Híbrido

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III

Il figlio del male
(El hijo del mal)

Luego de conducir por horas en la carretera, atravesando el bullicio, llegaron al pueblo en el que uno de los guardianes estaba. Lo habían precisado porque Dom sentía la presencia de otro guardián cada vez más fuerte. 
De apariencia descuidada y nada agradable, ningún cartel se colgaba dando la bienvenida, y apenas tomaron las primeras calles se dieron cuenta de que algo no andaba bien por allí.
Las calles estaban vacías, por la acera no había absolutamente nadie caminando, las hojas secas descansaban acumuladas en los patios de las casas, al igual que las maderas y clavos viejos que clausuran la mayoría de las ventanas. 
Aún cuando el sol azotaba con fuerza el suelo, el lugar parecía no adquirir luz, hundido en una extraña nebulosa. 
El motor del auto ronroneó con elegancia cuando doblaron nuevamente otra de las esquinas. Arabella por fin notó algo de vida cuando, por las ventanas, las cortinas de algunas casas se sacudieron suavemente, como por error. Retratadas detrás de ella, o asomándose por los lados, las figuras de diferentes personas delataron sus presencias.

El pueblo no estaba abandonado, sino escondido.

- Definitivamente aquí habita el demonio.- había murmurando Dom mirando hacia los alrededores con sus hipnotizantes ojos celestes.

Dante observó con ojos suspicaces su alrededor después de que él dijera eso, ¿los "demonios" eran iguales a los humanos?.

- ¿Lo buscaremos hoy?.- preguntó con poca curiosidad.

Lo único que le preocupaba era saber dónde descansarían, el viaje había sido estúpidamente largo. Las líneas del maldito asiento se habían tatuado en su...

- No lo sé. Ni siquiera sé si es seguro quedarnos aquí por mucho tiempo.- contestó Dom.

Sus angelicales ojos celestes pasearon nuevamente por todas las estancias, no habían tardado mucho en recorrer todo el pueblo, y si bien la presencia de un guardián estaba más que cerca, el problema era no encontrar un lugar donde dormir, un hotel de carretera o algo similar a ello.
Dante apoyó su dura espalda sobre el auto y encendió un cigarrillo, el humo se perdió en el ambiente mientras lo expulsaba sobre sus labios. Arabella lo miró por un instante, antes de bajar completamente del auto, él lo notó, pero no hizo absolutamente ninguna mueca. Como en los últimos días Dante se mostraba serio con ella, alrededor de ella, por ella. Solo la miraba seriamente, sin decirle nada, y como intentando adivinar qué pensaba ella lo miraba aun más, pero Dante se alejaba cada vez más.

Sus ojos escanearon su rostro, y por un breve instante... Ah, por un breve instante lo recordaron aquella turbulenta noche en la que había sido solo una espectadora, en la que no había podido actuar de ninguna manera. Casi pudo ver su rostro manchado por la sangre de otros, sus ojos inyectados de furia, esa expresión atemorizante que lograba asustar a sus oponentes, los perfectos y elegantes movimientos de combate. Dante era tan letal.

Sonrió como toda un alma impura pensando en lo poderoso que era, en como lo había visto envuelto en muerte. ¿Sería su naturaleza la que adoraba esa parte corrompida e inhumana del joven de peligrosos ojos verdes?. Esa egoísta parte que lo había arrastrado con ella aún después de verlo con un cuchillo enterrado en su pecho, mientras la vida escapaba de sus ojos. Había experimentado  un placer culposo al ver como él bebía su sangre.

¿Eso era ella?

Quizá por eso la miraba así últimamente, diferente, como si mirarla no le provocara nada. Ella le había arrancado su vida, por ella Leonzio había muerto, quizá era su naturaleza la que había trastornado la bondad de ese joven, llevándolo hasta el límite, haciendo que mate a su propio... 
Esa parte maldita lo había torcido y despojado de su humanidad, ese joven con el que habían compartido toda su infancia. 
Lo había pensado tantas veces desde la noche en la casa de esa bruja, cuando se sentó toda la noche en esa maldita silla que estaba frente a la cama, y miró a Dante profundamente dormido y tranquilo, como no lo estaría jamás junto a ella. Pero estaba tan dispuesta, lo necesitaba de una manera que aún no podía comprender, estaba dispuesta a arrastrarlo de manera enfermiza a la oscuridad. ¿Realmente Dante era como su familia entonces? . Quizá Dante había intuido sus endemoniados pensamientos, por ello se había distanciado tanto de ella en esos días, estaba enojado, por romper su mundo, por llegar a sus vidas.

Arabella estiró las piernas finalmente, sintiendo una extraña sensación en el pecho, como una opresión sofocante que se iba intensificando con su estancia en el pueblo, no sabía si era por sus pensamientos o por algo más allá de eso.

- Chicos, buscaremos lo que restan de las horas al guardián, cuando la noche caiga busquemos una casa abandonada que habitar al menos por hoy.- propuso la joven, mirando hacia el azul cielo.

¿Iría allí cuando muriera?

Definitivamente no, nadie iría al cielo cuando esto terminara.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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