Híbrido

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XI

   "Insolito da te"

                                       ("Inusual de ti")


Stefano fue el primero en darse cuenta de que la presencia de Francesco comenzaba a percibirse extraña, como si estuviera lejos, como si en cualquier momento pudiera desaparecer. Alessio y Domenico también lo notaron, solo por ello fue que Alessio miró a Arabella de manera interrogante.

 

- ¿Qué sucede?.- preguntó ella.

Los cuatro jóvenes ya se encontraban en el hotel en el que habían decidido alojarse. El único problema es que solo habían conseguido dos habitaciones, puesto que el lugar no era demasiado lujoso.

- Es Francesco.- comunicó Stefano mirando a través del cristal como las gotas gruesas azotaban contra la ventana de la habitación.

La pequeña llovizna se había convertido en una gran tormenta allí en esa ciudad portuaria.

Arabella frunció el ceño, preocupada.

- ¿Qué sucedió con él?.- la joven de ojos ámbar se levantó rápidamente del suelo.

Estaba allí sentada con una laptop entre sus piernas que acaban de adquirir para obtener los planos de la ciudad.

- ¿Puedes comunicarte con Dante?.- preguntó Domenico a la híbrida.

- No es necesario, ellos están atravesando la calle.- la tenebrosa voz de Stefano se escuchó una vez más mientras uno de sus dedos apuntaba a las afueras de la calle. Sus ojos negros se mantuvieron viendo aquella escena por detrás del vidrio empañado.

Arabella no dudó ni un segundo en correr hacia las escaleras del edificio, para encontrarse con los jóvenes. 
Ni siquiera tuvo tiempo de ponerse la capucha cuando sus zapatillas tocaron la mojada acera, su cabello se empapó gracias a la intensa lluvia. Dante la vio correr hacia ellos mientras arrastraba el cuerpo medio dormido del demonio. Su ropa estaba totalmente empapada, al igual que la chaqueta negra que tenía sobre sus hombros. Sus ojos verdes se clavaron sobre la híbrida que ya estaba a un lado de Francesco, prestándole su hombro para que logrará incorporarse un poco más. 
La cara de la joven demostraba confusión, aún más cuando escuchó la manera en que el hijo de Asmodeo balbuceaba palabras incomprensibles.

- ¿Está herido?.- preguntó la castaña mientras miraba el varonil rostro de Dante.

- Solo drogado.- contestó él de manera exasperada.

- ¿Y tú?.

- ¿Te parezco una persona que vaya a drogarse por allí?.- Dante contestó con un tono serio, su semblante era duro.

- Solo estoy preocupada por tí.

- ¡¡Ahg!!.- un gritó desgarrador se escapó de la garganta del joven rubio.

El dolor era insoportable, sus huesos se estaban rompiendo uno a uno, sentía la manera en que se doblaban como débiles palillos dentro de su piel, abriéndola, dejando los mismos expuestos sobre la carne. Sentía la sangre resbalar por cada herida, la oscuridad envolver su mirada. No podía ver otra cosa que una espesa negrura que lo rodeaba y lo hacía desesperarse. Comenzó a reír como un desquiciado al sentirse preso de tan insoportable y persistente tortura, rugía entre gritos mientras corrientes eléctricas se extendían por cada extremidad de su cuerpo, sintiendo que en cualquier momento la piel se le caería a pedazos. 
Los músculos de los brazos de Francesco se tensaron, y Arabella sintió que él comenzaba a pesar mil kilos más que antes en el momento en el que apoyó su cuerpo sobre su hombro.

Observó en la lejanía como Alessio se asomaba por la puerta del hotel, al igual que Domenico, y comenzaban a aproximarse a ellos. 
Dante vio la manera en que Arabella cargaba a duras penas con el cuerpo del endemoniado hombre.

- ¡Ey, tú! Ayúdame con este malnacido demonio.- Dante gritó, peinando su cabello castaño mojado hacia atrás, Alessio pareció mirarlo con algo parecido al odio.

- Quítate, portadora.- el ángel hizo a un lado a Arabella tomando su lugar.-
Y tú Domenico abre la otra habitación. 

Arabella se alejó de ellos, sintiendo su propia ropa empapada, al igual que su cabello. Corrió junto a Domenico escaleras arriba encontrándose con Stefano en la entrada de la otra habitación, él ya había abierto la otra estancia y se había asegurado de introducir en un extraño letargo, gracias a su oscuro poder, a todo aquel huésped y conserje que pudiera verlos arrastrar el cuerpo de Francesco por los pasillos del hotel de mala muerte.

Gotas de lluvia y sudor caían por el rostro del hijo de Asmodeo mientras por su cabeza pasaban imágenes totalmente diferentes a las que estaba viviendo en ese momento. Pues en su cabeza quienes lo arrastraban no eran sus compañeros de viaje, sino personas muertas cuyas carnes podridas y calcinadas colgadas de sus huesos y golpeaban contra su cuerpo, salpicándolo de un líquido espeso de color negro que se extendía por toda su ropa.

Estaba alucinando.

Por ello tomó por desprevenido a Alessio cuando lo empujó lejos de él mientras balbuceaba. Las pupilas de sus ojos grises estaban dilatadas, él ni siquiera podía distinguir entre la realidad y sus alucinaciones.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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