpí más la conversación de los chicos, un par de veces reí por las gilipolleces que decía pero no pasaba de eso. Llegamos al aeropuerto y saqué mi maleta de la cajuela. Caminamos hasta la zona de espera. Nos sentamos a esperar la llamada de mi vuelo, Alex caminaba en círculos, Rubius miraba su teléfono, se le miraba concentrado en la pantalla. Curioseé un poco sobe lo que hacía, jugaba al Fornite, sí que estaba viciado a ese juego. —¡Rubiuh!— Grité cerca de su oído y me miró asustado— ¿Qué haces?— Sonreí y volteó para ver su teléfono de nuevo— No me ignores, hijo de puta. —¡Me hiciste perder a partida! ¡¿Quieres que te hable después de haberme hecho quedar quinceavo?!— Alex se detuvo a mirar la situación, la verdad es que me gustaba molestar a mis amigos, pero nunca me esperé ser amiga del Rubius o eme ge. —¿Crees que es lindo quedar segundo en PUBG por la culpa de un enano maricón?— Señalé a Alex, él solo puso sus manos en la cintura, se encogió de hombros y siguió caminando de un lado a otro— Aunque la verdad en la siguiente partida gané— Me recosté en el incómodo asiento de plástico. —¡Wow! Me asombras, PUBG sí que es difícil— Siguió con su juego y entonces le arrebaté el móvil, estaba en la pantalla de “acceso anticipado”. Me miró molesto. —¿Qué? Necesito matar el tiempo, y que mejor que matando personas en el PUBG versión mainkra— La partida comenzó y me distraje al menos media hora, jugando partida tras partida, en el móvil es más difícil jugar que en pc. Le devolví en teléfono a Rubén, me levanté a buscar una cafetería cerca, antes de poder llegar a la más cercana, el llamado a mi vuelo se escuchó por los altavoces, todas las personas se levantaban e iban hacia el detector de metales y el registro de documentos. Me alarmé y corrí a por mi maleta, los chicos me miraron confundidos y les di un abrazo y un par de besos a cada uno. —Gracias por traerme chicos— Y corrí hacia la zona de abordaje. (Rubius) _____ movió la mano en forma de despedida desde el otro lado del detector de metales, a Alex se le miraba angustiado cuando ella pasó por la última puerta y ya no la pudimos ver más. Me di la vuelta para comenzar a caminar mientras que el enano me seguía, no sabía el porqué de su preocupación. Ya en el estacionamiento, subimos al auto de Alejandro, él seguía inquieto, y comenzó a sudar, no lo había visto así nunca. Me puse el cinturón de seguridad y él hizo lo mismo, las manos le temblaban, no podía a agarrar el volante con firmeza. —A ver, yo conduzco— Salí del auto y Alex se quedó estático en el asiento— Hablo en serio, Alex— De mala gana salió dando un portazo, lo miré mal y subimos otra vez— ¡¿Qué cojones te pasa, tío?! —Nada— Encendí el coche y partí. Miré de reojo al peli-negro, estaba cruzado de brazos viendo hacia afuera con el ceño fruncido. —Ya estás igual de bipolar que tu prima, ya veo porque la comprendes tan bien— No dijo nada y siguió viendo hacia afuera— ¡Respóndeme, coño! —¡Vale!— Gritó— ¡Pero no me grites, que te puedo bajar del carro si quiero!— Respiró hondo para tranquilizarse y continuó— _____, me preocupa que le pase algo allá, y yo no este para protegerla. —Ella ya tiene veintitrés años, no debes preocuparte, ya es grande— Dije para tranquilizarlo pero no funcionó, él seguía con la respiración agitada y las manos temblorosas— A ver, ¿qué pasa? ¿Por qué tanta preocupación? —La violaron— Dijo de repente, en un tono casi inaudible, pero que perfectamente logré escuchar. Frené el auto de golpe, haciendo que las llantas hicieran un ruido irritante, y que los autos tras nosotros comenzaron a sonar el claxon— Será mejor que salgas de la carretera— Le obedecí y salí del camino de los demás coches. —¿Qué… Dijiste?