Híbrido

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IX

"Se fosse diverso"
                                                         ("Si fuese diferente")

Los jóvenes vieron como el fuego comenzaba a consumir desde el interior a la construcción, mientras llamas salían por las ventanas. La madrugada comenzaba a terminarse, por detrás de la casa un cielo adornado por algunos rayos del glorioso sol se alzaba frente a ellos. El humo que se expandía contrastaba con el color celeste que comenzaba a expandirse por encima de ellos, era tan negro y putrefacto, así como las almas que se escurrían a través de ese humo hacia el exterior, removiéndose trémulas entre los vientos matutinos.

La pequeña y modesta casa de Samantha no quedaba muy lejos del lugar en el que estaban. Alessio los siguió, como si intentara evitar que algo más sucediera en torno a ellos, aún sin pronunciar otras palabras.

Sam había visto la camiseta de tirantes blanca que llevaba Arabella repleta de sangre, al igual que su pecho. Marcas rojas se extendían por su cuello, aún no lograba entender como una jovencita de su tamaño no había muerto ante semejantes agresiones. La piel de sus brazos estaba cortada y ya no traía esa preciosa chaqueta que le daba un aspecto de chica mala, así como las que salían en la televisión. Por ello fue que decidió prestarle algo de su ropa. Tomó una de las manos de Arabella entre las suyas y la guió delicadamente hacia la ducha, dejándola allí mientras iba de nuevo hacia la sala para preguntarle a los jóvenes si podía ayudarlos en algo más.

La híbrida sintió que el agua caliente quemaba su piel gustosamente, sangre caía hacia el suelo manchando de forma impura los hermosos azulejos blancos de la ducha. Y cuando hubo terminado una falda negra adornó sus piernas torneadas, mientras se colocaba una remera del mismo color cubriendo su torso. 
Cuando salió todos estaban sentados en la pequeña sala que Sam tenía decorada con pósters de bandas de música que ella desconocía.

Alessio la miró con detenimiento y desconfianza, fijando su vista sobre ella mientras bebía el líquido caliente de su taza.

Samantha no había parado de hablar, intentando encontrar un tema de conversación que derrumbara el tenso ambiente que vivía al rededor de esos muchachos rotundamente callados. Solo Domenico había contestado a algunas de sus preguntas y charlado de forma breve con ella sobre algún tema trivial. Había sentido como puñales las miradas asesinas que le lanzaba de vez en cuando un joven vestido totalmente de negro al igual que sus cabellos azabache, creía saber que su nombre era Stefano, pues Arabella lo había mencionado algunas veces a lo largo de la noche. 
La rubia no quiso recordar demasiado sobre todo lo que había acontecido, ya que al llegar a su casa había optado por ir hacia su habitación y esconder con violencia el arma. Jamás había necesitado asesinar a nadie, sí lo había deseado en el pasado, casi desde que tenía conciencia de lo que hacían con ella, pero jamás pensó en concretar ese deseo maldito. Hasta que ella llegó.

Arabella tomó asiento a un lado de Dante en un pequeño y mullido sofá de dos cuerpos. Él había sido su apoyo casi toda la noche, pero cuando quiso mirarlo para agradecerle se chocó con un rostro frío e inexpresivo que se rehusó a observarla aún cuando sabía que ella intentaba llamar su atención. Dante no quería verla a los ojos, y eso a Arabella le sentó como una bofetada. Ella cada día tenía más certeza de que Dante Salvatore era un hombre de honor, completamente fiel a los mandatos de su Jefe aún después de fallecido, un guerrero excepcional así como sus habilidades. Así es como entendió que si él permanecía a su lado, era únicamente porque siempre fue el deseo de Leonzio antes de ser asesinado. 
Fue por ese pensamiento que no insistió, que dejó de mirarlo sintiendo la distancia que él ponía entre ambos.

Lejanas eran ciertas imágenes de su pasado, se conocían desde que eran apenas pequeños niños, habían peleado hasta el cansancio por estúpidas competencias, se habían dormido en la misma habitación mirando películas de terror como dos adolescentes normales, como dos amigos.

- Samantha, gracias por tu hospitalidad.- dijo con seriedad el ángel pelirrojo.- Creo que debemos hablar de...

- Las cosas que debemos hablar no serán en este momento, Alessio.- interrumpió Arabella, haciendo que el joven la mire con enfado.- Es más importante resaltar que desde ahora eres la autoridad del pueblo, Sam. No hace falta convocar a elecciones, no hará falta tampoco que la autoridad nacional te de su aprobación, saben que estas zonas son de la Mafia y respetan eso por ahora. A las personas tampoco les parecerá extraño el cambio de representante, no dudo que más de uno de ellos esté feliz con tu nuevo mandato.

- No sé cómo agradecerte esta oportunidad. Todo lo que han hecho por el pueblo.

- Tú lo has hecho también.- le dijo amablemente la joven, mirándola con dulzura.- Me has salvado la vida, y salvarás la vida de otras personas de este lugar si haces un uso inteligente de todas las herramientas que tendrás al alcance de tus manos.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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