Hija de la Oscuridad #1

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Capítulo 14

Su aguda audición y olfato no le fallaban. Ethan podía escuchar la débil respiración de la pelirroja, y su aroma dulce se estaba mezclando con el de otra persona desconocida. Se había teletransportado hacia las afueras de Edyrias, acompañado de Melanie y Alexander, al percatarse que la chica no se encontraba en su habitación donde se suponía debía esperar.

Melanie se veía angustiada. Tal vez ella también sintió aquella presencia merodeando muy cerca de Alice.

Ethan, a pesar de la interferencia por la fuerte ventisca, pudo escuchar el movimiento de alguien entre los árboles. Los estaban observando; alguien que tenía las manos manchadas de sangre; alguien que había roto las reglas y había asesinado humanos.

Para él siempre era necesario ir armado a cualquier lugar, no importaba si poseía magia, porque no siempre podría protegerse con eso. Sacó una flecha de la aljaba que llevaba en su espalda, y apuntó hacia el lugar donde debía estar el espía. Puso en ella toda la magia que le fue posible y la dejó ir con toda la velocidad y precisión de la que era capaz. No creía haberle dado a nadie. La había esquivado con facilidad.

–¿Por qué no sales de tu escondite? – Alexander finalmente preguntó en voz alta, mientras desenvainaba su espada – Si buscas a Alice, pierdes tu tiempo.

La flecha antes lanzada fue devuelta en llamas. Era una advertencia. No debían seguir avanzando. Muy probablemente ese rey desconocido los quería lejos.

 

***

Después de haber sido descubierto tratando de escabullirse en el castillo Morgan, capturado, llevado a una cámara subterránea y encerrado en una celda un poco incómoda, el joven Eric no había logrado ver la luz del día en varios días, ni siquiera pudo dormir adecuadamente, no en ese duro catre y mucho menos pensando que tal vez podían asesinarlo. El rey ni siquiera había ordenado su ejecución, y tampoco se había presentado ante él. Sólo logró verlo cuando lo lanzaron a ese agujero, bueno, al menos sus manos; el tipo iba muy bien cubierto, nadie podría verle el rostro a menos que él así lo deseara. Las brujas y magos no tenían ese honor. Según lo que logró escuchar de algunos guardias fue que era un hombre poderoso, incluso más que sus antecesores. Eso no era muy bueno. No si Alice se veía obligada a disputar su trono con él. Y ahora que la chica sabía todo sobre su pasado no dudaría en intentar arrebatárselo, aunque sea por la fuerza. Eso podría significar su muerte. Él no estaba seguro de permitir que eso pasara, aunque tuvieran que regresar al mundo humano y verla morir tranquilamente; preferiría eso a verla desangrarse y perecer de manera dolorosa.

Le llevaron comida unas cuantas veces, pero no quiso probar. No tenía buen aspecto y mucho menos un buen sabor; supuso, eso les daban a los infelices prisioneros; aunque solo parecía estar él en ese lugar.

Solamente él y sus recuerdos. Hasta que aquella fría noche llevaron a otro prisionero a la celda de en frente. Una chica, al parecer. Cabello rojizo. La lanzaron como si fuera tan solo una muñeca y luego se marcharon.

No podía comprender que hacía Alice en ese lugar. Inconsciente. Estaba hipotérmica. La tenía tan cerca y no era capaz de acercarse por culpa de las rejas.

Le llevaron agua y comida, y la chica no se movió. Debía haberla pasado muy mal afuera. Intentó usar magia para romper las rejas y fue inútil.

No quería perderla frente a sus ojos.

–¡Alice! – llamó sin obtener respuesta. No, no. Tenía que pensar en algo para despertarla o al menos para proporcionarle calor –. Abre los ojos, por favor. No sé que sucedió allá afuera, pero debes reaccionar.

Aquel rey bajó hasta la cámara, con su larga túnica de color negro arrastrándose por el suelo, he iba seguido de sus guardias. ¿Qué hacía en un lugar como ese visitando a prisioneros?

Obtuvo su respuesta. La celda de Alice. Ordenó que la cubrieran con una manta cálida, y entró para asegurarse que la chica seguía respirando. El collar que llevaba puesto llamó su atención y lo arrebató de su pecho con fuerza.

–¿Eres su amigo? – se dirigió a Eric sin voltear hacia él. Porque aún seguía observándola, incluso acariciando sus pómulos. No obtuvo respuesta del chico – Si quieres seguir vivo, procura que ella lo esté. Es muy valiosa. No me puedo dar el lujo de que se deslice de mis manos.

–¿Qué tienes que ver con ella?

–Ah, ahora si quieres hablar – salió de ese lugar, y antes de marcharse se dirigió a Eric nuevamente, sin mostrar su rostro –. Todo. No necesitas saber más. Por el momento la dejaré a tu cargo.



Andrea L. Grey

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En el texto hay: romance, magia, sobrenatural

Editado: 05.07.2019

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