Híbrido

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VI

La città distrutta
(La ciudad destruida)

Los cinco jóvenes sabían que aún faltaba ir en búsqueda del último guardián, pero el incidente con los miembros de un clan enemigo había dificultado las cosas. El objetivo de Arabella en primera instancia siempre había sido el saber por qué y quiénes habían planeado la muerte de su padre, cuáles eran los fines de intentar asesinarla a ella también. Ellos no podían simplemente ir hacia el patio de la mansión y apuntar a Maurizio con un arma, sin siquiera saber si Maurizio seguía en el maldito país. No cuando eran las cabezas más buscadas por su propia familia, y por otras...

La familia a la que pertenecían Arabella y Dante era parte de los clanes más poderosos de la mafia que el país albergaba, su territorio era extenso aún cuando estaba deteriorado por la mala organización que el Capofamiglia había tenido los últimos siete años. Su primer paso era averiguar en qué estaban metidos los malditos uomini d'onore, entender qué planeaba ahora el nuevo jefe de su familia, ese que había asesinado a Leonzio.

Cualquier movimiento que hicieran y llamara la atención significaba una firma en la sentencia de muerte, aunque fueran muy poderosos y... ahora sobrenaturales también, no podían exponerse a cientos de hombres armados.

Dante había conseguido la localización de uno de los negocios que el clan sostenía con un pueblo muy lejano de la ciudad en la que estaban. Arabella casi se había sentido una estúpida por no saber qué territorios controlaba el clan de su padre, había pasado tanto tiempo recluida entre las paredes de una mansión que no tenía idea de qué había en el exterior luego de tantos años de encierro. Sabía que su padre había sido hábil con los negocios, con los territorios que mantenía bajo su espesa y poderosa sombra. Estaba avergonzada delante de quién era aún su guardaespaldas, él sabía tanto al respecto de todo, de las ubicaciones, de la cantidad de visitas que recibían los mismos...

¿Realmente ella hubiese estado preparada para llevar el negocio familiar adelante?, aún cuando no sabía siquiera qué límites controlaban actualmente.

Leonzio se había encargado cruelmente de convertirla en una ignorante del mundo que la rodeaba, del negocio que debía dirigir. Todo el potencial que ella tenía había sido censurado por su padre, su existencia debía pasar desapercibida por todos los miembros del clan excepto por quiénes formarán parte de la administrazione.

Todo por una razón, una razón tan oscura que había arrastrado al patriarca de la familia al límite de la paranoia, pues él sabía que algunas personas peligrosas conocían la leyenda, casi mitológica, de un híbrido que habitaba la tierra, que recorría sus calles.

Tantas precauciones para que todo terminara así.

Dante hablaba de los perímetros, de nombres, la joven se concentró en escucharlo y aprender.

Por su parte, el joven de ojos verdes, solo relataba lo que recordaba, detalles de las cosas que había tenido que hacer en las afueras aún cuando cuidaba a Arabella, pero no sabía mucho más de lo que había en el interior de ese pueblo, de qué pudieran encontrarse allí.

No fue difícil dar con esa pequeña comunidad perdida y abandonada. Allí existía una de las instalaciones que los mafiosos financiaban, por ello eran regulares las visitas que hacían al sindicato -equivalente italiano a alcalde-. El orfanato, ubicado en los solitarios terrenos, estaba regido por la delincuencia y la desidia de personas ciegas de poder y dinero. Los habitantes del pueblo oían, veían y presenciaban la manera en que niños de diferentes partes del país eran llevados allí, huérfanos, incluso secuestrados, y también la manera en la que eran arrastrados hacia imponentes camionetas negras junto a hombres que vestían elegantes trajes, rumbo a quién sabe qué destino. El tráfico de niños era un negocio muy habitual, y era de conocimiento público las conexiones que el sindicato del pueblo mantenía con un poderoso clan de la mafia, que otorgaban el dinero necesario para mantener las estructuras del orfanato y el pueblo, así como filtraba grandes cifras de dinero a los bolsillos de los encargados del lugar a cambio de ciertos bienes y servicios.

Ocultaron sus coches en un frondoso bosque aledaño al lugar, y se movieron sigilosos mientras sus pasos se introducían en las solitarias calles del pueblo. Las estructuras de las casas parecían normales, había campos alrededor cuya cosecha estaba absolutamente seca, perdidas entre montañas de bosques de coníferas, imponentes, oscuros.

¿De qué se mantenían entonces las personas del pueblo si no era de la producción de sus campos y el comercio de la misma?.

No había fábricas, no había ciudades cercanas, notó que tampoco había tiendas... Era como un pequeño pueblo campesino de estructuras acordes a la época, olvidado en el transcurso de un tiempo moderno que había avasallado con todo.

Arabella se movía delante de ellos, observando con sus suspicaces ojos todo lo que tenía frente a ella, sus piernas enfundadas en unos vaqueros negros marcaban sus curvas de manera espectacular, mientras que su largo cabello castaño cubría parcialmente la campera de cuero sintético que se adaptaba a su pequeño torso y su cintura, dentro de la prenda poseía una funda escondida, que resguardaba un peligroso cuchillo de combate.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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