Híbrido

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VIII

   "Aiutami a lasciare il peccato"

                             (Ayúdame a dejar el pecado)


La casa de Antonio Petrelli era una mansión añeja, con maderas de antaño y paredes sin color. No poseía medidas de seguridad al parecer, tampoco grandes patios. Era simplemente una fachada descuidada.

 

- Parece fácil.- había dicho Dante, investigando con sus suspicaces ojos su alrededor.

- Lo parece, solo lo parece.- le dijo Samantha.- En las habitaciones del sótano es regular que él y sus hombres se junten a beber y apostar. Y para llegar al sótano...

- ¿Cómo lo sabes?.- preguntó Arabella con genuina curiosidad, escondida detrás de las paredes de la casa contigua.

- Porque las apuestas a veces somos las personas.- respondió la rubia de manera extraña con el semblante oscurecido.

Su cabello color dorado se movió suavemente con la brisa, y sus ojos tan dulces como la miel miraron hacia la casa de Petrelli con dolor, con resentimiento. Arabella pensó que no habría nadie mejor que ella para llevar adelante el pueblo, Samantha era dolor y amor, contrastados y puros. Necesitaba una persona que no tuviera miedo a lastimarse, pero que tampoco lastimara a propósito.

Por otro lado, Stefano se había perdido entre las sombras de la casa, miraba hacia el interior a través de las ventanas descuidadas, solo veía desorden alumbrado por luces tenues. E incluso fue capaz de fundirse en las penumbras y entrar a la casa, dándose cuenta de que los pisos superiores estaban vacíos. 
Domenico se hallaba junto a Arabella, desde que habían llegado allí casi no había hablado, no había podido hacer demasiado. Un dolor inmundo lo embargaba, esa humanidad tan horrible hacia sufrir a su parte angelical, no le permitía pensar con claridad sobre lo que acontecía a su alrededor.

La híbrida lo había intuido, había sentido ese pesar como suyo, y quiso quedarse cerca de él y de Dante. 
Las cosas con Salvatore se desarrollaban de manera extraña, a veces él la miraba por tiempos prolongados, ignorándose después por completo. Como si estuviera analizando algo y luego se olvidara de su existencia.

- Voy a entrar.- dijo Arabella, palpando su chaqueta y dándose cuenta que ya no tenía su cuchillo con ella.

No hizo ningún comentario sobre ello, e igual atinó a moverse, pero Dante apoyó su fuerte mano sobre el hombro de ella, frenando su caminar.

- No, Arabella. Te quedarás aquí mientras Stefano investiga, él nos dará la señal.- sentenció el joven mirándola.

Ella no protestó aunque le hubiese gustado hacerlo, simplemente se quedó allí, mirando hacia la casa que parecía vacía, mientras Dante aún mantenía su caliente tacto sobre su hombro. 
Minutos pasaron hasta que la puerta se abrió, y la cabellera de Stefano apareció a un lado del marco de la puerta, su piel blanca casi porcelánico contrastaba con su cabello azabache de manera intensa, no dijo ninguna palabra, simplemente alzó la mano, indicándoles a todos que se introdujeran en la casa.

Samantha fue la única que no se aproximó hacia el lugar, por pedido de Domenico. Ella no sabía ni intuía sobre la preternaturaleza que giraba en torno a los muchachos, y era mejor que así fuera, que no supiera absolutamente nada sobre ello y solo entendiera la situación como una puja por dinero y territorios. Qué solo pensara en Arabella como una chica demente, desquiciada de poder.

- ¡Esperen!. ¡Tengo que decirles... - Samantha había gritado bastante alto, lo suficiente para que todos los muchachos se dieran vuelta con gestos molestos.

Domenico fue el único que la miró con amabilidad, y desde la entrada a la casa, llevó su dedo índice a su boca pidiéndole silencio. Samantha lo miró, dándose cuenta de su error mientras sus mejillas se coloreaban rosadas. Sin embargo, la mirada de súplica no se fue de su rostro... Alguien tenía que escucharla antes de entrar.

El interior del lugar parecía frío y desolado, deshabitado de vida. Había varias habitaciones, cerradas por puertas de madera añejas, en cuya parte de abajo sobresalían desprolijas astillas, y moho por la intensa humedad. Francesco fue el último en entrometerse en el ambiente, aspirando el hedor a muerte y miseria que allí había. 
A su alrededor se alzaban muebles llenos de polvo y suciedad, parecían abandonados en el tiempo.

Dante siguió caminando, mirando como Arabella y Domenico bajaban unas escaleras que se dirigían hacia el penumbroso sótano. Solo sostenía un cuchillo de caza entre sus dedos, la inhumanidad en su mirada lo dotaba de una apariencia casi tenebrosa.

Arabella no vio más que negrura a su alrededor, supo que antes de llegar a ellos debían atravesar una serie de enfermizos y enredados pasadizos, puesto que un solo pasillo estrecho tenía varios caminos por los que seguir, completamente sumidos en la oscuridad.

Era terriblemente fácil perderse, aún cuando intentaran marcar el camino de alguna manera. Sin embargo comenzaron a entrometerse rápidamente, sorteando pasillos, solo intentando avanzar hacia el objetivo.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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