Historias Horribles

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Ivette d'Agout

— Aquí entrego a su disposición ésta joven Sargento Segundo, Degener. Le ayudará a los papeleos de las provisiones y armamento nuevo. Me retiro, mis hombres necesitan ayuda—Felix von Clausewitz; Mayor que comandó a los austriacos en el Vosges, le había entregado a Alexander una joven peculiar.

... Ivette d'Agout fue aquella joven. Una chica de vestido gris, con rasgos físicos finos: piel como algodón; mirada encantadora, de ojos grandes color verde; manos lindas así como sus pies, cada punta de sus dedos eran de un color rojo claro...

— Yo me encargaré de los archivos, así que no los tocaras, en ese caso: ¿Qué puedes hacer?, ¿comida?, ¿limpiar armas?

La chica no respondió, su mirada no prestaba atención a Degener; solo al suelo. Sintió nervios con la presencia de aquél alemán, vestido con gabardina larga color negro, con sus botas militares y su casco tschako de infantería. Degener era bien parecido, de él emanaba su superioridad. Y cualquier persona que se lo topase de frente, sentiría esa superioridad.

La mujercita tomó una hoja de papel de la mesa y escribió:

"Comprendo todo lo que dice señor, pero no puedo contestarle; no puedo hablar. Lamento serle inútil, por favor, no me haga daño".

— ¿Por quién me tomas niña?— respondió Degener, y con un suspiro prosiguió con el interrogatorio—olvídalo, ¿cuántos años tienes chica?

"Tengo 19 años señor. Se hacer muchos trabajos de limpieza; sé dibujar y también tocar música..."

— No te haré daño, tienes suerte de que éste a cargo de ti. "Está prohibido para nosotros el maltrato a civiles, sobre todo a mujeres y niños".

Alexander guardó silencio, con lentitud y las manos detrás suyo, se acercó a Ivette. La chica sintió como su corazón saldría por su garganta, pensó que ese hombre le haría algo perverso, en su mente se imaginó cosas horribles...

Con un ligero susurro, Degener le dice al oído — En éste regimiento se rompen las reglas, mis hombres tienen avaricia y depravación; por ello los detesto;permanecerás cerca de mí y no te apartaras de mi vista o date por perdida. Mis hombres necesitan "carne fresca" como tú, y si te ven sola no dudaran en tomarte — la chica dejó salir una lágrima, Degener se percató y decidió cambiar de tema. 

— ¿Cuál era tu nombre jovencita?

"Ivette d'Agout Señor, gracias por no lastimarme. Estoy a su servicio" — escribió temblando.

— Mencionaste que tocas música, ¿sabes tocar el pífano?

"Sí señor, se muchas melodías. También invento mis propias tonadas" — agrega, pues esperaba que al menos, un alemán, le gustase su música. Ya que en el pueblo la tomaban por idiota e inútil, además, se le consideraba como rara.

— Entonces toca algo rítmico, que me relaje y que por un momento; me haga feliz, ¿entendido mujer?

Ivette tomó el pífano que le entregó Alexander, con delicadeza tocó la primera melodía. Melodía que encantaría hasta el más refinado en gustos musicales. Alexander firmaba solo papeles de campaña, pero en su interior una chispa encendió su fría alama, pudo sentir como si regresará al pasado, antes de la guerra. Durante los minutos que tocó aquella joven, Degener recordó a sus camaradas, y a su madre. Pero con el paso de cada tonada, empezó alucinar caras horribles; caras de los que habia asesinado; tanto que salieron lágrimas de sus ojos...

— ¡Detente! Solo...para la música...— el joven alemán se sintió incómodo y cansado.

"Lamento que no le haya gustado mis melodías Señor, por favor disculpe, si quiere me retiro"— Agachó la cabeza Ivette, pensando que sería su fin.

— No te disculpes, tocaste muy lindo. No te vayas de mi lado, recuerda lo que te dije acerca de los soldados. En ésta cabaña solo puedo entrar yo; es un milagro que no te haya pasado nada durante estos meses de guerra. Podrás dormir en mi cama, debes estar agradecida, eres afortunada.

Durante meses Degener comandó tropas. Cuando el partía al campo de batalla, Ivette se quedaba en la cabaña, encerrada para que nadie la lastimase. Ordenaba papeles y limpiaba las armas del joven alemán; nunca quiso robar una pistola y matarlo, pues en su interior sentía empatía por él, al mismo tiempo, agradecía por no haberle hecho daño, incluso él le regaló ropa y zapatos. Cuando Degener regresaba de las trincheras, la joven lo recibía con mucho respeto, pero siempre con miedo.



Lovely Witch

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En el texto hay: misterio, suspenso, paranormal

Editado: 15.09.2019

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