Hija De Una Mafiosa © [#2 Mortem]

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Capítulo 23.

KENYA.

Observo la pantalla del celular donde señala que la llamada ha sido terminada y luego volteo a ver a la persona que me mira fijamente desde el otro lado del escritorio. Al estar en su porpia empresa debe de llevar las lentillas azules, pero no por eso sus ojos pierden la misma intensidad.

—¿Está mi hija haciendo cosas ilegales?

Suspiro. Guardo el celular y camino hasta tomar asiento en uno de los sillones individuales de cuero que hay en frente de ella. Las dos estamos esperando que lleguen un gran número de personas para una reunión importante. Desde que estoy a su lado trabajando como su mano derecha en la mafia y ahora también como su mano derecha en sus empresas; he descubierto que no hay día que sea tranquilo.

—Si encuentras investigar a las personas como un acto ilegal, supongo que sí.

Dakota enarca una de sus cejas, pero al ver mi expresión que no revela más que indiferencia decide ignorar la sobre protección que suele experimentar cuando están sus hijos involucrados. O su esposo. Y aunque esperé sentir lo mismo, la comprendo a la perfección.

—Oye Kenya —su voz vuelve a llamar mi atención—, siempre he querido preguntarte algo. Si yo decidiera dejarte mi mafia, ¿la aceptarías?

—No.

—¿Por qué?

Bueno, para empezar cuando decidí entrar al mundo de la mafia descubrí que para ser un líder de una debes de tener cierto temple, cumplir ciertos requisitos que aunque yo cumplo en su mayoría, no me siento capaz de liderar mi propia mafia o peor aún; una heredada. Y aunque sé que los primeros años le hice la vida imposible a Dakota con mi tóxico enamoramiento, con el pasar de los años ése “amor” se convirtió en aprecio y al final en un fuerte sentimiento de amistad. Probablemente en una pequeña parte de mi corazón aún sienta todavía que ella es mi alma gemela, pero en este momento simplemente la veo como una amiga que me ayudó a convertirme en una persona útil. Esa fue mi obsesión. Porque no quería dejar de serle útil, pero descubrí que en deber de ayudarle y servirle la estaba afectando. Y no de la buena manera.

Ahora aunque esa obsesión no existe del todo, no me veo trabajando como otra cosa que no sea al lado de Dakota. Ella fue la única que estuvo en mis peores momentos y me gusta pensar que yo también estuve en los suyos. Además, fue la encargada de darme todas las armas y herramientas para poder criar a mi hija, la cual no tuviera sino hubiera sido por ella. Ya que la encargada de obtener la custodia, todo lo legal, fue Dakota. Así que ante todos Alisson es mi legítima hija y nadie puede poner eso en duda.

—Es mucho trabajo —le respondo ya pasado los segundos—. ¿Estás pensando en dejar la mafia?

—No —se queda pensativa y con una expresión que conozco muy bien—. Quiero convertir una parte de mi mafia en un negocio.

—¿Oh?

—El plan todavía no está completo en mi mente, pero cuando lo esté, ¿cuento con tu ayuda?

—Siempre.

Dakota sonríe de medio lado y vuelve a los documentos que mantiene en el escritorio. Y yo coordino con los guardaespaldas para que uno de ellos acompañe a Ariadna, la cual cabe mencionar es el dolor de cabeza de todos. Ella más que Wyatt es la que más tiene de las personalidades de sus padres y quien no camine dos pasos por delante de ella; no será capaz de negarse o protegerla. Ya había dicho esto, pero es demasiado terca para su propio bien. Aunque si lo pienso, ella y Alisson lo son.

No sé para qué demonios querrá la dirección de esa chica, pero sí de que si le llega a pasar algo, el demonio de falsos ojos azules que tengo en frente; no se quedará tranquila.

—Ningún día tranquilo...

—Ningún día tranquilo       

ARIADNA.

—¿Es ahí?

Melanie y yo observamos desde el otro lado de la acera una pequeña casa que comparada con demás no se ve tan mal. Es de madera, que en su tiempo estoy segura que fue bien bonita, pero que ahora la pintura se ha caído en su mayoría y algunas partes de las paredes están algo podridas. Sin embargo, las láminas del techo se encuentran en su mayoría bien y las ventanas no tienen ningún agujero, de hecho, tanto la puerta como la ventana tienen una protección de hierro.

—Sí. ¿Estás lista? —le pregunto sin apartar la mirada. Melanie murmura algo que no consigo escuchar pero al final responde con un no tan confiado «Sí».

Suhander y Fabio —el guardaespaldas de los Allen— se mantienen a nuestro lado con una expresión seria. Ellos y los otros dos guardaespaldas discutieron con nosotras en todo el camino, tratando de persuadirnos de que estábamos poniendo nuestra seguridad en peligro al acercarnos a un barrio que es completamente opuesto a lo que estábamos acostumbradas. Si ellos iban a usar ese tipo de argumentos menos que consiguen quitarme la idea de visitar a Jade. Porque sí es verdad que es un ambiente al que no estamos acostumbradas, pero por favor, al Infierno van peores personas que las que podemos ver ahí. Suhander y Jackson que son los guardaespaldas de la mansión Kirchner se quedaron sin palabras ante mi respuesta.



Vane Suárez

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En el texto hay: drogas narcotraficantes mafiosos

Editado: 05.09.2019

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