Híbrido

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XIII

                                          "Il liquore velenoso"
                                                                                   ("El licor venenoso")

Una muchacha de unos veintiocho años la miraba de manera hostil, con preocupación en su rostro.

- Ésta no es la noche indicada para holgazanear. Si te quieres hundir frente a él hazlo sola, pero no arrastres a las demás contigo.

Arabella miró la manera en que a esa mujer le temblaban los brazos mientras la agarraba, era débil, de su misma estatura. De mirada perdida y rostro demacrado, supo entonces que las mujeres que trabajaban allí también eran adictas.

- Lo siento, no sé a qué te refieres. ¿Quién es él?.- preguntó Arabella fingiendo ingenuidad e inocencia.

- Odio a las niñas como tú.- susurró ella con odio, sin creerle absolutamente.- Vienen queriendo ganar un poco de dinero, y piensan que con su belleza pueden llevarse el mundo por delante. Este mundo es... Es horrible. 

Su parte angelical sintió el dolor de esa mujer como suyo propio, de alguna forma ella intuía que escondía mucho sufrimiento en su interior.

- Yo no estoy aquí por propia voluntad.- susurró Arabella mintiendo, acercándose al oído de la mujer, tomando su antebrazo para acercarla.- ¿A ti también te s-secuestraron, cierto?

La mujer tembló, ella tampoco estaba allí por voluntad propia. Ahí había otra, otra que estaba sufriendo lo mismo que ella. Con tan poca edad, esa niña de ojos ámbar...
Y sí, Arabella le había dado en el clavo, nadie que estuviera allí solo por dinero se preocuparía por lo que le pase a su compañera.

- Mis padres están buscándome por algún lado. Yo sé que tú sabes quién es él. Yo... Yo no conozco quién me ha hecho esto, tengo derecho a saberlo.- susurró Arabella, con fingido temor.

- Agacha la cabeza cuando pases frente a ese monstruo.- murmuró la joven de cabellos negros, mirando hacia todos los lados, puesto que ya era demasiado el tiempo que habían pasado hablando.- No lo mires directamente.

Ella asintió, sabiendo que la mujer que comenzaba a caminar lejos de su presencia no estaba dispuesta a decir absolutamente nada más. Sintió una adrenalina extraña al salir de aquel lugar con una nueva botella entre sus manos. Comenzó a buscar, a buscarlo entre las personas. Seguía sonriendo de manera sensual, fingiendo amabilidad con todos aquellos que pasaban frente a ella. Nadie parecía diferente, pero la híbrida había comenzado a entender por qué las jóvenes parecían actuar como si fueran robot automáticos, tenían miedo. Eran títeres, adictas al licor, dependientes de el.

Casi quiso ir tras ellos cuando vió una cabellera blanquecina moverse entre medio de la gente, supo que allí con él también estaban Dante y Domenico. Y lo descubrió cuando sintió la mirada de Salvatore sobre ella, recorriendola descaradamente de pies a cabeza, allí en la distancia. Dante se había quedado extremadamente quieto mirándola, no era para menos, el vestido blanco llevaba un pronunciado escote que resaltaba sus atributos, su cintura perfecta acompañaba a sus atractivas caderas. La tela blanca reposaba sobre su piel cremosa de manera hipnotizante. Su cabello castaño caía en ondas despreocupadas por su espalda, cubriéndola. Sus labios maquillados de un color carmesí intenso le sonrieron por un corto periodo de tiempo de manera sensual, segundos antes de que una de las mujeres que trabajaban allí lo tomara del brazo, susurrándole cerca de su oído. Arabella sin darse cuenta hizo que su sonrisa desapareciera y asintió con su cabeza a modo de saludo.

No lo entendió, pero la imagen no le gustó demasiado. Arabella nunca había visto a Dante con una mujer desconocida a su lado, jamás se había imaginado a su ex guardaespaldas y amigo deseando a otra, deseando a una mujer. Y se sintió tonta, porque acababa de darse cuenta que ese lugar era un burdel, y que ellos tenían que fingir de la misma manera que ella lo estaba haciendo mientras servía licor a los adictos, al igual que Lara lo hacía. Como Alessio, y Stefano pretendían ser clientes, adictos al líquido azul. Francesco, Domenico y Dante... Clientes de prostitutas. Y tenían que actuar, él seguramente tendría que tocarla, porque eso harían cuando llegaran a una habitación. Separados de la multitud. 
Fue por eso que sintió un revoltijo indeseable en su estómago, molesto.

¿Él iba a tener sexo con esa mujer que ahora tomaba su mano mientras intentaba alejarlo de la multitud y llevarlo a las habitaciones de arriba?. 

Se sintió extraña, casi molesta por darse cuenta justo en ese momento del papel que Dante tenía que cumplir. Quizá por eso había insistido hasta el cansancio en ser uno de los que fingían ser clientes del licor y no acompañar a Francesco, pero ella le había dicho que tenía que hacerlo, lo había animado despreocupadamente a que se enrede con otras en una cama.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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