Híbrido

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XVII

  "Le ragioni"
 
                                                 ("Las razones")




La oscuridad del cielo se fundía en el horizonte con la negrura nocturna del océano frente a ellos. Era una postal tan natural e increíble, arruinada por las enormes luces de lujosos barcos que navegaban no muy lejos de las playas italianas. A su alrededor, algunos yates parecían custodiar sus laterales.

- ¿Esto es normal, o al menos legal, en el mar jónico?.- preguntó Dom echando un último vistazo a la gran concentración de barcos y yates que existía en un punto cercano a la costa.

- No lo sé.- susurró Alessio.

- ¿Alguno tiene un celular o cámara fotográfica?.- preguntó Dante palpando sus bolsillos.

Stefano abrió su chaqueta, sacando un teléfono móvil del bolsillo en su interior.

- Es seguro, no puede ser intervenido por ninguna organización gubernamental nacional o internacional.- murmuró encogiéndose de hombros ante la cara de asombro que todos habían puesto por sus palabras.

- ¿Dónde conseguiste esto, hermano?.- preguntó Francesco tomándolo entre sus manos mientras lo inspeccionaba rápidamente antes de entregárselo a Dante.

Stefano se lo pensó un segundo, y encogiéndose de hombros nuevamente contestó:

- Hmm, internet.

Arabella mantuvo su mirada sobre los yates, abstraída de la conversación, intentando identificar por quiénes eran conducidos. La tripulación no parecía portar ningún tipo de arma, pero a la distancia en la que se encontraban eso era imposible de precisar, lo que era demasiado notable era que ellos estaban todo el tiempo vigilando sus alrededores, ¿por qué?.

No, no era la mafia. No era él el responsable. 
Ella conocía desde que prácticamente había llegado a la casa de Leonzio la manera en que ellos se manejaban, y su fuerte jamás había sido el negocio marítimo. Ninguna familia mafiosa en toda Italia poseía grandes flotas capaces de dominar algún tipo de comercio de Ultramar, o más bien, de ningún tipo.

Esto era algo más, algo diferente totalmente apartado de la mafia.

¿Eso era mejor acaso?.

A un lado de sus altas torres de control ondeaban dos banderas desconocidas para los seis jóvenes, que les hacían dar cuenta que los navíos eran extranjeros, y su estadía nada legal. Y era justamente a aquellas banderas que Dante había tomado una foto.

- ¿Las notaste, Salvatore?.- preguntó ella, acercándose a él mientras intentaba observar la pantalla del celular.- Utiliza el zoom de la cámara para mirar la cubierta de alguno de los barcos, necesito saber qué hay allí.

Dante apuntó hacia allí, y ampliando la imagen frente a ellos capturó rápidamente algunas imágenes.

- Oh preciosa, esto te va a gustar.- murmuró él joven de peligrosos ojos verdes observando la pantalla mientras una socarrona sonrisa se apoderaba de sus labios varoniles.

Arabella lo miró por un segundo antes de clavar su mirada ámbar en la foto que había logrado capturar. Allí, a la vista de todos, caminaban de aquí hacia allá una gran cantidad de hombres cargando armas de alto calibre.

Los demás jóvenes vieron la imagen al mismo tiempo que ella, no sabían si sentirse exactamente complacidos de poder descubrir algo así.

- ¿Qué piensas?.- preguntó Francesco a Dante, al notar que la mirada del último quedó fija en el horizonte, allí donde los barcos estaban.

- Que lo que hacen aquí es una jugada muy grande.

Todos se quedaron en silencio, se habían enfrentado a una gran organización de traficantes de narcóticos mal organizados en la ciudad portuaria de Giovanni, pero esto no era siquiera parecido al nivel de complejidad y peligrosidad de lo que estaba frente a ellos.

- Jugada grande será la que podremos realizar nosotros si esto es lo que estoy pensando.- murmuró Arabella, presa de sus codiciosos pensamientos.- Permíteme tomar algunas fotos más.

(**)

Las habitaciones del hotel que habían podido encontrar en medio de la ciudad no era ni por asomo algo lujoso.

Dante tomó la mochila que Arabella llevaba colgando de uno de sus brazos, para depositarla en su hombro. Alessio iba detrás de ellos, mientras que Domenico subía frente a ellos por la escalera, seguido por Francesco y Stefano. El pasillo que se presentó ante sus figuras era estrecho, uniendo las cuatro habitaciones que había en la segunda planta.

- Por favor, acomoden sus cosas y vengan a mi habitación. Traigan sus laptops y ese extraño teléfono celular- comunicó Arabella antes de introducirse en uno de los cuartos.

Los muchachos miraron la espalda de Arabella perdiéndose en la oscuridad de la habitación, Dante asintió levemente con su cabeza y la siguió. Él claramente iba a dormir en el mismo cuarto donde ella estuviera, no era una opción dejarla sola.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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