Hilos Rojos

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Capítulo 3

Lunes, 16 de abril del 2018.

 

Empezó a sonar mi alarma. Con esfuerzo me levanté de mi cama, que juro, me llamaba. Me cepillé los dientes, busqué en mi armario mi aburrido uniforme, antes de ponérmelo puse música para que mi mañana fuera un poco más divertida, capaz y así se me quitaba mi cara de amargada, pues hoy es lunes.

Bajé a la cocina para tomarme un vaso de agua antes de irme a la preparatoria y me topé a mi hermano, que desayunaba burritos.

—Hey, unos amigos serán mi transporte hoy, ¿quieres ir conmigo?

—No, prefiero caminar.

—Bueno.

Pitaron, y mi hermano tomó su burrito en la mano junto con su mochila, y salió finalmente de casa. Salí detrás de él. Y me coloque mis audífonos, en mis oídos sonaba Dontmakemefallinlove de Cuco. Esas canciones me hacían caminar como que con «estilo».

 

A pesar de que desde que tengo memoria puedo ver los hilos rojos, nunca me era posible acostumbrarme a ver los amores de las vidas de las personas. Cuando eres una persona con un hilo cortado de sólo 10 centímetros, puede ser una mierda muy triste ver como todos tienen a alguien preparados para su destino, excepto tú.

Recuerdo la primera vez que fui a la playa, eran bastantes los hilos que se mantenían flotando en el mar. Muchas personas tenían al amor de su vida al cruzar el océano ¿Cómo harían para encontrarse con esas personas? Quien sabe, y vaya que me daba curiosidad.

A veces me siento invisible, o simplemente algo rara, cuando un hilo me atraviesa; son por así decir. . . ¿Mágicos? Cuando intento tocarlos, simplemente no se puede, es como si fueran niebla. Está ahí, pero no lo puedes agarrar.

 

En mi camino a la escuela, me topé con dos ancianos, los cuales reían. Cualquiera pensaría que son sólo dos viejos amigos. Pero yo podía ver su verdad, su hilo, ese que los unía. Cuando el semáforo marco rojo, paso un chico con rosas blancas. Uno de ellos compró una, con el pretexto de que era para su esposa. Deprimente. Espero no sea demasiado tarde cuando se dé cuenta de que el amor de su vida es otra persona, o quizá ya lo sabe pero se hace el tonto, o tiene miedo que las mentes cerradas lo juzguen.

 

Algo decepcionante era que el tener ese cordón carmesí en tu dedo atado a alguien más, no te garantizaba el quedarte con ese ser tan especial para siempre. Era normal ver a personas de la tercera edad con simplemente su hilo atado en un hermoso moñito en su dedo. A lo largo de mi vida descubrí que los que tenían el simple moñito era porque ya habían estado con el amor de su vida, y éste había muerto ya después. Lo sé con seguridad porque a los 14 años vi cómo se le iba la vida a mi abuela debido a un infarto; presencie como el hilo que la ataba a mi abuelo se desvanecía poco a poco, conformé a su corazón dejaba de latir. Esa mañana corrí a avisarle a mi abuelo, quien dormía, y tenía en su dedo, solamente, un moño pequeño.

 

Ya estaba a una calle de llegar a mi instituto, cuando vi en un poste la imagen de una chica extraviada de tan sólo un año mayor que yo. No imagino lo mal que se estaría sintiendo su familia. Analicé un momento su cara, sus ojos, uno verdecito y otro marrón claro, su cabello caoba y sus labios rosados. Anoté el numeró de la familia, por si acaso. De repente escuche como sonaba el timbre, así que comencé a correr a la puerta, antes de que la cerrarán. A pesar de que me consideraba una persona algo sedentaria, corría con mucha velocidad, y logré pasar. El maestro Eduardo, el cual es encarga de siempre cerrar la gran puerta se rio.

—Otro lunes en el que tiene que ser flash para entrar a la escuela, señorita Villanueva —Me reí, y respiré profundo. Demasiado ejercicio por un mes.

—Que decirle, es una buena manera de empezar la mañana, con un poco de ejercicio.

—Uy, qué atlética, debía ser así en mi clase de Educación Física, siempre se queja —Me carcajeé, era muy cierto.

 

 



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En el texto hay: adolescentes, primer amor, hilos

Editado: 29.09.2019

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