Hilos Rojos

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 13

Sábado, 21 de abril del 2018.

 

Le agradecí al uber antes de salir de el, y le di el dinero. Ya estaba frente a la casa de Sharon. No estaba el carro de su mamá —aleas, mi segunda madre—, así que no había nadie en casa. Pasé con libertad, me paré frente a la puerta, y me agaché; a la izquierda estaba dicha maceta. La hice hacía arriba y tomé la llave.

Abrí la puerta, y estaban las luces prendidas. Lo que me pareció un poco raro. No estaban tampoco todos los focos prendidos, pero no estaba oscuro. Comencé a adentrarme en la casa. Mientras subía las escaleras, me pareció ver una sombra abajo. Me asusté y comencé a correr directo al cuarto de Sharon, arriba estaba un poco oscuro, pero igual me sabía de memoria donde estaba su dicha guarida. Entré, y por las paredes blancas no se veía oscuro, mucho menos con la ventana abierta y la luz de la luna asomándose. Respiré mejor, y vi mi almohada. La tomé, ahora el maldito problema sería salir.

—Me lleva, espero sólo haya sido mi imaginación —susurré como si tuviera miedo de ser escuchada. Tengo lo que necesitaba para descansar, pero de igual manera no creo poder dormir hoy.

Salí silenciosamente de la habitación. Abrazaba fuertemente mi almohada. Miré hacia abajo, y bajé las escaleras, despacio una por una con miedo a que habría ahí. En la sala no había nada, miré hacía la cocina, que tenía un poco de iluminación. Grité al ver al hermano de Sharon desnudo con unos cascos que al parecer retumbaban de música de rock, lo noté porque al momento de yo gritar se los quitó de inmediato, estaba notablemente asustado (si saben a lo que me refiero). Le aventé mi almohada para que se cubriera. En definitiva no dormiría hoy.

— ¿¡Qué carajo haces aquí!? Sharon está en una cita —Asdrubal estaba sonrojado. Y no imagino como estaría yo. Dios mío. Nunca hablamos, y cuando lo hacemos él está como Dios lo trajo al mundo.

— ¡Ya lo sé! Pasa que dejé mi almohada aquí, y sin ella no puedo dormir —Hablé tan rápido que apenas y me entendí yo misma.

— ¿Hablas de esta almohada?

—Sí.

— ¿Te la doy? —dijo con un tono algo pícaro.

— ¡Mierda no!

Nos quedamos callados unos segundos sólo mirándonos, evidentemente incómodos. Y a mí me dieron muchas ganas de reír, sin embargo tampoco lo iba a hacer sentir peor. Y él seguía sin ropa, y yo con una carcajada atorada disfrazada de una sonrisa.

— ¿Por qué sonríes?

—Yo, emm...

— ¿Por qué no tocaste la puerta? —cuestionó de nuevo.

—Igual no me hubieras escuchado, estabas muy a gusto escuchando música.

—Pero chance y me daba cuenta. ¿Quién entra a una casa así como así? —Él no paraba de mirarme, se le notaba nervioso. Y yo, no se diferenciar cuáles son las preguntas retoricas.

—Pues yo. Y ya me tengo que ir.

— ¿Tu nombre es Rose no? —asentí—. Okey, mira, te vas a voltear y pues yo le quitaré la funda a tu almohada para que te la lleves y después te la regresó ya lavada —La propuesta funcionaba para mí. Obedecí—. No te vayas a voltear, te voy a dar tu almohada.

Sentí como se acercaba a mí. Y por alguna razón me sentí fuertemente atraída hacía él. Quería mirarlo. Pero no era lo correcto. Sin embargo en cuanto me agarro la mano para dármela, le miré a la cara. Y él me sonrió.

—Bien ahora vete.

—Oh sí, bueno —miré de nuevo hacía el frente, y él se quedó detrás de mí—. Nos —reí un poco—, vemos.

—Adiós, y por favor, ¡a la próxima dile a Sharon que me avise! —gritó cuando cerré la puerta.

Hace rato que no pasaba por un momento realmente incómodo, y excitante. Más incómodo que excitante, claro. Pero, diablos que tensión. Necesito, no lo sé. Respirar flores para calmarme. Vi unas en el jardín, y las olí —sabrá Dios que clase de flores eran, que a nada olían—, no funcionó. Aún sentía, un no sé qué. Necesitaba salir de aquí. Tal vez necesitaba un baño de espumas. Recién me había bañado, pero necesitaba uno relajante. Ya iba a salir del terreno, pero corrí a dejar la llave debajo de la maceta. Ojalá ningún criminal allá visto eso. Miré a mis alrededores y no había nadie. Ya era noche, lo bueno es que a pesar de eso, la luna alumbraba todo el camino.

Ya me encontraba caminando a la estación de metro, con mi almohada, (la responsable de todo este drama) debajo de mi brazo.

 

 



cherry wine

#2335 en Novela romántica
#937 en Fantasía

En el texto hay: adolescentes, primer amor, hilos

Editado: 29.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar