Híbrido

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XIV

   "Cattivi piani, cattive conseguenze"
                                                       ("Malos planes, malas consecuencias")


Los dedos de los vigilantes se clavaron sobre su piel, dejándola roja e irritada. Pero ella jamás había dejado de moverse y luchar. Aún cuando sintió como el traficante quitaba el seguro de su arma y le apuntaba justo en medio de la frente, con la intención de intimidarla.

Eso no iba a ser posible. Podrían doblegar su cuerpo, pero ella no le temía a la muerte.

El licor cayó sobre su boca mezclado con la sangre de Giannina, la bilis subió hasta su garganta cuando sintió las gotas del líquido azul junto a un conocido sabor metálico correr por su garganta mientras era obligada a permanecer con la boca abierta, aún cuando había clavado sus dientes sobre la piel de aquellos hombres.

Parecían inmunes al dolor.

El líquido bañaba su cara, y corría el perfecto rimel negro de sus ojos. Caía a chorros por su cuello y se perdía en su escote, mojándola por completo mientras la botella se iba vaciando. Sí había tomado de el, no lo suficiente pero lo había hecho.

El traficante rió, macabro y complacido, haciéndole señas a sus hombres para que la soltaran. Arabella cayó sobre el piso, golpeando su cabeza, sintiendo una ira recorrerle por completo, gruñía apretando sus dientes, mientras apoyaba las palmas de sus manos sobre el suelo, clavando sus uñas en la sucia alfombra. Los efectos comenzaban a aparecer, las luces empezaban a desaparecer, pero eso no la detuvo al apretar la empuñadura del cuchillo de caza que guardaba entre su portaligas. Lo tomó fuertemente entre sus manos y casi corrió como un depredador hacia el traficante, dirigiéndole puñaladas torpes pero letales. Las imágenes comenzaban a desaparecer frente a ella, pero aún podía escuchar a ese maldito monstruo, el palpitar agitado de su corazón, su respiración irregular. Realmente le estaba costando esquivar las puñaladas que la híbrida le propinaba, y cuando ella levantó el filo del cuchillo, blandiendo el metal como si fuera una espada, logró cortar la piel de la frente del traficante, dejando la cruz revertida irreconocible entre los chorros de sangre que brotaban de la profunda herida. Él se arrodilló sobre el suelo gritando, mientras tomaba su frente con las dos manos.

- ¡Zorra presumida!. ¡¡Voy a asesinarte!!.- bramaba entre lloriqueos el moreno.

Uno de los hombres, que protegían al narcotraficante, tomó la katana que había sobre el suelo, aprovechando la manera en que la droga confundía los sentidos de la joven híbrida que seguía intentando atacar al traficante. El filo se clavó en la espalda de Arabella de manera grotesca, rasgando por completo su cremosa piel. Una herida profunda la hizo caer sobre la sucia alfombra, gritando desesperadamente por el dolor insoportable que comenzaba a extenderse por su espalda. ¿Sus huesos estaban quebrándose también?. La droga comenzaba a hacer aún más efecto, haciendo que su conciente no funcionara de manera normal mientras atacaba y desestabilizaba su sistema nervioso.

Sí, el narcótico era una mezcla de diferentes psicotrópicos, mezclado con licores normales y metanfetaminas. Toda esta combinación resultaba en paranoia y alucinaciones con ideas delirantes.

La sangre brotaba a chorros, manchando por completo su vestido, la herida profunda le provocaba un dolor insoportable y las alucinaciones eran cada vez más frecuentes, más reales. Gritos a su alrededor de las personas que había asesinado a lo largo de su corta de vida se alzaban en la habitación, haciendo que sus tímpanos sangraran, eran insoportables. El dolor amenazaba con dejarla inconsciente mientras la sangre no dejaba de caer a chorros por la grotesca herida de su espalda, aun mas cuando ella la rasguñaba con sus uñas, intentando alejar a los insectos inexistentes que intentaban meterse por debajo de su piel.

Estaba delirando mientras gritaba tirando de sus cabellos castaños enmarañados, mejor hubiera sido morir. El sufrimiento hacía que sudara frío y que sus gritos guturales desgarraran cada una de sus cuerdas vocales.

- ¡¡Basta!!.- gritaba entre gruñidos, lágrimas gruesas caían de sus ojos.

Su piel comenzaba a volverse pálida, pero ella no moría. La sangre no dejaba de salir, el dolor no terminaba jamás. Cuerpos muertos a su alrededor se arrastraban gritando su nombre.

- ¡¡Termina con esa maldita!!.- bramó el traficante a uno de sus hombres.

El vigilante, que se había quedado casi impresionado por la manera en que había lastimado a esa pobre criatura no dudó ni un segundo en intentar volver a clavar la katana en la espalda de la muchacha de ojos ámbar, asesinándola por fin.

Pero justo cuando el filo de la espada estaba por cortar la piel de la joven nuevamente Lara irrumpió en la habitación abriendo la puerta de una patada mientras instantáneamente atacaba al hombre que estaba por lastimar a Arabella.

**

Dante sostuvo a uno de los vigilantes con una de sus rodillas. El tipo estaba tirado sobre el suelo, boca abajo, mientras respiraba de manera agitada.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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