Hija de la Oscuridad #1

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Capítulo 21

–¡Sal de aquí! – exigió Ethan, con una voz tan oscura, que daba miedo. Alice ya lo había visto así en ocasiones anteriores, pero, nunca asesinando a sangre fría. ¿Era esto a lo que se refería cuando dijo que no era un buen hombre? ¿Un hombre tan manchado de sangre? Incluso así, supuso que algunos merecían la redención. O solo estaba justificándolo. Ella sabía que ninguno de los dos era puro. Ambos tenían un destino. Al menos si no podían estar juntos, sabía con certeza que el abismo los esperaba para compartirlo. Un boleto de ida. Sin retorno.

–Al parecer no eres capaz de proteger a tus amantes – Baldassare intentaba provocarlo. Y parecía lo estaba logrando con mucha facilidad –, intentando mantenerlas a tu lado ¿eh? ¿Qué hace un hombre cómo tú con una chiquilla estúpida ésta? Protegerla, no creo.

–¡Cierra la boca! – se movió con tanta velocidad, que Baldassare no fue capaz de evitar que lo cogiera por el cuello con sus garras - ¡¿Qué sabes tú?!

–Más de lo que imaginas, chico. Sé con seguridad que, si esa chica no muere por tus propias manos, alguien mucho más poderoso lo hará. Y perderás otra vez lo que más quieres – sonrió de manera burlona – He vivido durante mucho tiempo, mago negro.

Ethan sintió un terrible dolor en su costado derecho. Baldassare lo había apuñalado, y seguía empujando más y más el puñal. Ethan no iba a soltarlo.

Con esos estúpidos grilletes, Alice no podía ser de mucha ayuda, más que observar. Si al menos tuviera su espada.

“Deja que yo te ayude. Estás tan cerca” – de nuevo escuchó la voz de aquella mujer. Está vez la sentía tan cerca, que podría jurar que estaba hablándole al oído – “Ya te he demostrado una pequeña parte de nuestro poder. Podrías abrir el mismísimo abismo, si quisieras.

Dudó. ¿Qué tal si sólo conseguía salirse de control y atacar a Ethan? Eso sería muy peligroso.

La tentación le picaba.

Dejarse llevar no resultaba en nada bueno, ya lo había comprobado; no era capaz de controlarse por si sola. Demasiada magia negra para una sola persona. Ethan al menos lograba recobrar la razón después de cierto tiempo. Tenía un poder aterrador.

–Con que si era cierto que ustedes dos estaban aquí – August llevaba la espada de Alice en sus manos. Finalmente los había encontrado – y, ciertamente no creí que encontrarían el grimorio tan rápido. He de decir que, debo llevármelo. Los dejaré seguir jugando un poco más si me lo entregan de buena manera.

–¡Púdrete, imbécil! – escupió, Alice. De ninguna manera podría permitir que se lo llevara. Les costó tanto encontrarlo. No podían sólo rendirse. Sin eso jamás detendrían a Eligia. Tampoco sabían su paradero. ¿y si todo lo que Ilarion le contó fue una absurda mentira? No, no, no podía empezar a desconfiar de él ahora.

Una explosión de luz cegó a Alice por un breve instante. Baldassare desapareció sin dejar rastro, y un Ethan desconcertado.

–¡¿Lo mataste?!

–Sólo lo envié a un lugar donde no pueda interrumpirnos. Créeme, chiquilla, no lo necesitamos merodeando en nuestros asuntos.

–¿Cómo nos encontraste? – Ethan volvió a la normalidad. Lanzó una maldición al sacar el puñal de su costado.

–Ethan, Ethan, ¿cuándo aprenderás? Tú jamás podrás escapar de mí. Dejas un rastro adonde quiera que vas – dio unos cuantos pasos hacia los chicos –, en cambio tú – Alice seguía intentando quitarse los grilletes, sin quitarle la mirada de encima a ese hombre. August los rompió con tanta facilidad –, eres igual que tu madre. Tan ágil para esconderte cómo una pequeña e insípida rata. ¡Qué espléndido! – se estaba burlando de ellos. Pero, ¿por qué no intentaba llevársela, o si quiera intentar matarla?

–¿Por qué quieres el grimorio? – Alice intentó ganar tiempo en lo que se le ocurría algo para escapar. Era obvia la diferencia. No, si ella quería podía eliminarlo.

“Olvídalo, Alice.”

Se lo repitió mentalmente.

–Ya sabes la respuesta. Verás, querida, Eligia, carece de paciencia.

–¿Y por eso mataste a mi madre?

–Supongo que sí. Todo lo que poseía debería haber sido mío. En efecto, la muy tonta perdió su magia por culpa de Stephen. ¡abrió una puerta que nunca debió abrir! – tiró con fuerza del cabello de la chica y absorbió su aroma – Creerás, pequeña niña tonta, que yo soy el mayor de tus males, y, el hecho es que es tu propia familia. Tu alma está condenada, porque tu padre así lo quiso. Tú nos perteneces.



Andrea L. Grey

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En el texto hay: romance, magia, sobrenatural

Editado: 05.07.2019

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