— Hablé con dificultad, la verdad me impactó mucho escuchar eso de esa manera, y no en las mejores condiciones— Ella… ¿Qué? —Lo que oíste y si quieres saber la historia, será mejor que ella te lo cuente, por su cuenta propia. No quiero después malos entendidos, porque tú— Me señaló enfadado— No sabes guardar un puto secreto, y más te vale que no le digas nada, hasta que ella decida contártelo o surja el tema, de lo contrario cierras el pico. —Ok, ok, tranquilo, bien dicen que los enanos son los más agresivos— Recibí un puñetazo en el hombro, sin fuerzas, comencé a manejar hacia mi casa, el resto del camino fue silencioso, Alex se encontraba frustrado y preferí no decir nada más. Cuando llegamos, bajé y Alex se cambió de asiento, lo despedí con la mano y me di la vuelta para entrar. Me recosté en mi cama viendo hacia arriba, asimilando la información que acababa de entrar a mi cabeza y no salía de allí. Eran las 11:34 de la mañana, ese miércoles sería sin duda, uno de los que nunca olvidaría. Wilson llegó a mi lado junto con Raspy, a veces, pienso que ellos saben cuándo me encuentro mal. Les empecé a acariciar detrás de las orejas, ellos de vez en cuando lamían mi mano, terminé por dormirme, algo no muy raro en mí, debido al cansancio que generaba mi trabajo. “Estaba en medio de un campo de flores blancas, me levanté y una cabaña muy rústica se divisaba a lo lejos, caminé hasta ella. Mientras más me acercaba, unas estruendosas risas se escuchaban. Al dar la vuelta en la esquina de la cabaña, la pude ver a ella, de espaldas jugando con unos niños, parecidos a ambos, un niño me señaló y le sonreí, la chica se volteó para verme y su expresión cambió totalmente. Se puso pálida y daba pasos hacia atrás, como si yo le hubiera hecho algo o fuese un monstro. —Hen-hengivenhet (Ca-cariño)— Dijo en noruego e hizo que ambos niños entraran a la cabaña. Ella iba detrás, acaso ¿tanto daño le había causado? De la pequeña casa salió un tipo alto de pelo castaño y piel clara, con la capucha puesta y un rifle, me apuntó con el arma y se bajó la capucha. Levanté los brazos, pero al ver su rostro intenté que bajara el arma. Su rostro me era familiar. Ese hombre, era yo. —Hva gjør du her? (¿Qué hace usted aquí?)— Habló y de nuevo me apuntó, no sabía qué hacer, el miedo me consumía y aunque intentara hablar, algo me lo impedía— Gå bort eller jeg skal skyte (Váyase o dispararé)— No podía moverme, y entonces, escuché el sonido del rifle disparándose, y todo se tornó negro.” Me levanté asustado, con la respiración agitada y sudando, había tenido una pesadilla. Me senté a analizar el sueño, ¿por qué había sucedido eso? Tal vez, yo había decidido quedarme con ella, en un futuro; y tal vez, aquel cuerpo que yo habitaba en mi sueño, podría ser quien le hizo tanto daño. La curiosidad me carcomía, necesitaba hablar con ella, pero no se encontraba aquí para poder preguntárselo. Algo estaba despertando en mi interior, un nudo en mi estómago se apoderaba de todo mi sistema nervioso al estar cerca de ella. Pero ahora, temía estar sintiendo algo por ella, temía que ella no sintiese lo mismo, temía estar en una montaña rusa de sentimientos de los cuales nunca podría estar seguro… Y, sobre todo temía: que ella sintiera lo mismo.



Itzel Vega

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En el texto hay: elrubius, elrubiusomg, rdg

Editado: 12.09.2019

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