Hija de la Oscuridad #1

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Capítulo 4

Melanie dudó.

Esa loca idea tenía un alto porcentaje de negatividad, sobre todo porque ese tipo siempre se mantenía al margen de asuntos problemáticos que no le concernían en lo absoluto, no por miedo o cobardía, sino por simple comodidad suya.

Astuto.

Al diablo con eso.

Si iba a irse al infierno por hacer esa estupidez que así fuera, pero no iba a quedarse sentada viendo una catástrofe.

Marcó un número y esperó unos segundos, hasta que pudo escuchar una voz masculina.

-Melanie, tuve el presentimiento de que llamarías. Ya sabes, algunos apuros.

-Por favor, deja las bromas – hizo una pausa. Era una locura –. Necesito tu ayuda.

-Lo supuse desde que vi tu número en mi pantalla – hubo silencio unos segundos - Estás muy acostumbrada a pedir favores sin pagarlos. Mi respuesta es no.

- ¿Qué quieres a cambio?

-Tú sabes que es lo que quiero – parecía enfadado, tratando de controlar su ira.

-Eso es imposible, te lo he dicho muchas veces. He hecho todo lo que ha estado en mis manos – su voz sonaba desesperada.

-Si quieres ayuda en cualquier estupidez ¿Por qué no se lo pides a Alexander? Seguro que lo hará con mucho gusto.

-Él no….

No la dejó terminar. Ya había colgado.

Maldito miserable.

Ella no podía darle lo que él estaba pidiendo, ya no existía más en la Tierra. No estaba a su alcance, lo había intentado tantas veces y casi murió en el intento por el simple capricho de ese hombre. Alexander le había pedido que no lo intentara más o toda su esencia desaparecería, como su familia.

 

***

 

El cielo estaba oscuro. La luna había desaparecido por completo. Los árboles crujían con el fuerte viento, y cerca del frondoso bosque había una casa grande, muy hermosa, reconfortante, con un hermoso jardín lleno de flores de varios colores. En ese lugar se encontraban dos niñas y dos niños, probablemente de la misma edad, jugando, sin ninguna preocupación.

-Quiero llevar algunas flores a mamá, huelen tan bien – dijo una de las niñas con una enorme sonrisa en el rostro.

-No puedes, ellas también sufren si las cortas – le contestó su hermano, quien a su corta edad parecía muy inteligente.

-No digas tonterías – respondió el otro chico – Las flores mueren de todas maneras, nada perdura para siempre.

- ¿Qué cosas dices? Yo estaré siempre a tu lado – la otra niña que tenía un hermoso cabello dorado unió las manos de todos – Todos nosotros estaremos juntos – sonrió de la emoción.

¡Alice! ¡Alice!

Alguien gritaba su nombre. Sonaba desesperado.

Abrió los ojos lentamente y vio a Eric a pocos centímetros de su rostro. Una punzada de dolor en la cabeza la golpeó. Todo daba vueltas. Otra vez un sueño extraño que no lograba comprender. Nunca había sucedido, no desde el día en que aquel hombre la mordió. Por supuesto. Lo recordó, ese instante en que un hombre la atacó y había dejado ese horrible mordisco en el hombro.

¿Qué significa esto? Primero sueños raros y ahora no hay ningún registro de mi nacimiento. Nada sobre mí.

-Creí que te había sucedido algo malo. Te quejabas.

-Lo siento – dijo con voz ronca. No había tenido la oportunidad de beber agua después de casi salir huyendo del local. Estaba sudando como si hubiese corrido un maratón –. Tuve un mal sueño, eso es todo.

-Ya lo creo – desabrochó su cinturón y bajó del auto – Por ahora nos quedaremos en este lugar.

Había estacionado su automóvil frente a una hermosa casa de madera y cristal, grande, en medio del bosque, se veía acogedora, alguien con mucho dinero era dueño de ese lugar y harto del bullicio de la ciudad, porque dudaba que fuera de Eric o Melanie, no es que no tuvieran como pagarla, claro que no, sino más bien que no eran de las personas que compran casas regularmente. Al salir el viento le azotó el cabello, por fortuna llevaba un abrigo porque sentía que se le helaban hasta los huesos. Eric solo llevaba una gabardina, él frío era la menor de sus preocupaciones. Se veía muy guapo y elegante con el ceño fruncido observando la casa. No le agradaba. Alice solo lo siguió hacia la entrada sin discutir. Al abrir ella se quedó boquiabierta. Sorpresa era muy poco decirlo. Jamás había visto tanta elegancia y belleza en su vida, quien fuera su dueño era muy afortunado. Tanta comodidad en un solo lugar.



Andrea L. Grey

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En el texto hay: romance, magia, sobrenatural

Editado: 05.07.2019

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