Híbrido

Tamaño de fuente: - +

XX

    "Diventa il diavolo"
                                                                 ("Convertirse en el diablo")

Stefano observó los primeros rayos del sol colándose por la ventana del departamento. Sus ojos oscuros se afinaron sobre el rifle que Francesco y Dante habían utilizado para amenazar a De Luca. El metal brilló al ser alcanzado por la luz matutina.

Su celular vibró nuevamente en su bolsillo.

¿Desde cuándo se había vuelto tan estúpidamente común comunicarse con él?

- Diga.

Una respiración intensa se escuchó del otro lado de la línea, pero antes de que él pudiera hablar nuevamente una voz habló.

- ¿Dante?.

- ¿Quién mierda eres?.

El hijo de Asmodeo y Dante clavaron sus miradas en Stefano, con curiosidad.

- Soy Giovanni, Arabella me dio este número para comunicarme con Salvatore. Mí gente estará en el puerto desde esta misma tarde.

Stefano puso sus ojos en blanco, ahora tenía que regalarle su móvil a la híbrida.
Sin decir ni una palabra, extendió el aparato hacia Dante, quien lo tomó con la confusión plasmada en mí rostro.

- ¿Hola?

...

- Oh, Giovanni. Nosotros iremos por la noche.- Dante escuchó atentamente.- Solo dos de nosotros.

...

- Sí, a esa maldita mujer le parece divertido manejar todo desde las sombras.

Francesco miró a Stefano, pidiendo explicaciones. Mientras que Salvatore seguía atentamente hablando por el móvil.

- Arabella consiguió la ayuda de Giovanni.- dijo el hijo de Belfegor encogiéndose de hombros.

Francesco asintió complacido, la noche sería muy interesante.

- ¿Cómo explicarás que los guardias comiencen a desmayarse alrededor de Raffaele?.- preguntó él joven de ojos grisáceos en voz baja.

Stefano se encogió de hombros, mirándolo.

- Conseguí algunas bombas lacrimógenas para que no pueda verme. Él solo debe asesinar a su padre, yo me encargo del resto.

Dante cortó la llamada, justo en el instante en el que Raffaele entraba al apartamento. Francesco y Stefano se giraron a mirarlo.

- ¿Consiguieron el dinero?.- preguntó el hombre, sus ojeras eran algo pronunciadas.

Los días antes del golpe estaban siendo estresantes, esas eran sus únicas horas de paz antes de que todo sucediera. 
Dante apuntó con su barbilla al elegante portafolios plateado que descansaba apoyado arriba de una de las mesas. Dentro de el había algunos millones de dólares.

Francesco observó las agujas del reloj de pared. La hora estaba cerca.

- Prende tu intercomunicador. El informante ya debería intentar comunicarse con nosotros.

Una interferencia hizo que ambos terminaran aturdidos. El hijo de Asmodeo parpadeó varias veces mientras alzaba sus cejas, Dante quitó el auricular de su oído por algunos segundos.

Una voz femenina sonó rasposa del otro lado de la comunicación, como si estuviese murmurando. Parecía la voz de una muchacha joven.

- ¿Alguien puede escucharme?.- preguntó aquella voz teñida por la debilidad.

Dante dudó por un segundo, ¿qué seguridad había de que la mujer detrás del auricular no iba a traicionarlos?.

- ¡¿Hola?!.- preguntó ella una vez más.- ¿Raffaele, estas ahí?.

Salvatore abrió sus ojos sorprendido, esa voz femenina desconocida había llamado al detective. Pero no, no podía ser Arabella.

- No, soy D. ¿Tienes la información que necesitamos?.

- ¿Es cierto que Raffaele De Luca sigue con vida?.- susurró la joven, las palabras se quebraban como si estuviera llorando.

- Sí.- contestó él, mirando de reojo a Francesco.

El demonio estaba escuchando lo mismo lo mismo que el castaño, y eso lo tenía igual de curioso.

- Yo... Por Dios, no importa, no importa.- murmuró ella.- Hoy venderán el yate en el que nos tienen a las esclavas, el jefe de los terroristas estará aquí mismo.

- ¿Cómo podemos diferenciarlo de los demás?.- preguntó Francesco casi interrumpiendo su débil voz femenina.

- Solo conozco los camarotes en los que nos han mantenido encerradas.- murmuró ella, su respiración se hizo más sonora, como si el aire costara entrar en sus pulmones.- Pero he visto banderas amarillas y negras, con un símbolo extraño en medio de ellas, por casi todos los rincones por los que nos han arrastrado estos meses.

- Muy bien, ¿crees que puedas darnos alguna señal de que estamos en el lugar correcto?.

Un silencio le siguió a la pregunta de Salvatore, uno tan prolongado que solo podían escuchar la propia interferencia del auricular.

- S-sí. Habrá una cruz roja... En las... En una de las paredes del yate.

El nerviosismo en sus palabras era casi palpable, lo agitado de su respiración delataba el profundo miedo que la muchacha debía tener.



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar