Híbrido

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XIX

   "Il sacrificio"
                                                                                          ("El sacrificio")   



Francesco observó por última vez su reflejo, acomodando los botones del puño de su impoluta camisa nuevamente.

- Amigo, esta mierda me queda espectacular.

Dante puso los ojos en blanco, al menos por cuarta vez en lo que iba de la noche. 
Raffaele se acercó hacia ellos, el hombre había desaparecido al menos por treinta minutos mientras ellos estaban en un pequeño apartamento en el centro de la ciudad, el hogar del detective. Extendió hacia los dos muchachos dos máscaras de un color extremadamente negro.

- Su amiga dijo que necesitaban algo para ocultar su identidad. Ahora sólo falta la lancha, y conseguir del banco esa suma de dinero.

Los jóvenes tomaron las máscaras y se las colocaron. Quisieron reír al mirarse entre ellos, a pesar de que los objetos eran realmente elegantes, era simplemente extraño observarse así mismos de esa manera.

- Con esto podríamos robar un maldito banco. La mafia es tan entretenida.- exclamó Francesco con su voz teñida por la diversión.

- Debo preparar algunas cosas antes de ir a la casa de mí padre, su amigo de cabello negro me espera en una de las armerías. Debo irme, siéntanse libres de usar este lugar.

El detective tomó una chaqueta y salió de la casa sin más. Los jóvenes observaron su alrededor con más atención, aprovechando sus últimos momentos de tranquilidad. 
Raffaele ya se había encargado de contactar con los terroristas esa misma noche, y para su sorpresa, el jefe de los libaneses hablaba italiano con fluidez, lo que significaba un problema menos.

- ¿En qué piensas, Dante?. Has estado disperso toda la noche.

- No creo que haya sido lo correcto dejar a Arabella con Domenico y Alessio, solo estoy dándole vueltas a eso.

- ¿Lo que estoy oliendo desde aquí son celos?.- preguntó con malicia el hijo de Asmodeo.

Sus ojos grises brillaron diabólicos al mirar a su compañero. Más aún cuando Salvatore se quedó callado, mirándolo de forma amenazante.

- Solo estoy preocupado por ella.

- Tengo que admitir que cuando te sientes celoso de ella mí interior se siente vigoroso. Ah, supongo que es mí naturaleza.

Dante alzó las cejas confundido, y no pudo evitar mirarlo de forma extraña.

- Así funciona, ¿cierto?. Por eso Arabella puede a veces influenciar el juicio de las personas, aunque no pueda verlo.

- Supongo. Me creí mundano hasta los cinco años, hasta que mí padre apareció en mí hogar y asesinó a mí madre. Luego de eso comprendí que mí único fin en la tierra era entregarles a los humanos el pecado de la lujuria y hacer que abusen de el, llevarlos a la locura, hacerlos capaces de cometer todo tipo de atroces crímenes. De esa forma mí poder demoníaco es suficiente como para materializarse en la tierra. Las llamas infernales, el poder influir en las mentes mundanas, poseer sus almas. Y algunos ases que guardo bajo la manga.

Dante lo observó con atención, Francesco hablaba de ello como si fuera un tema trivial y cotidiano.

- Creo que me siento un poco amenazado.

El hijo de Asmodeo rió sinceramente, jamás había hablado con absolutamente nadie sobre lo que él era. Jamás había dedicado un tiempo a explicarle a alguien, o así mismo, lo que su naturaleza significaba.

Se sentía bien entenderse así mismo, y ser entendido por alguien más.

- Dudo que Arabella se haya dado cuenta de ello. Cuando a su alrededor los humanos sienten ira, dolor, desesperación, o cualquier tipo de sentimiento negativo, ella es capaz de controlar sus mentes, de trastornarlos. Por eso, aquella noche ella pudo hacer que todos se asesinaran entre sí. Fue por ello que Alessio la detuvo, Arabella estaba controlando la mente de Samantha.

- Supe desde que la conocí que Bella tenía algo especial. Pasé años de mí vida analizando qué era eso que la hacia tan diferente a las demás jóvenes de su edad.

- No puedo entender muy bien la relación que tienen.- pronunció Francesco levantándose de su lugar.- Solo puedo sugerirte que te apures, o el hermano mayor te la va a quitar de las garras.

Una risa demoníaca brotó de su garganta cuando esquivó el almohadón que Dante tiró con fuerza contra su rostro.

- Si te acercas a ella, ni tu padre demonio podrá ayudarte a retirar las balas de tu pequeño cráneo, maldito narcisista.

(**)

Domenico despeinó su cabello, su nerviosismo era notorio. No había tenido noticias de los demás muchachos en toda la noche, y la tarde del día siguiente había llegado rápidamente.

Demasiado rápido para su gusto.

Miró por última vez a Arabella en el asiento del acompañante de su coche. Su sutil maquillaje la hacia lucir adorable, los mechones dorados de su cabello brillaban gracias al sol anaranjado de la tarde.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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