Híbridos

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Capítulo XI - Mi juego

Me encontraba boca arriba en la cama de mi mejor amiga mientras veía el techo. Cuando llegué Karen se asustó bastante pensando que traía una mala noticia llegando tan tarde en la madrugada, pero una vez le aseguré que nadie había muerto me guió hasta su habitación y me metió de cabeza en el baño para que me bañara con agua caliente y me quitara la humedad de encima, incluso me prestó algo de ropa.

-¿Qué fue lo que sucedió? – Karen se acostó paciente a mi lado mientras imitaba mi postura.

-No entiendo nada de lo que sucedió – reí incrédula – primero creí que me estaban haciendo una broma, pero al final hicieron cosas buscando realmente perjudicarme… Al comienzo ni siquiera sabían nuestros nombres pero luego…

-Espera, comienza desde el principio… - Y así lo hice, le conté absolutamente todo a Karen, incluyendo la parte del beso, la llegada de mi madre y de la señorita Linares – Pero… Lyla hay algo que debo contarte – En su rostro había dibujada una disculpa, por lo cual me preocupé – el día que fui a verte…

 

 

 

-¡Tienes que estar bromeando! – Me levanté exaltada luego de escuchar su relato.

-¡Lo lamento! – Ella también se levantó - ¡Pero solo creí que disfrutarías de un buen stripties, no que vivirías todo este drama!

-Yo… Estoy realmente molesta contigo – Caminé hasta el baño para terminar encerrándome. Pude sentir cómo Karen sin quejarse ni llamarme (me conocía, sabía que necesita un momento a solas) se sentaba al otro lado de la puerta apoyándose en ella.

Solía hacer esto cuando me molestaba porque no quería herirla, ni quería decir nada de lo cual me arrepentiría con el tiempo. Las personas que me conocían solían dejarme ir pues sabían que volvería luego de un momento, mucho más tranquila, para conversar sobre lo sucedido… Las personas que no me conocían me presionaban al punto de hacerme explotar.

Una vez más calmada comencé a pensar en los detalles de la historia de Karen… ¿Por qué alguien se acercaría a una persona para pedirle que inscriba a otra en ese juego? Supongamos que fue una casualidad, pero, ¿Por qué Karen fue al hotel ese día? Además, si solo fue un juego de parejas y retos donde nada más se conocía la identidad de Karen que fue quien nos inscribió y ella solo pidió a los strippers… ¿Cómo fue que llamaron a mi madre y a la señorita Linares? Algo en todo esto estaba mal…

No iba a ser tan idiota como para suponer que todo fue una coincidencia… Alguien lo planeó, y ese alguien es bastante bueno porque supongo consiguió lo que quería. Claro, tengo varias opciones en mis suposiciones sobre ese alguien y lo que quería, pero la principal es: Separarme de Leon. Todo apunta a eso… Al comienzo no, al comienzo fue bastante malo con esa rubia que ni siquiera sabía su nombre, pero luego…

Abrí la puerta consiguiendo que Karen cayera de espaldas en el piso del baño, al parecer se había quedado dormida… Bueno, pues acaba de despertar. Salí impaciente adentrándome a la habitación y caminando de un lugar a otro mientras me replanteaba la situación. Karen me miraba medio adormilada y medio molesta.

-Podías avisarme que abrirías la puerta – Me recriminó.

-Considéralo un pago por lo que hiciste.

-Eres como una psicópata ¿Me estás diciendo que mi dolor físico te hace sentir mejor?

-No es momento para esto – Me acerco a ella y la sacudo para despertarla – Debes decirme algo ¿Por qué fuiste al hotel ese día?

-¿Cómo que por qué? – Se zafó torpemente y comenzó a levantarse – Porque tú me lo pediste - ¡Bingo!

-¿Cuándo y cómo te lo pedí? – Karen me miró extraño y un tanto suspicaz.

-El hotel me llamó en tu nombre – algo en el cerebro de Karen comenzó a maquinar porque ahora estaba más despierta – Pero ahora que me lo dices… ¿Cómo es que sabían quién eras tú si ustedes se hospedaron bajo identidades falsas?

-Exacto Karen – La tomé de los hombros – Yo nunca pedí que te llamaran y nunca di mi nombre.

-No me jodas – tomó su cara entre sus manos – me usaron.

-Sí… - No hubo forma de disfrazar ese hecho – Pero lo arreglaremos – Karen y yo nos dedicamos ese tipo de miradas confidentes que comunicaban todo sin necesidad de decir nada.



Pequeña Venecia

Editado: 12.07.2018

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