Híbrido

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XXI

                                                      "Tra le ombre"
                                                                         ("En las sombras")



La velocidad de la lancha rompía las olas frente a ellos, el viento despeinaba sus cabellos mientras que la noche cubría sus presencias en el mar. 
La hora había llegado, sus trajes impolutos les daban una apariencia extravagante e infundían respeto entre los tripulantes de los yates que a su alrededor los miraban mientras aferraban sus armas de alto calibre a sus cuerpos.

La negociación estaba por darse, y tenían una coordenada por GPS de la ubicación exacta del intercomunicador a través del cual la joven informante les había dado las últimas instrucciones del lugar. No había dudas de que ese yate al que la lancha se acercaba era en el que estaban las rehenes y el Jefe.

Dos hombres armados los escoltaron a través del largo pasillo blanco que unía la cubierta y una lujosa sala de negocios con un pequeño bar incluido. Sus máscaras negras estaban perfectamente ajustadas a sus rostros.

Los ojos grisáceos de Francesco brillaban a través de la misma, su porte varonil imponía temor a los hombres que había a su alrededor, caminando a un lado de Dante, mientras cada uno de ellos sostenía un maletín plateado que contenía grandes sumas de dinero. 
Dante acomodó el cuello de su camisa, disimulando el hecho de activar su intercomunicador nuevamente. Su mirada verdosa recorrió el lugar con atención.

Un hombre los esperaba dentro de la sala, una copa ocupaba su mano, y sonrió de manera perversa al verlos entrar en la estancia. Al igual que ellos, vestía de forma elegante, varios anillos adornaban sus dedos.

- Señor Fiore.- saludó él apretando la mano de Dante de manera respetuosa y curiosa.

Estrechó la mano de Francesco clavando su mirada en los ojos grisáceos del joven frente a él. Las máscaras cubrían por completo sus rostros, el demonio sonrió de manera torcida sin miedo a ser descubierto por el hombre que lo observaba fijamente con verdadera incertidumbre.

- Los ricos son muy extravagantes a veces, es por eso que negocios como los míos funcionan. ¿Cierto?.

Dante y Francesco compartieron una mirada divertida y perturbadora.

- Nos gusta el anonimato.- sentenció Dante.

- Ya creo que sí. Dos hombres jóvenes interesados en mí mercancía... Es necesario conservar las apariencias, porque nadie sabe...- el hombre frente a ellos llevó su dedo índice a su cien, dando algunos toques allí.- Nadie sabe lo que hay aquí adentro.

Francesco sentía su interior rugir desesperado, su lado demoníaco moría por manifestarse de las maneras más crueles que existieran sobre la tierra. La perversión, el miedo, el pecado, todo se unía allí proporcionándole todo tipo de sensaciones placenteras.

Dante se encogió de hombros de manera desinteresada, sus ojos fríos como el hielo alertaron al hombre frente a él. No debía hablar de más con los clientes, no podía perder la oportunidad de una venta tan grande como esa.

- De cualquier forma, vayamos al grano. Aquí en este mismo yate tiene el cargamento del que hablamos, mí gente tuvo que reclutar algunas voluntarias más para cumplir con el número que ustedes requerían. La última venta nos dejó sin margen de mercancia. 

Sus dientes sucios y amarillentos se abrieron paso en medio de una sonrisa siniestra que demostraba lo satisfecho que estaba con el trabajo que todos habían realizado.

Francesco abrió uno de los maletines que él llevaba, allí muchísimos billetes se apilaban en fajos uno sobre otros. Los ojos del hombre frente a ellos brillaron extasiados. 
Sin embargo, el maletín fue cerrado de un golpe, llamando su atención.

- También queremos la mercancía especial que aparta de las demás.

El Jefe levantó una de sus cejas, el trato estaba comenzando a disgustarle.

- Eso no está incluido en el precio que arreglamos.

- Jamás dijimos que debía incluirse, ¿cuánto quiere por ellas? ¿Medio millón?.

El Jefe terroristas llevó su mano a su barbilla, como si su respuesta llevará mucha meditación a pesar de que el precio había logrado acaparar por completo su atención.

- Solo tenemos una. Lleva poco tiempo aquí, mis muchachos no le han tocado un pelo. Virgen, pero difícil de doblegar.

- El medio millón solo por ella estarán bien entonces.- Dante y Francesco compartieron una mirada breve, ¿era Brena de quién hablaban?.

- El precio es perfecto, pero esperaba venderla a uno de mis conocidos. La perra necesita verdadera disciplina, y su belleza me ha hecho dudar de negociarla. 

- Medio millón por una insignificante mujer. Quizá tenga razón y sea un error intentar comprarla, si usted asegura tener un comprador supongo que...



Marina Gray

Editado: 17.10.2019

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